
"Dame fuerzas mi amor, porque no sabemos cómo seguir sin vos", la despedida al árbitro fallecido
Actualidad03/02/2026
REDACCIÓN
Emanuel Leguizamón, cuarto árbitro de 24 años, murió tras el vuelco cerca de Caleta Olivia. Su pareja escribió un posteo íntimo mientras el resto sigue en terapia.


Un vuelco en la Ruta 3 quebró una vuelta a casa y dejó una familia atravesada por la pérdida. El siniestro ocurrió cuando una delegación arbitral regresaba hacia La Pampa, después de una final patagónica del Torneo Regional Federal Amateur. En ese contexto murió Emanuel Leguizamón, de 24 años, cuarto árbitro de la delegación santarroseña.
El episodio se registró a unos 40 kilómetros de Caleta Olivia, en un sector cercano al Cañadón Minerales, donde el vehículo dio varios tumbos por motivos que todavía se analizan. La investigación estableció que la camioneta era conducida por el árbitro principal, Cristian Rubiano. El viaje, que debía cerrar una jornada deportiva, terminó en una escena de urgencias, lesiones graves y una muerte que sacudió el mundo del arbitraje.
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En el mismo hecho resultaron heridos otros integrantes del equipo arbitral y su estado de salud mantiene la tensión en las horas posteriores. Rubiano sufrió una fractura en una pierna y otros traumatismos, mientras que los asistentes Diego Pereyra y Yasu Muñoz presentaron lesiones de distinta consideración, con cortes en la zona craneal y golpes. Todos permanecen internados en terapia intensiva, con pronóstico reservado, en el Hospital Zonal de Caleta Olivia.
El recorrido que realizaban tenía como antecedente inmediato un partido que convocó miradas en la región. Leguizamón integró el equipo arbitral que dirigió la final patagónica del Torneo Regional Federal Amateur entre Boxing Club y La Amistad. Esa tarea, habitual para quienes recorren rutas y ciudades cada fin de semana, quedó de golpe asociada a una tragedia en plena vuelta.
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La dimensión pública del caso no tardó en crecer, pero la parte más íntima se expresó en redes sociales a través de un mensaje de su pareja, Micaela Palavecino, madre de sus hijos. En su publicación, la joven escribió: “Amor de mi vida, quisiera escribirte tantas cosas… tu cara está en todos los portales, en las historias de muchísima gente, radios y programas deportivos…”. Ese texto, atravesado por el dolor, reflejó cómo una noticia policial se metió de lleno en el duelo de una familia.
En la misma línea, Palavecino dejó expuesto el contraste entre el reconocimiento deportivo y el impacto de una muerte repentina. “Me gustaría que fuera por alguno de tus partidos o los logros tan grandes que conseguiste, pero no. Me arrancaste el alma con tu partida, me dejaste vacía y perdida. Te busco en todos lados, no paro de mirarte, de escucharte, de querer encontrarte en el perfume de tu ropa”, expresó. Sus palabras describieron un duelo cotidiano, de esos que se juegan en pequeños gestos y objetos, lejos de cualquier formalidad.
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El posteo también puso el foco en la espera doméstica que quedó interrumpida por el siniestro en la ruta. “Te estábamos esperando en casa, con nuestros hijos como te gustaba decir. Dame fuerzas mi amor, porque por acá no sabemos cómo seguir sin vos. Te extraño a cada momento, te quiero acá conmigo, para siempre como habíamos prometido. Aprendimos tanto juntos y nos quedaron tantos sueños por la mitad”, escribió. En esa frase, la tragedia dejó de ser un dato de tránsito para convertirse en ausencia concreta.
Hacia el final del mensaje, Palavecino intentó sostener un hilo de despedida y promesa, aun en la angustia. “Volver a encontrarnos y fundirnos en ese abrazo en el que tanto te gustaba apretujarme. Te amo, te amamos. Mi corazón, tuyo siempre”, cerró. La publicación circuló con rapidez y sumó reacciones en un contexto donde el nombre de Leguizamón pasó de la cancha a los portales.
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Mientras tanto, la investigación sobre el vuelco sigue en marcha y busca precisar por qué el vehículo terminó dando tumbos en ese tramo de la Ruta 3. En paralelo, el estado de los sobrevivientes mantiene la atención puesta en el hospital, con pronóstico reservado y horas decisivas para su evolución. Entre la mecánica del siniestro y el dolor familiar, el caso dejó una marca que atraviesa al deporte desde su costado más humano, sin necesidad de maquillajes ni épica.
Fuente: La Opinión Austral
















