
Microcápsulas de restos de pescado logran enzimas estables y suman usos en detergentes y acuicultura
Actualidad01/01/2026
Sergio Bustos
Investigadores de la Universidad de Almería (UAL) y de la Universidad Nacional de Mar del Plata obtuvieron microcápsulas enzimáticas a partir de descartes pesqueros y verificaron que sirven para mejorar detergentes y piensos acuícolas. El trabajo se apoya en la recuperación de enzimas digestivas desde residuos del fileteado y en su protección mediante biopolímeros. La propuesta apunta a transformar un subproducto difícil de gestionar en un insumo con valor para distintas industrias.


La noticia, divulgada por Fundación Descubre y mencionada en una comunicación de la Junta de Andalucía, describe una tecnología que convierte restos de pescado en microesferas que conservan proteínas activas por períodos prolongados. En el estudio, los especialistas sostienen que el método permite mantener enzimas funcionales durante meses y ampliar sus usos a sectores como la cosmética y la agricultura. El eje, sin embargo, se concentra en su rendimiento para remover manchas complejas y en la mejora de la digestibilidad de alimentos para peces y crustáceos.
La investigación se publicó en la revista Animal Feed Science and Technology bajo el título “Assessment of encapsulation of digestive enzymes recovered from South Atlantic fish wastes for potential biotechnological applications”. Según la información difundida, el proyecto recibió apoyo de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación del gobierno andaluz, del CONICET y de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado. El equipo trabajó con enzimas recuperadas de vísceras de especies abundantes del Atlántico sudoccidental, como merluza común y pez palo.
En la primera etapa, los investigadores analizaron la actividad de las enzimas extraídas de los desechos para medir cómo responden frente a cambios de pH, temperatura y almacenamiento. Los resultados indicaron que proteasas y lipasas conservaron una eficiencia alta para descomponer moléculas complejas. Esa condición resulta determinante para pensar su uso industrial, ya que define si el material mantiene rendimiento fuera del laboratorio.
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Para sostener esa actividad, el equipo eligió biopolímeros de uso accesible: quitosano y alginato. El quitosano proviene de exoesqueletos de crustáceos y el alginato se obtiene de algas pardas, según se explicó en la difusión institucional. La combinación buscó proteger a las enzimas frente a factores externos sin recurrir a matrices costosas.
El procedimiento de encapsulación mezcló el extracto enzimático con alginato y luego lo incorporó, en forma dosificada, en una solución con cloruro cálcico y quitosano. Ese paso generó microesferas esféricas de alrededor de medio milímetro de diámetro, donde las enzimas quedaron resguardadas de calor, oxidación y cambios bruscos de acidez o basicidad. La metodología también permitió evaluar dos formas de conservación: refrigeración y liofilización.
Según lo informado por la Junta de Andalucía, la liofilización sostuvo mejor la actividad enzimática: el material conservó hasta un 50% de actividad después de dos meses, con mejores resultados en las cápsulas sometidas a ese tratamiento. En cambio, el material sin ese proceso mostró pérdidas más marcadas. En paralelo, la eficiencia global de encapsulación quedó entre 65% y 83%, un rango que los autores consideraron favorable para prácticas industriales comparables, de acuerdo con la reseña difundida por Fundación Descubre.
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Con el formato ya obtenido, el equipo avanzó con pruebas de digestión in vitro para confirmar que las enzimas seguían activas una vez encapsuladas. Usaron caseína como modelo y observaron que las proteasas la descomponían por completo en menos de dos horas. También registraron una liberación gradual de proteínas activas, un rasgo que amplía la utilidad del sistema cuando se requiere acción sostenida.
En detergentes, los antecedentes experimentales ya mostraban que estas enzimas ayudan a remover manchas complejas, como sangre, al degradar proteínas y grasas adheridas sin recurrir a productos agresivos. El nuevo formato de microcápsulas busca que ese efecto se mantenga más tiempo dentro de la formulación. Para acuicultura, el objetivo se orienta a mejorar la asimilación de nutrientes en etapas tempranas de crecimiento, con una liberación controlada dentro del tracto digestivo.
En ese punto, el investigador Francisco Javier Alarcón (UAL) afirmó, según la difusión de Fundación Descubre, que “la encapsulación posibilita una liberación controlada de las enzimas en el tracto digestivo, lo que incrementa la eficacia de los piensos”. La investigación también se apoya en un argumento ambiental y logístico: el volumen de descartes pesqueros exige alternativas de valorización que reduzcan su impacto. De cara a la siguiente fase, la Junta de Andalucía planteó como meta transferir la tecnología a escala industrial con reactores de mayor tamaño y un esquema económicamente eficiente.







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