
El tren que llevó sal desde Valdés y cambió la historia de Puerto Pirámides
Mi Archivo30/08/2026
Sergio BustosMucho antes de que la Península Valdés se consolidara como destino turístico internacional, un tren cruzaba sus paisajes áridos cargado de sal. El llamado tren salinero comenzó a funcionar a mediados de 1901, con una misión concreta: trasladar la producción de Salina Grande hasta el punto de embarque en Puerto Pirámides.


Hasta entonces, la sal se extraía a pala y se transportaba en carros bordeando el golfo San José. Desde allí partía hacia Carmen de Patagones, Bahía Blanca, Buenos Aires y Montevideo, en un circuito comercial que conectaba la Patagonia con los principales centros urbanos del Río de la Plata. La llegada del ferrocarril cambió la escala y la velocidad de esa operatoria.
La empresa salinera había sido integrada en 1896 con capitales de Ernesto y Francisco Piaggio, Antonio Munno y Alejandro y José Ferro. Bajo esa estructura societaria se impulsó la construcción del ramal, conocido como FCPV, que se montó sobre vías Decauville de trocha angosta y alcanzó una extensión de poco más de 32 kilómetros.


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En sus mejores años, el tren llegó a transportar hasta 12.000 toneladas de sal de mesa, una cifra significativa para la época y para una zona que todavía tenía una población escasa. El movimiento constante de cargas generó empleo, infraestructura y actividad económica en torno a las estaciones y al puerto.
El trazado contaba con dos o tres estaciones intermedias, además de talleres mecánicos y de herrería, depósitos en la cabecera y un pequeño parque ferroviario. Entre el material rodante se destacaban tres locomotoras alemanas a vapor Orenstein & Koppel 0-6-0, una Krauss 2249 y otra Jung 451, junto a unos 30 vagones, un coche de pasajeros y un furgón.
En 1904, la empresa obtuvo una nueva concesión para extender un ramal hacia el norte, hasta el antiguo puerto alternativo de San José. Sin embargo, ese proyecto nunca se concretó. Las limitaciones económicas y logísticas frenaron la expansión de una infraestructura que ya operaba al límite de sus posibilidades.
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El impulso inicial comenzó a diluirse con el paso de los años. La industria salinera entró en crisis y en 1919 la empresa quebró. Un año después, en 1920, el ferrocarril cerró sus operaciones. El tendido permaneció en el territorio hasta 1943, cuando finalmente se levantaron las vías.
A pesar de su corta vida útil, el tren salinero dejó una huella profunda. Contribuyó al progreso y al poblamiento de Puerto Pirámides y del cercano Puerto Madryn, articulando producción, transporte y comercio en una región que recién empezaba a integrarse al mapa económico nacional.
Hoy, entre vestigios y relatos históricos, el recuerdo de aquel modesto ferrocarril sigue asociado a una etapa fundacional. Durante dos décadas, el silbato de sus locomotoras marcó el ritmo de una actividad que ayudó a moldear el desarrollo de la costa chubutense.




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