
Tras un trasplante que le salvó la vida, Eric Simon impulsa la donación de órganos y recuerda a su mamá
Actualidad25/12/2025
Sergio Bustos
A las cuatro de la mañana del 25 de julio del 2000, un llamado telefónico cambió para siempre la vida de Eric Simon en Pigüé. Del otro lado les confirmaron lo que esperaban desde hacía meses: apareció un donante compatible de riñón. La familia armó una muda de ropa y salió de inmediato, sin espacio para dudas ni demoras, con la urgencia que marca cada minuto cuando se abre una chance real.
Eric reconstruye todavía hoy esa travesía como una secuencia grabada en la memoria, con nombres propios y escalas precisas. “Fue de Pigüé a Coronel Suárez, de Coronel Suárez en avioneta hasta aeroparque, últimos estudios en La Plata, Hospital Italiano, últimos estudios y evaluación, y esperar a que llegue el riñón”, relató. Tenía nueve años, venía de la diálisis y el trasplante se volvía la puerta a una vida distinta.
Su historia médica empieza mucho antes. Eric nació en Pigüé, partido de Saavedra, y al año y medio recibió el diagnóstico de síndrome urémico hemolítico, una enfermedad provocada por una bacteria que daña de forma severa a los riñones. El cuadro lo llevó a una urgencia extrema, con convulsiones, diarrea y deshidratación, y el traslado a Bahía Blanca, donde lo atendió la nefróloga infantil Laura Alconcher, a quien Eric reconoce como la médica que le salvó la vida.


Con el paso de los años, el deterioro renal hizo inevitable el trasplante. En el 2000, mientras ingresaba en lista de espera, empezó con diálisis y esa rutina se metió en el corazón de la casa familiar. “Me las hacía mi mamá, en una habitación solo para mí. Eran cada seis horas”, recordó. En paralelo, se hicieron estudios de compatibilidad con su entorno: su mamá resultaba compatible, pero apareció un riñón de un donante fallecido, una noticia que llegó en plena madrugada.
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La cirugía, según contó, tuvo una evolución favorable y el cambio fue concreto: recuperar energía, volver a moverse con otra libertad, recuperar una cotidianeidad que la enfermedad había condicionado desde la infancia. Aun así, la adolescencia también le trajo situaciones duras, atravesadas por la mirada ajena. Relató burlas por estar “hinchado” o por tener la frente “llena de vello” por los inmunosupresores, además de la necesidad de repetir un año escolar y reconstruir vínculos. “Molestaba, pero no fue limitante. Yo sabía que había ganado lo que tenía que ganar”, dijo.
Con el tiempo, aparecieron otras complicaciones vinculadas a la medicación y al recorrido clínico, como osteocondritis o arritmia multifocal, que lo obligaron a nuevos cuidados. Eric no minimiza lo que vive, pero marca una forma de atravesarlo: habla de “pequeñas cositas” que no lo frenan, porque siente que el trasplante le dio “una nueva vida” para hacer muchas cosas. Hoy sostiene una dieta estricta, cuida proteínas, toma entre seis y ocho medicamentos, no consume alcohol y se apoya en el deporte como rutina y sostén.
Su involucramiento fuerte con la donación de órganos, según explicó, se profundizó más adelante, cuando la osteocondritis le sacudió el cuerpo y también la cabeza. “Me agarró una revolución interna que me llevó a involucrarme de lleno en el significado del deporte y la donación de órganos”, afirmó, al contar las campañas que impulsa en clubes y escuelas. Ahí aparece una decisión personal: usar su historia para hablar de prevención, conciencia y la importancia de los trasplantes.
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En paralelo, la vida le devolvió una escena que lo marcó de manera profunda: la enfermedad de su mamá, Eugenia, que empezó a complicarse en 2014 y la llevó a diálisis. En ese recorrido, la familia también se encontró con un dato inesperado: la persona que, en su momento, podía ser donante para Eric tenía los riñones atrofiados. Para él, fue una vuelta que dolió doble, porque el lugar de paciente y cuidador se invirtió dentro del mismo vínculo.
Eric lo contó con una frase que condensa esa intimidad y ese golpe emocional. “Había una conexión especial con mi vieja. Pasó de ella hacerme las diálisis a que le hagan hemodiálisis. Fue revivir una historia”, expresó. Su mamá murió en 2021 esperando un trasplante de riñón, una paradoja brutal para una familia que conocía, por experiencia propia, lo que significa que aparezca un órgano a tiempo.
Años después, una situación inesperada lo colocó frente a una audiencia masiva. El 7 de diciembre pasado asistió a su primer show en vivo de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y canciones del universo del Indio Solari, y terminó volviéndose viral en redes por un video que empezó a circular sin que él lo supiera. “Me despierto y veo que un amigo me manda el video, y después otro y otro. A la noche lo vuelvo a agarrar y veo que tengo explotado Instagram. Sigo totalmente atónito”, relató, todavía sorprendido por el alcance.
Según contó, la viralización no le cambió la vida personal de forma drástica, pero sí lo movió por dentro. Dijo que le modificó su “energía interior” y que, con el paso de los días, entendió esa exposición como una oportunidad para insistir con el mismo mensaje que repite en cada charla. Para Eric, esa masividad “tenía que pasar” en algún momento para poner el foco donde él quiere: en la donación.
Lo explicó con una frase que busca salir del relato individual para volverse mensaje colectivo. “Es demostrar a través de lo que me paso a mi lo que hace la donación de órganos. Deseo de todo corazón que llegue a donde se pueda y que la gente tome realmente conciencia”, sostuvo. En esa idea condensa su recorrido, el trasplante que lo salvó, el duelo por su mamá y un objetivo que repite cada vez que tiene un micrófono cerca: que la historia sirva para que otras personas lleguen a tiempo.














