
Menopausia después de los 40: los cambios que muchas mujeres todavía no reconocen
Enfoques02/11/2026
REDACCIÓNLos síntomas pueden comenzar años antes de la última menstruación y afectar el sueño, el peso y la salud cardiovascular. Una médica de familia explica qué señales atender.



La menopausia no empieza necesariamente cuando desaparece la menstruación. Mucho antes, el cuerpo puede dar señales que pasan inadvertidas o se confunden con otros problemas. Los cambios en el ciclo, los sofocos, las dificultades para dormir y las modificaciones en el peso forman parte de una transición que merece atención médica.
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La médica de familia Diana Echegaray trabaja especialmente en salud de la mujer y en el acompañamiento durante la perimenopausia y la menopausia. Desde su experiencia, observa que muchas pacientes llegan a la consulta sin saber qué les sucede y después de atravesar durante años síntomas que afectan su vida cotidiana. «He visto mucha soledad en las mujeres con muchos cambios y sin saber qué les ocurría», explicó.
Uno de los primeros signos suele aparecer en el ciclo menstrual. Durante la perimenopausia, las menstruaciones pueden comenzar a cambiar de frecuencia y duración: al principio aparecen ciclos más cortos y, con el tiempo, los intervalos se extienden. También pueden presentarse sangrados abundantes y períodos de hasta dos o tres meses sin menstruación. La médica señaló que estos cambios suelen generar consultas porque muchas mujeres todavía tienen dudas sobre la posibilidad de un embarazo.
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La menopausia, en términos médicos, se confirma cuando transcurre un año completo sin menstruaciones. La etapa previa, conocida como perimenopausia, puede comenzar aproximadamente seis años antes y presentar manifestaciones muy diferentes según cada mujer. Los sofocos son uno de los síntomas más frecuentes: afectan al 50% de las mujeres durante la perimenopausia y pueden alcanzar al 80% después de la menopausia. En algunos casos persisten durante una década.
También hay transformaciones que no siempre se relacionan con los cambios hormonales. Echegaray explicó que la disminución de los estrógenos modifica la distribución de la grasa corporal, que tiende a acumularse en la zona abdominal. Esto puede ocurrir incluso cuando el peso en la balanza no cambia demasiado. La acumulación de grasa alrededor de los órganos, conocida como grasa visceral, aumenta los riesgos metabólicos y cardiovasculares.
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La protección que brindan los estrógenos durante la etapa reproductiva también disminuye. Por eso pueden modificarse los valores de colesterol, aumentar los triglicéridos y la glucemia, y aparecer hipertensión o resistencia a la insulina. La médica consideró fundamental incorporar controles cardiológicos y evaluaciones periódicas para identificar estos factores. Una mujer que tuvo valores normales durante buena parte de su vida también puede experimentar cambios en esta etapa.
La salud sexual merece un lugar propio en las consultas. La disminución de la lubricación, la sequedad vaginal y el dolor durante las relaciones pueden afectar el deseo y modificar la vida íntima. Diana explicó que estas manifestaciones integran el llamado síndrome genitourinario de la menopausia y que tienden a intensificarse con el tiempo. «Primero hay que hablarlo y hay que decirlo, hay que manifestarlo», recomendó, al destacar la importancia de buscar tratamiento.
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La terapia hormonal es otra de las alternativas que pueden mejorar los síntomas, aunque no está indicada para todas las pacientes. La especialista aclaró que requiere una evaluación individual y que existe una ventana terapéutica para su utilización: generalmente dentro de los primeros diez años desde la menopausia o antes de los 60 años. La decisión depende de los antecedentes, los síntomas y las condiciones de salud de cada mujer. No se trata de automedicarse ni de iniciar un tratamiento sin seguimiento profesional.
Hay situaciones que requieren especial atención cuando los cambios aparecen antes de lo esperado. La médica explicó que actualmente se utiliza el término insuficiencia ovárica prematura para describir el cese de la función ovárica antes de los 40 años. Puede manifestarse con irregularidades menstruales y tiene consecuencias sobre la salud reproductiva, cardiovascular y metabólica. «No duden en consultar, en pedir un perfil hormonal», recomendó, y señaló que también pueden ser necesarios estudios por imágenes y una evaluación especializada en fertilidad.
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La prevención ocupa un lugar central para transitar esta etapa con mejor calidad de vida. Echegaray destacó la importancia de mantener controles médicos anuales, evaluar la salud mamaria, revisar la función tiroidea y realizar estudios cardiovasculares cuando corresponda. También recomendó prestar atención a la alimentación y al movimiento cotidiano. Entre las pautas mencionó la dieta mediterránea, el consumo de proteínas de buena calidad y la incorporación de calcio y vitamina D.
La actividad física, especialmente los ejercicios de fuerza, ayuda a preservar los músculos y los huesos. La especialista explicó que con el paso de los años pueden aparecer la sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular, y la disminución de la densidad ósea, que aumenta el riesgo de osteoporosis. En la posmenopausia, la pérdida de masa ósea puede alcanzar entre un 2 y un 3% anual. Por eso, sostener una rutina de ejercicios, una alimentación adecuada y los controles correspondientes permite cuidar la autonomía durante el envejecimiento.
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Durante la charla también surgió una reflexión sobre el significado de esta etapa. Lejos de representar el final de la vida activa, la menopausia puede coincidir con un momento en el que muchas mujeres recuperan tiempo para sus proyectos, actividades y vínculos personales.. «Hay que agradecer poder llegar a esta etapa, sobre todo tener salud y poder estar vivas», expresó Diana Echegaray. Para la médica, el acompañamiento profesional y la posibilidad de hablar sin prejuicios son herramientas fundamentales para atravesar los cambios.
La especialista también recordó que no todas las mujeres viven la transición de la misma manera y que los síntomas no deben naturalizarse cuando afectan el bienestar. Su mirada apunta a una atención integral que contemple tanto los cambios físicos como los emocionales y sexuales. Actualmente atiende en el CAPS Carrillo, ubicado en el barrio Sur, y en el consultorio de LABI, en Roca 1070, en Puerto Madryn.


















