El ensayo final de Tatiana Schlossberg, una voz íntima frente a la despedida antes de la partida final

Enfoques04/01/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Tatiana Schlossberg
Tatiana Schlossberg

La periodista ambiental publicó en The New Yorker un texto conmovedor semanas antes de morir por un cáncer raro. Tenía 35 años, dos hijos pequeños y dejó un legado narrativo que recorrió el mundo.

Tatiana Schlossberg supo que su tiempo se acortaba y eligió escribir. Un mes antes de morir, la periodista ambiental publicó en The New Yorker un ensayo que narró, sin rodeos, la cercanía del final.

Tenía 35 años, dos hijos y una enfermedad poco frecuente en la sangre. El diagnóstico llegó horas después del nacimiento de su hija menor, cuando un análisis alteró por completo el rumbo de su vida.

El texto se convirtió en el más leído de la revista durante 2025. Su circulación creció en redes, medios y conversaciones privadas, con lectores atravesados por una voz serena y directa.



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En uno de los pasajes más duros, escribió: “Lo primero que pensé fue que mis hijos no me recordarían”. La frase resumió el miedo que atravesó todo el relato.

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Schlossberg relató tratamientos intensos, trasplantes y quimioterapia con precisión y sensibilidad. Describió dolores físicos, escenas cotidianas y gestos mínimos que tomaron otro peso ante la muerte cercana.

También apuntó contra decisiones políticas que afectaron la investigación médica. En su ensayo cuestionó recortes presupuestarios en salud y defendió el trabajo de médicos y científicos que la asistieron.


Fragmento:

“Mi plan, de no haber enfermado, era escribir un libro sobre los océanos: su destrucción, pero también las posibilidades que ofrecen”, escribió. “Durante el tratamiento, descubrí que uno de mis medicamentos de quimioterapia, la citarabina, debe su existencia a un animal marino: una esponja que vive en el mar Caribe, Tectitethya crypta.

Este descubrimiento fue realizado por científicos de la Universidad de California, Berkeley, quienes sintetizaron el medicamento por primera vez en 1959, y quienes casi seguramente dependían de fondos gubernamentales, precisamente lo que Bobby ya ha recortado. (...) No escribiré sobre la citarabina. No descubriré si pudimos aprovechar el poder de los océanos o si los dejamos hervir y convertirlos en un vertedero. Mi hijo sabe que soy escritora y que escribo sobre nuestro planeta. Desde que estoy enferma, se lo recuerdo seguido para que sepa que no era solo una enferma”.


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La narración combinó divulgación científica con escenas familiares. La autora habló del amor de su marido, de sus hijos y del apoyo de su madre, Caroline Kennedy.

En otro tramo escribió sobre la culpa y el legado emocional. “He añadido una nueva tragedia a la vida de mi familia”, confesó al pensar en el dolor que dejaría atrás.

El estilo sobrio y humano marcó la diferencia. Cada detalle elegido construyó un testimonio que evitó golpes bajos y apostó a la honestidad.

Su ensayo quedó como una herencia literaria y humana. No fue solo la historia de una enfermedad, sino una mirada lúcida sobre la vida cuando el tiempo se vuelve finito.

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