
¿Es Vaca Muerta realmente “uno de los mayores polos de shale fuera de Estados Unidos”?
Actualidad07/02/2026
REDACCIÓN
Proyecciones de Rystad Energy citadas por Bloomberg ubican a Argentina, Brasil y Guyana como los motores de 2026: más de 700 mil barriles diarios extra y foco en proyectos rentables.


El mapa petrolero de Sudamérica para 2026 muestra una foto que incomoda a varios y entusiasma a otros: la mayor parte del crecimiento no pasa por los jugadores tradicionales con producción estancada, sino por tres polos bien definidos. Las proyecciones atribuidas a Rystad Energy y recogidas por Bloomberg ponen a Argentina, Brasil y Guyana como los países que más empujarán la oferta regional durante el año. La cifra que ordena ese pronóstico es contundente: más de 700.000 barriles diarios adicionales a partir de proyectos en marcha.
Ese salto se entiende mejor cuando se lo compara con el otro gran foco de atención de la región, Venezuela, donde el incremento “en el corto plazo” rondaría los 300.000 barriles diarios, según la misma referencia. El contraste marca una diferencia de escala y también de condiciones: no alcanza con tener reservas, hace falta capacidad real de inversión y ejecución. Ahí es donde aparecen las apuestas más activas del período.
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En el caso argentino, el empuje se apoya en el no convencional. El texto señala que el crecimiento estará impulsado “principalmente” por la explotación de hidrocarburos en Vaca Muerta, descripta como “uno de los mayores polos de shale fuera de Estados Unidos”. Ese posicionamiento vuelve a colocar a la cuenca neuquina en el centro del tablero regional, no como promesa sino como aporte esperado a la producción.
Brasil, en cambio, sostiene su liderazgo por la vía offshore. La referencia indica que “Brasil mantendrá el liderazgo regional gracias al desarrollo de campos en aguas profundas y del presal”, un esquema que hace años concentra inversiones y tecnología. Esa continuidad le da al país una ventaja de volumen y previsibilidad en su curva de producción.
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El tercer actor del tridente, Guyana, aparece como el caso de expansión acelerada. Bloomberg, según el texto, resalta que continuará con una “rápida expansión productiva” a partir de nuevos proyectos offshore. La idea que sobrevuela es simple: en 2026, el crecimiento no viene de una sola matriz, sino de una combinación de shale en tierra y proyectos en el mar.
En ese marco, el informe proyecta que la producción petrolera total de América Latina supere los 8,8 millones de barriles diarios durante el año, con Brasil como principal contribuyente. Esa cifra funciona como contexto para leer por qué el mercado mira con atención a la región. No se trata solo de cuánto produce cada país, sino de cuánto puede sumar respecto del año previo.
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La inversión, según el mismo texto, también muestra una preferencia clara: se concentra en iniciativas con retornos “más previsibles”. Ahí aparecen desarrollos nuevos en Guyana y Surinam, junto con la expansión del shale en Argentina. La rentabilidad, más que el discurso político, ordena la dirección del capital y recorta quiénes ganan protagonismo.
En paralelo, el texto menciona que Estados Unidos promovió nuevas inversiones en Venezuela, pero advierte que la recuperación enfrenta “desafíos técnicos, políticos y ambientales”. Esa combinación, según analistas citados de manera general, limita la capacidad del país para competir con otros productores de la región en el mediano plazo. El punto no es menor: aun con interés externo, la velocidad de repunte no queda garantizada.
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La lectura regional que dejan estos datos es que 2026 puede consolidar un giro práctico en la competencia sudamericana: pesa más la capacidad de ejecutar proyectos que la expectativa de recuperación de industrias golpeadas. Con Brasil sosteniendo el presal, Guyana acelerando offshore y Argentina empujando Vaca Muerta, el crecimiento esperado se reparte en tres modelos distintos. Y ese reparto anticipa una disputa por inversiones, infraestructura y mercados que se juega con barriles concretos, no con declaraciones.















