La ropa importada bajó fuerte en dólares, pero el consumo sigue paralizado

Actualidad07/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
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La apertura comercial derrumbó los precios de prendas y telas extranjeras, aunque la caída del poder adquisitivo impide que las ventas reaccionen en el mercado interno.

El mercado textil argentino atraviesa una situación marcada por una contradicción cada vez más visible. Mientras la apertura comercial empujó una fuerte baja de los precios de la ropa importada, el consumo no muestra señales de recuperación y la industria local sigue en retroceso. El fenómeno deja al descubierto que la reducción de valores, por sí sola, no alcanza para reactivar la demanda.

Según un informe de la Fundación Pro Tejer, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el precio de la vestimenta y la tela importada cayó un 25% en dólares durante el último año. El dato se inscribe en un contexto económico donde el poder adquisitivo de los hogares se deteriora y limita la capacidad de compra, aun frente a precios más bajos en términos internacionales.


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El relevamiento, que abarca el período enero-octubre de 2025, muestra una combinación especialmente adversa para la producción nacional. Por un lado, se registró un incremento exponencial de las importaciones; por otro, una caída abrupta de los valores unitarios de esos productos. El resultado es una presión creciente sobre la industria local, que compite con mercadería cada vez más barata.

El presidente de Pro Tejer, Luciano Galfione, explicó que uno de los factores centrales fue la eliminación de los “valores criterio” de la Aduana. Esa decisión dejó al mercado sin precios de referencia y facilitó el ingreso de productos a valores de remate, en especial desde China. En ese escenario, la competencia se volvió asimétrica para los fabricantes locales.


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Los números por segmento reflejan la magnitud del fenómeno. En ropa terminada, el volumen importado creció un 166%, hasta alcanzar 32.324 toneladas, mientras que el precio promedio por tonelada cayó un 24%, de u$s 23.463 a u$s 17.850. En confecciones, las cantidades aumentaron un 217%, con una baja del 26% en el valor unitario.

El impacto también se observa en los tejidos de punto, donde el volumen pasó de 39.000 a casi 95.000 toneladas, acompañado por una reducción del 27% en el precio por tonelada. Esta dinámica refuerza la presión sobre el entramado productivo local, que enfrenta mayores costos internos y una demanda debilitada.


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Galfione cuestionó de manera directa la postura del Gobierno nacional frente a esta situación. El dirigente salió al cruce de declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, y del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quienes habían minimizado el efecto de las importaciones sobre el empleo. “Los sectores productivos no son de interés para esta administración. Las autoridades no han nombrado casi nunca la palabra industria y solo lo que han dicho es que se adapten o que mueran”, sostuvo.

Para dimensionar el deterioro del sector, el informe incorpora datos del IARAF sobre precios relativos. Con base 100 en 2017, el rubro Prendas de Vestir y Calzado se ubicó en 83,1 en diciembre pasado, lo que representa una caída real del 16,9%. La baja contrasta con otros sectores de la economía.


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En el mismo período, Restaurantes y Hoteles registraron un incremento del 24% en términos reales, mientras que Alimentos y Bebidas crecieron un 10,1%. La comparación refuerza la idea de que el problema del sector textil no se limita a los precios, sino a una contracción más amplia del consumo y a un cambio en las prioridades de gasto de los hogares.

El escenario deja planteado un desafío complejo: precios más bajos en dólares no logran compensar la pérdida de ingresos y el impacto de una apertura acelerada. La industria textil queda así atrapada entre un consumo que no reacciona y una competencia externa cada vez más agresiva.

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