
El optimismo de Bill Gates ahora trae “notas al pie” y una cifra que inquieta en 2026
Actualidad09/02/2026
REDACCIÓN
El fundador de Microsoft dijo que el mundo dio marcha atrás con un indicador de progreso y vinculó el cambio a la caída de la ayuda a países pobres. Planteó tres preguntas para los próximos años.


Bill Gates suele hablar del futuro con tono confiado, pero al empezar 2026 eligió una frase que marca un giro en su propio relato. “Siempre he sido un optimista”, escribió, y enseguida admitió que esa mirada ya no sale limpia, porque “hoy en día, mi optimismo viene con notas al pie”. El foco de esa advertencia no fue tecnológico, sino un dato de salud global que, según él, se movió en la dirección equivocada.
En su análisis, Gates repasó lo que considera una de las historias más contundentes de las últimas décadas: la caída de la mortalidad infantil. Señaló que durante 25 años las muertes de chicos menores de cinco años bajaron a un ritmo inédito. Sin embargo, eligió detenerse en lo que pasó en 2025, cuando la curva no solo frenó sino que cambió de sentido.
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El dato que subrayó es directo y difícil de esquivar: “el mundo retrocedió el año pasado en un indicador clave de progreso: el número de muertes de niños menores de 5 años”. Según su texto, el total anual pasó de 4,6 millones en 2024 a 4,8 millones en 2025, un salto que describió como el primero “en este siglo”. Atribuyó ese incremento a la reducción del apoyo de los países ricos a los países pobres, y advirtió que la tendencia sigue si no se recompone ese financiamiento.
Gates no se limitó a marcar el problema, también dejó una ventana temporal que, para él, define el costo humano de la inacción. “Los próximos cinco años serán difíciles mientras tratamos de retomar el rumbo y ampliar nuevas herramientas que salvan vidas”, expresó. Aun con ese escenario, sostuvo una esperanza de más largo alcance y lo dijo sin eufemismos: “no creo que vayamos a retroceder a la Edad Oscura”, y sumó que en la próxima década imagina “una nueva era de progreso sin precedentes”.
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En el medio de ese contraste, Gates ubicó una tensión que atraviesa su diagnóstico: la innovación avanza, pero no garantiza resultados si los recursos y las decisiones políticas no acompañan. “Los avances son una campana que no puede dejar de sonar”, afirmó, aunque volvió sobre la idea de las “notas al pie” para recordarle al lector que el resultado final depende de elecciones concretas. Para ordenar ese debate, planteó tres preguntas que, a su criterio, van a definir el rumbo.
La primera pregunta apunta a la solidaridad en un mundo más rico y más desigual. Gates apeló a la “regla de oro” y pidió que esa idea no se limite a los Estados, sino que también alcance a la filantropía privada: “Esta idea de tratar a los demás como te gustaría ser tratado no se aplica solo a que los países ricos otorguen ayuda”. En ese punto dejó un cálculo que funciona como advertencia: “Si el financiamiento para la salud disminuye un 20%, 12 millones más de niños podrían morir para 2045”, y remató: “Es fundamental restaurar parte de ese financiamiento”.
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La segunda pregunta se mueve hacia el terreno de la igualdad, con tres áreas que Gates considera decisivas: clima, salud y educación. En cambio climático, describió un límite político que condiciona el ritmo de cambio: “Sin un gran impuesto global al carbono (que, lamentablemente, es políticamente inalcanzable), las fuerzas del mercado no incentivan adecuadamente la creación de tecnologías para reducir las emisiones relacionadas con el clima”. Y completó con una frase que conecta ambiente y pobreza: “Si no limitamos el cambio climático, este se sumará a la pobreza y a las enfermedades infecciosas como causa de un sufrimiento enorme”, sobre todo en los sectores más vulnerables.
En atención sanitaria, Gates apuntó a un malestar extendido, incluso en países con sistemas robustos. “Las preocupaciones sobre los costos y la calidad de la atención médica son más altas que nunca en todos los países”, escribió, y en educación colocó a la inteligencia artificial como herramienta potencial. “La IA nos brinda la oportunidad del tipo de aprendizaje personalizado que durante mucho tiempo hemos soñado para mantener motivados a los estudiantes”, sostuvo, con la idea de que la tecnología puede empujar igualdad si se escala con acceso amplio.
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La tercera pregunta vuelve sobre la IA, pero desde el costado de los riesgos. Gates la definió como una fuerza transformadora sin precedentes: “De todas las cosas que los seres humanos han creado, la IA será la que más cambie la sociedad”. También fijó dos amenazas centrales, el uso por actores malintencionados y la disrupción laboral, y dejó una proyección concreta: “Creo que este impacto crecerá en los próximos cinco años”, por lo que llamó a usar 2026 para preparar políticas que ayuden a distribuir riqueza y a gestionar el lugar social del empleo.
Hacia el final, Gates volvió a su punto de apoyo, pero sin borrar las sombras del diagnóstico. “Al comenzar 2026, sigo siendo optimista sobre los días que vienen”, escribió, y explicó esa confianza con dos “capacidades humanas”: anticipar problemas y preocuparse por los demás. En su mirada, la discusión no pasa solo por inventar nuevas soluciones, sino por decidir quién las financia, cómo se implementan y a quién llegan primero.
Fuente: LA NACION.
















