
La sequía se mete en el corazón productivo y el mapa deja un dato inquietante
Actualidad04/02/2026
REDACCIÓN
Un relevamiento regional marca 29,86% del territorio con déficit hídrico y pone el foco en Buenos Aires y Córdoba, en plena ventana sensible para soja y maíz.
El último mapa del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (SISSA) encendió señales en el campo argentino por un dato que ya no entra en la categoría de “verano seco”. Según el relevamiento, casi 30% del país aparece con algún grado de déficit hídrico y la mancha se concentra donde más duele: las zonas de mayor peso productivo. El período analizado va del 26 de octubre de 2025 al 25 de enero de 2026, justo cuando muchos lotes definen rendimiento.
A nivel nacional, el informe describe que 29,86% del territorio argentino presenta déficit hídrico, lo que equivale a 764.490 km². Dentro de ese total, el sistema separa categorías que ayudan a dimensionar el deterioro: 11,38% del país figura como “anormalmente seco” y 9,28% como sequía moderada, mientras una franja menor pero más delicada entra en escalones superiores. La presencia de sequía severa (5,87%), extrema (3,06%) y excepcional (0,27%) termina de mostrar que no se trata de un fenómeno uniforme.


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El dato de contraste existe y también resulta importante para entender el cuadro completo: 70,14% del país aparece “no seco”, con casi 1,7 millones de km² fuera de la clasificación de sequía. Sin embargo, la preocupación se sostiene porque el déficit no se distribuye al azar, sino que se ubica en áreas agrícolas con decisiones en curso. En ese escenario, cada semana sin lluvias ordena estrategias de manejo, ventas y planificación, incluso en campos que todavía no entran en la zona más comprometida del mapa.
Dentro del área agrícola, Buenos Aires concentra la mayor superficie bajo condiciones de falta de agua. El SISSA indica que más del 80% del territorio provincial presenta situaciones que van desde “anormalmente seco” hasta sequía moderada, con una cobertura que se extiende en forma amplia. En números, 41,21% de la provincia (unos 126.098 km²) queda como anormalmente seco y otro 32,98% (cerca de 101.900 km²) cae en sequía moderada. El margen “no seco” se reduce a 16,45% (alrededor de 50.319 km²), sin registros por ahora de categorías más altas en ese distrito.
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La escena cambia cuando el foco se corre a Córdoba, donde el mapa muestra los niveles de sequía más elevados dentro de la zona agrícola. Allí aparece el abanico completo de categorías, con un peso fuerte en las más exigentes: 19,78% del territorio queda en sequía severa (32.433 km²), 15,84% en extrema (25.962 km²) y 2,76% en excepcional (4.532 km²). A eso se suma 14,48% en moderada (23.737 km²), lo que empuja el total provincial con déficit a más de 86.000 km², por encima del 50% del territorio. La razón de la atención es directa: Córdoba sostiene un rol central en maíz, tanto temprano como tardío, y también en esquemas mixtos de agricultura y ganadería.
En paralelo, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que, en la región núcleo, las lluvias de enero llegaron a apenas 30% de lo normal. Ese faltante ya se traduce en daños agronómicos que después cuesta revertir con un chaparrón aislado, sobre todo cuando el cultivo atraviesa etapas definitorias. En ese marco, la BCR señaló que la soja de primera muestra pérdidas de rendimiento “difíciles de recuperar”, una frase que en el campo se lee como margen de corrección cada vez más chico.
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El maíz también entra en la misma tensión, aunque con matices según fecha de siembra y estado del lote. El informe menciona que, en maíz tardío y de segunda, hay unas 90.000 hectáreas comprometidas, con una porción importante en condición regular y a la espera de nuevas lluvias. Esa foto obliga a mirar el calendario con otros ojos: cuando la humedad se sostiene baja, el cultivo no solo frena su crecimiento, también cambia la eficiencia con la que convierte cada milímetro en biomasa.
En la comparación regional, Santa Fe aparece con un cuadro más favorable en términos generales, aunque no exento de señales. El SISSA marca 83,54% del territorio provincial como “no seco” (unos 111.185 km²), mientras 12,82% (cerca de 17.000 km²) queda como anormalmente seco y 3,64% (aproximadamente 4.800 km²) como sequía moderada. El total con déficit ronda los 21.800 km² y el informe aclara que el escenario se vuelve más complejo en el sur de la provincia, una zona donde el clima puede impactar rápido sobre decisiones productivas.
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En Entre Ríos, el relevamiento muestra un deterioro más localizado, pero con un dato que se despega del resto del Litoral. El 76,75% del territorio figura “no seco” (59.607 km²), aunque 14,21% aparece como anormalmente seco (11.032 km²) y 8,31% como sequía moderada (6.451 km²). Además, el informe incorpora una franja de sequía severa (0,73%), equivalente a 568 km², una señal de estrés hídrico puntual en algunas áreas productivas que rompe la idea de un cuadro homogéneo.
El SISSA funciona como herramienta regional de monitoreo y clasificación, y su valor está en cómo combina indicadores climáticos y ambientales para describir la sequía. El sistema se apoya en variables como lluvias, humedad del suelo e impacto sobre la vegetación, y opera dentro del Centro Regional del Clima para el Sur de América del Sur. Al reunir datos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, permite seguir la evolución en el tiempo y comparar el pulso hídrico entre países, algo que, en campañas ajustadas, suma contexto y anticipación.
Fuente: LA NACION.
















