

Llenar el carro del supermercado en Puerto Madryn o cualquier ciudad de la región se transformó en una misión de alta complejidad financiera para las familias locales. Según el último relevamiento denominado "El Changuito Federal", la provincia de Chubut se consolidó como el segundo distrito más costoso de todo el territorio nacional, con una canasta de alimentos y bebidas que exige desembolsar $876.576. Esta cifra marca una brecha abismal respecto a lo que ocurre en otras latitudes, donde la misma selección de productos idénticos en marca y tamaño se consigue por valores significativamente menores.
La región sur del país domina por completo el ranking de los precios máximos, con Santa Cruz a la cabeza rozando los $890.350. Detrás de Chubut aparecen Río Negro y Tierra del Fuego, completando un bloque geográfico donde los costos de logística y estructura comercial elevan los valores finales en góndola. La diferencia con el extremo opuesto del mapa es impactante: en Formosa, los vecinos necesitan poco más de $783.302 para cubrir la misma necesidad, lo que representa un ahorro superior a los 100.000 pesos mensuales en comparación con los hogares patagónicos.
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El estudio realizado por la consultora Analytica desnudó una realidad inquietante sobre el peso de los salarios frente a la comida. Si bien los sueldos en el sur son nominalmente más altos, la Patagonia presenta una ventaja relativa frente al Noreste Argentino (NEA) en términos de esfuerzo. En nuestras provincias, el costo de la canasta básica representa el 15,6% de dos ingresos promedio del sector privado, mientras que en el norte del país, a pesar de los precios más bajos, las familias deben destinar casi el 30% de sus recursos solo para alimentarse, debido a los salarios reducidos de esa región.
Durante el último mes de 2025, la aceleración de los valores no dio tregua en rubros específicos que son fundamentales para la dieta de los argentinos. Los cortes de carne, especialmente el asado, registraron subas de hasta el 15% en casi todo el territorio, afectando de forma directa el presupuesto de las reuniones familiares de fin de año. Por su parte, la carne picada mostró picos de incremento del 16% específicamente en las provincias del sur, una cifra que duplicó los aumentos registrados en los grandes centros urbanos de Buenos Aires.
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La dinámica del mercado local también se vio afectada por el aumento en productos secos como las galletitas de agua, que subieron por encima del promedio general en la mayoría de las cadenas de supermercados. En contrapartida, los huevos fueron el único artículo que dio un respiro a los consumidores, manteniendo su estabilidad e incluso bajando de precio en algunas jurisdicciones. Estos movimientos desiguales generaron que ocho provincias argentinas terminaran el año superando el índice de inflación general, evidenciando que la crisis de precios no golpea a todos los distritos con la misma intensidad.
Para una familia tipo integrada por dos adultos y dos menores, la planificación de los consumos mensuales se volvió una tarea de ingeniería contable. El informe destaca que el Conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires se mantienen como zonas sorprendentemente económicas gracias a la concentración de la oferta y la cercanía con los centros de distribución. Esta ventaja logística de la zona central profundiza el sentimiento de desigualdad en las provincias periféricas, donde el costo de vida parece no tener techo frente a la lejanía de los puertos y las fábricas.
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El inicio del 2026 encuentra a los consumidores de la región patagónica con la necesidad de agudizar el ingenio para encontrar ofertas y programas de ahorro. La paradoja del poder adquisitivo indica que, aunque se gane más dinero en términos brutos, la presión sobre la góndola es constante y erosiona rápidamente cualquier mejora paritaria. La brecha de 100.000 pesos entre regiones no es solo un dato estadístico, sino una realidad que define la calidad de vida y las posibilidades de ahorro de miles de chubutenses que enfrentan los precios más altos del país.
Las autoridades y consultoras monitorean de cerca si este diferencial de precios comenzará a achicarse o si la Patagonia seguirá aislada en una burbuja de costos elevados. El peso de los alimentos en el presupuesto hogareño es el indicador más fiel del clima económico en la calle, y los números de diciembre confirmaron que vivir en el sur tiene un recargo que no se detiene. Con una inflación que en distritos como San Juan y Salta superó el 3,5% mensual, la mirada federal sobre el consumo básico se vuelve indispensable para entender el mapa real de la economía doméstica.
Finalmente, el relevamiento de "El Changuito Federal" expone que la estabilidad es un concepto inexistente en las góndolas locales. La disparidad de valores para un mismo paquete de yerba o una botella de aceite entre una provincia y otra pone en duda la cohesión del mercado interno nacional. Mientras en Formosa se celebra el changuito más barato, en Chubut y Santa Cruz las familias ajustan sus consumos para enfrentar una realidad donde comer cuesta, literalmente, mucho más caro que en cualquier otra parte de la Argentina.
















