
Advierten sobre el riesgo del descalce de monedas para la estabilidad financiera local
Política18/08/2026
REDACCIÓNLa flexibilización de créditos en dólares para empresas que facturan en pesos reintroduce vulnerabilidades en el sistema en un contexto de apreciación del tipo de cambio.

El patrimonio de las firmas que obtienen sus ingresos en moneda nacional corre el riesgo de colapsar ante pasivos indexados en divisas, un escenario que se produciría cuando sobreviene una devaluación o un ajuste de las variables cambiarias. Esta situación desata parálisis de pagos y una interrupción significativa de la cadena de créditos comerciales, afectando la actividad productiva de forma directa.
Esta amenaza surge a partir de la flexibilización del crédito en dólares para sectores de la economía que exclusivamente facturan en pesos. La medida reabre un debate que parecía saldado en la historia financiera del país, generando una vulnerabilidad latente en el sistema crediticio.


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La búsqueda de liquidez inmediata mediante el fondeo dolarizado condiciona la estabilidad económica futura, especialmente cuando el ciclo cambiario sufra correcciones inevitables. Esta facilidad operativa genera un incentivo procíclico que induce a las empresas a ignorar el riesgo intrínseco asociado a la divisa.
En este marco, la flexibilización de los límites prudenciales permite volcar una porción de los depósitos en dólares al mercado interno, buscando activar el crédito corporativo en un contexto de contracción económica. La medida pretende dinamizar la intermediación bancaria y ofrecer a los tomadores en pesos acceso a tasas nominales sensiblemente más bajas.
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El argumento oficial sostiene que el esquema cuenta con mitigantes suficientes, como exigencias adicionales de capital y pruebas de estrés para las entidades prestatarias. Sin embargo, expertos indican que elevar las exigencias regulatorias no neutraliza el volumen absoluto de deudas expuestas a la volatilidad de la cotización.
La experiencia internacional demuestra que los encajes diferenciados suelen quedar superados cuando se desata una reversión abrupta del flujo de capitales. El momento macroeconómico actual, caracterizado por un tipo de cambio apreciado respecto de los costos domésticos, potencia la fragilidad de las hojas de balance de las empresas endeudadas.
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La percepción de que el crédito en moneda extranjera es engañosamente accesible es una ilusión que dura únicamente hasta que se manifiesta un ajuste en el valor de la divisa frente a la moneda local. Esta acumulación masiva de estas deudas genera un efecto acumulativo que termina atrapando a la propia autoridad monetaria en el temor a liberar el mercado de cambios.
Esta situación, conocida como el «miedo a flotar», paraliza la gestión monetaria e imposibilita ajustar el tipo de cambio sin provocar la quiebra del sector privado, perpetuando esquemas de atraso. De este modo, la flexibilización pensada para dinamizar la economía termina convertida en una trampa que congela las políticas de sinceramiento.
Históricamente, los costos de rescatar un sistema financiero asfixiado por deudas descalzadas se han trasladado al conjunto de los contribuyentes y ahorristas. La emisión de títulos públicos para compensar a los bancos y la licuación del valor de las acreencias en moneda nacional constituyen el desenlace habitual de estos episodios.














