
Qué puede cambiar para la pesca exportadora con el pacto Mercosur-UE y cuáles son los plazos reales
Actualidad14/01/2026
Sergio Bustos
La expectativa en la industria pesquera argentina se concentra menos en la foto de la firma y más en el calendario posterior. El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea se firma el 17 de enero en Asunción, pero el impacto concreto para las exportaciones depende de un tramo que suele ser más lento: la ratificación en cada bloque y en cada país. Por eso, aun con una lectura general positiva, el sector mantiene cautela mientras circulan borradores y faltan definiciones finas.


En la práctica, el acuerdo no entra en vigencia de una sola vez para todos, sino a medida que se aprueba. Del lado europeo, el trámite pasa por el Parlamento Europeo; del lado del Mercosur, por los parlamentos de cada Estado Parte. Ese detalle marca el pulso de cualquier planificación comercial: un exportador puede ver condiciones preferenciales con la UE solo cuando el acuerdo rige bilateralmente para su país y para el bloque europeo, sin atajos.
En ese contexto, la discusión más sensible en la pesca se ordena por posiciones arancelarias y por especie. Los borradores que trascendieron mencionan que merluza, vieira y calamar podrían quedar con arancel 0% desde la entrada en vigor, mientras el langostino argentino tendría una reducción progresiva. Esa diferencia no es menor: cambia el cálculo de costos, el margen por mercado y el tipo de contrato que se firma a mediano plazo.
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La desgravación escalonada del langostino aparece como un punto de atención porque el texto que circula habla de un esquema en cuatro años desde la entrada en vigor. En un sector que vende por temporadas y ajusta precios con ventanas cortas, el cronograma importa tanto como el porcentaje final. La cautela, según las fuentes citadas en el texto base, se apoya en un dato simple: hasta ahora circulan borradores y falta conocer el contenido definitivo.
El interés de la pesca por este tipo de acuerdos no responde a una moda reciente. La industria argentina muestra un perfil netamente exportador: más del 90% de lo que se captura y procesa en pescados, mariscos y cefalópodos se exporta. Con ese nivel de dependencia del mercado externo, cualquier rebaja arancelaria o eliminación de derechos opera como variable de competitividad para plantas, flotas y puertos.
La dimensión política del acuerdo existe, pero el sector mira el detalle técnico. En la Unión Europea y el Mercosur se anunció una firma tras 26 años de diálogos y negociaciones, y la ceremonia en Asunción contará con figuras de primer nivel como Ursula Von Der Leyen y António Costa. Aun así, para la industria pesquera el punto no pasa por los discursos, sino por la letra final: qué productos quedan incluidos y bajo qué calendario.
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En Europa, el respaldo formal también muestra matices que ayudan a entender por qué el tema sigue abierto en términos internos. El viernes 9 de enero se alcanzó una aprobación en una reunión de embajadores en Bruselas, con diecisiete países a favor, superando el umbral de población requerido. Al mismo tiempo, el texto base menciona rechazos de Francia, Irlanda, Hungría, Polonia y Austria, y una abstención de Bélgica, con reparos vinculados al impacto en el agroalimentario europeo.
Esa trama europea se arrastra desde el cierre de la negociación, que el texto ubica en diciembre de 2024, y muestra que el proceso político no termina con un anuncio. La persistencia de objeciones durante más de un año, especialmente desde Francia e Irlanda, explica por qué el sector exportador argentino evita contar el resultado antes de ver el instrumento final y sus anexos. La pesca, en ese tablero, necesita precisión: arancel, plazos, reglas de origen y condiciones de acceso.
En Argentina, el Gobierno busca capitalizar el acuerdo como señal pro-mercado, aunque el texto fuente también recuerda posiciones previas de tensión con el Mercosur. En Casa Rosada lo describen como “hecho histórico”, y el presidente Javier Milei lo celebra en términos de apertura comercial. Más allá de la lectura política, el sector pesquero mira el impacto en su día a día: qué conviene vender, a qué precio y bajo qué condición de entrada.
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La representación argentina en la firma la encabezará el canciller Pablo Quirno, según el texto base, y su argumento se apoya en el tamaño del mercado europeo. “Todos ganamos: la Argentina y los países del Mercosur accederán de manera preferencial a la UE, la tercera economía global, un mercado de 450 millones de personas, que representa cerca del 15% del PBI mundial”, expresó el funcionario. La frase resume el objetivo, pero el balance final para la pesca depende de lo que todavía falta: el detalle definitivo y el camino de ratificación que habilita la vigencia real.






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