
Google empieza a responder según quién pregunta y redefine la experiencia de buscar información
Otros Temas24/01/2026
REDACCIÓN
Durante años, buscar información en internet implicó formular una pregunta y recibir una lista de resultados iguales para todos. Esa lógica empieza a correrse. Google incorporó una función que apunta a transformar la búsqueda en una experiencia personalizada, donde las respuestas ya no dependen solo de las palabras ingresadas, sino también del historial, los intereses y los hábitos de cada usuario.


La herramienta, llamada Inteligencia Personal, se integra dentro del modo de búsqueda con inteligencia artificial y permite conectar el buscador con servicios como Gmail y Google Fotos. El objetivo es que el sistema aprenda del recorrido digital de cada persona y ajuste las respuestas en función de esa información previa. No se trata solo de responder mejor, sino de responder distinto según quién pregunta.
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En términos prácticos, el buscador puede sugerir destinos para una escapada teniendo en cuenta viajes anteriores, reconocer preferencias gastronómicas a partir de búsquedas pasadas o identificar estilos personales al analizar fotos almacenadas. La promesa es una búsqueda más rápida y relevante, que reduzca pasos intermedios y anticipe necesidades.
Desde la compañía explican que esta personalización busca que el buscador deje de ser una herramienta neutra y se convierta en un asistente permanente. Así lo expresó Robby Stein, vicepresidente de Google Search, al señalar que “Inteligencia Personal transforma a Buscar en una experiencia que se siente única para ti al conectar los puntos entre tus apps de Google”. Al mismo tiempo, reconoció que el sistema no siempre acertará y que los usuarios podrán corregir respuestas mediante retroalimentación directa.
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El cambio implica, necesariamente, un nuevo pacto de confianza. Activar la función requiere aceptar que el buscador utilice información sensible de la vida digital cotidiana. En rigor, esa confianza ya existe desde hace años, cuando millones de personas realizan búsquedas íntimas o almacenan recuerdos personales en servicios de la compañía. La diferencia es que ahora esa información se vuelve activa dentro del proceso de respuesta.
La apuesta se inscribe en una estrategia más amplia vinculada a Gemini, el sistema de inteligencia artificial que Google despliega de manera transversal en sus productos. En los últimos meses, Gmail empezó a mutar hacia un asistente personal capaz de resumir, proponer y organizar tareas, y ahora el buscador sigue ese mismo camino.
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Este movimiento ocurre en un contexto de fuerte presión competitiva. Nuevos motores de respuesta basados en IA, como ChatGPT o Perplexity, disputan el lugar histórico de Google como puerta de entrada a internet. Frente a ese escenario, la compañía opta por profundizar su ventaja estructural: la enorme cantidad de datos que ya administra.
La expansión de estas herramientas no se limita al ecosistema propio. Tras un acuerdo reciente con Apple, las capacidades de Gemini llegarán también a dispositivos como iPhone, iPad y Mac, con el objetivo de volver más conversacional al asistente Siri. La personalización aparece así como un estándar en construcción dentro de la industria tecnológica.
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El giro no está exento de tensiones regulatorias. Aunque un juez estadounidense declaró en 2024 que el buscador de Google funcionaba como un monopolio ilegal, la irrupción de la inteligencia artificial influyó para que se rechazaran medidas más drásticas, como la venta obligatoria de Chrome. La personalización basada en IA se presenta, en ese marco, como una respuesta defensiva frente a un mercado en transformación.
Más allá de lo legal o lo técnico, el cambio introduce una pregunta de fondo: qué significa informarse cuando las respuestas ya no son iguales para todos. El buscador empieza a reflejar no solo el mundo disponible en la web, sino también la historia digital de quien lo consulta. Esa mutación promete comodidad y eficiencia, pero también redefine la frontera entre ayuda personalizada y vigilancia permanente.
Fuente: LA NACION.
















