La inseguridad marca el comienzo un nuevo mapa político en toda América Latina

Actualidad01/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Las Maras de Centroamérica. Foto: Infobae.
Las Maras de Centroamérica. Foto: Infobae.

El miedo al delito pasó al frente en encuestas y campañas, y empuja candidatos de mano dura en varios países. La región entra a un ciclo electoral cargado de promesas y riesgos.

En muchas ciudades de América Latina, la conversación política ya no arranca por la inflación o el empleo, sino por la sensación de calle y la idea de “control”. Los números que miran consultoras y equipos de campaña muestran que el delito y la violencia ganan peso como preocupación dominante, por encima de otros temas que antes ordenaban la discusión pública. Ese cambio empuja discursos más duros, vuelve más permeable a la sociedad a salidas de “orden” y obliga incluso a gobiernos progresistas a correrse de su libreto tradicional.

Ese clima también reacomoda a la dirigencia, con líderes que venden una receta simple: firmeza, castigo y control territorial. El ejemplo más citado, y a la vez más polémico, se asocia con Nayib Bukele, que inspira imitaciones en distintos países, aun cuando su método acumula críticas por el costo institucional y de derechos. La región mira ese modelo con una mezcla de admiración, temor y pragmatismo electoral, y esa tensión se filtra en la manera en que se diseñan campañas y eslóganes.


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En Chile, esa agenda se volvió central en una elección que terminó con la llegada de José Antonio Kast a la presidencia tras una segunda vuelta contra Jeannette Jara, según reportes internacionales. La campaña giró en buena medida alrededor de fronteras, expulsiones, endurecimiento penal y un discurso de restauración del orden, con promesas vinculadas a cárceles de máxima seguridad y medidas de control. El punto no pasa solo por quién gana, sino por qué tema se vuelve decisivo y cómo desplaza el resto de las prioridades en pocos meses. 

En Colombia, la disputa combina seguridad, polarización y un tablero de candidatos que todavía se mueve, pero ya toma forma. Abelardo de la Espriella se presenta con un perfil de mano dura y dejó definiciones tajantes en el texto fuente: “Voy a aplicar mano dura contra el crimen en todas sus formas” y “La paz solo se puede lograr con la fuerza de las armas y la ley”. En paralelo, el artículo describe una izquierda ordenada detrás del senador Iván Cepeda y menciona mediciones que lo ubican primero, con de la Espriella compitiendo fuerte en el universo conservador.


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La tensión no queda en Sudamérica y también atraviesa a Costa Rica, que llegó a elecciones con un telón de fondo de violencia récord vinculada al narcotráfico y una discusión sobre métodos más duros. El texto fuente ubica como figura en ascenso a Laura Fernández y la vincula con un estilo inspirado en modelos de máxima seguridad, en sintonía con el clima regional. Medios internacionales describen que la campaña se montó sobre el temor a la inseguridad y el peso político del presidente saliente Rodrigo Chaves, con una elección que funcionó como plebiscito de continuidad. 

El fenómeno también presiona a los gobiernos que intentan sostener identidades progresistas sin pagar el costo de parecer “blandos”. En México, el texto fuente marca un viraje discursivo y operativo: la presidenta Claudia Sheinbaum deja de lado la consigna “abrazos, no balazos” asociada a Andrés Manuel López Obrador y ordena incautaciones, arrestos y expulsiones de jefes narcos hacia Estados Unidos. En Uruguay, el artículo ubica al presidente Yamandú Orsi citando a Bukele y llevando el tema al centro de la discusión pública, con una frase que intenta reencuadrar el debate: “La seguridad es un derecho humano fundamental que debemos promover”.


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El impacto del delito no se reduce a percepciones: el propio texto fuente enumera mercados criminales en expansión, desde el tráfico de cocaína hasta la minería ilegal de oro, además del tráfico de personas, y los liga con nuevas bandas y organizaciones. En esa línea, el investigador del Council on Foreign Relations Will Freeman aporta dos frases que el texto usa para describir el nuevo clima electoral: “No recuerdo que haya habido un momento anterior en que la política de tantos países latinoamericanos pareciera depender de (las preocupaciones de los votantes sobre la delincuencia)” y “Se debe a la expansión de los principales mercados criminales de la región”. Esa lectura, más estructural que coyuntural, ayuda a entender por qué la demanda de orden atraviesa a países muy distintos entre sí.

En ese contexto, Argentina aparece en el texto como “caso testigo” y como referencia para inversores por el giro económico de Javier Milei. La nota fuente también coloca a la seguridad dentro de una “batalla cultural” y atribuye al presidente una frase fuerte sobre el peronismo: “convirtieron al país en un baño de sangre”, en el marco de un anuncio de reforma del código penal. Más allá del impacto retórico, el dato de fondo que destaca el texto es la ampliación del lugar que ocupa la inseguridad en la agenda argentina, incluso por encima de los temas económicos que históricamente ordenaron el debate.


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El año electoral grande que se asoma funciona como prueba para esta ola de discursos duros, sobre todo en Brasil, donde el texto fuente plantea que el resultado podría romper la lectura lineal de “giro regional”. Allí, el artículo señala que la pobreza y la salud siguen entre las grandes preocupaciones, y menciona índices de aprobación de Luiz Inácio Lula da Silva, mientras la derecha discute candidaturas tras la condena de Jair Bolsonaro. La advertencia final del texto no se limita a ideologías: cita a expertos que dudan de la eficacia de la mano dura como única respuesta, y pone el foco en la falta de planes consistentes, incluso cuando el eslogan resulta rentable. 

Fuente: Ipsos, financial Times, Al Jazeera, The Río times, AP News

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