
Stellantis detuvo su plan eléctrico tras pérdidas récord y reescribió su estrategia global
Actualidad09/02/2026
Sergio Bustos
El dato que terminó de sacudir al sector automotor no fue solo el tamaño de las pérdidas. Stellantis decidió detener su proyecto de electrificación acelerada, una apuesta que había definido su rumbo en los últimos años. La magnitud del ajuste financiero obligó al grupo a abandonar el relato del crecimiento eléctrico inmediato y a reordenar prioridades.


Las cifras expuestas por la compañía explican el cambio de rumbo. Para el segundo semestre de 2026, el grupo proyecta pérdidas netas de entre 19.000 y 21.000 millones de euros, además de 22.000 millones en cargos extraordinarios. En ese contexto, la suspensión del dividendo funcionó como una señal concreta de que el escenario es más grave de lo previsto.
La decisión de frenar el plan eléctrico tiene un origen claro. Stellantis había volcado recursos masivos a plataformas eléctricas, fábricas de baterías y acuerdos estratégicos bajo la premisa de una adopción rápida del vehículo eléctrico. Ese escenario nunca se consolidó y dejó una estructura industrial preparada para volúmenes que no llegaron.
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La demanda mostró límites difíciles de ignorar. En muchos mercados fue errática, extremadamente sensible al precio y lejos de las proyecciones que justificaban las inversiones. El resultado fue capital inmovilizado, plantas subutilizadas y una presión creciente sobre las finanzas del grupo.
Con ese diagnóstico, la conducción encabezada por Antonio Filosa resolvió detener la aceleración eléctrica forzada y priorizar la supervivencia financiera. El nuevo eje pasa por proteger el flujo de caja, garantizar pagos a proveedores y sostener la estabilidad operativa, aun a costa de postergar objetivos tecnológicos.
El mensaje al mercado fue directo. Stellantis anticipó que su desempeño en 2026 será peor de lo que se esperaba, lo que descarta una recuperación rápida. Para los inversores, la decisión de frenar el proyecto eléctrico confirma que no se trata de un bache transitorio, sino de una corrección profunda de estrategia.
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El caso del grupo no aparece aislado. Ford y General Motors también informaron pérdidas y ajustes vinculados a sus programas eléctricos. Incluso en China, donde la electrificación parecía imparable, surgieron señales de enfriamiento que encendieron alertas en toda la cadena industrial.
Los números globales refuerzan esa lectura. En 2025 se vendieron alrededor de 20 millones de vehículos eléctricos, frente a más de 75 millones de autos a combustión e híbridos. Esa brecha explica por qué el híbrido volvió a posicionarse como alternativa de transición, mientras la electrificación total enfrenta límites de costo, infraestructura y contexto económico.
En Argentina, el replanteo del grupo tiene un peso particular. Stellantis es el actor con mayor presencia industrial y comercial del mercado local, con producción en Córdoba de modelos como Fiat Cronos y Peugeot 208. Por eso, la decisión de frenar su proyecto eléctrico global no es un dato abstracto: impacta de lleno en la dinámica del negocio automotor regional.














