
Incendios: Mientras Chile muestra unidad, Argentina canta en un teatro
Actualidad09/02/2026
Sergio Bustos
El fuego no reconoce fronteras, pero las decisiones políticas sí. En las últimas semanas, los incendios forestales dejaron una estela de destrucción tanto en el sur de Chile como en la Patagonia argentina, con bosques arrasados, viviendas reducidas a cenizas y comunidades enteras en vilo. Sin embargo, la forma en que cada país reaccionó frente a la emergencia abrió un contraste difícil de ignorar.


En Chile, la tragedia empujó a una escena poco habitual: dirigentes con miradas opuestas caminando juntos entre las zonas quemadas. Gabriel Boric, presidente saliente, y José Kast, quien asumirá el próximo mes, coincidieron en la necesidad de actuar sin especulaciones ideológicas frente a un desastre que dejó más de veinte muertos y miles de evacuados. La prioridad fue mostrar presencia y dar señales concretas a la población afectada.
Ambos recorrieron las áreas devastadas y acordaron un mensaje común. En declaraciones públicas utilizaron las mismas palabras para anunciar un plan de urgencia que incluye reponer, reconstruir y construir viviendas destruidas por el fuego. No hubo discusiones semánticas ni disputas de autoría política; la escena buscó transmitir continuidad y previsibilidad en medio del caos.
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La imagen de Boric y Kast juntos tuvo un efecto directo en las comunidades del sur chileno. Más allá de las diferencias profundas entre un mandatario de izquierda y un dirigente de derecha dura, la señal fue clara: el Estado, en sus distintas etapas, se hacía cargo de la emergencia y del después. La gestión compartida funcionó como un mensaje de respaldo para quienes lo perdieron todo.
Del otro lado de la cordillera, el incendio avanzó con menos ruido nacional al principio. En Argentina, el fuego comenzó a fines de 2025 y recién ganó centralidad el 5 de enero, cuando en Puerto Patriada la situación se volvió crítica. Pasó casi un mes hasta que el tema ingresó de lleno en la agenda del gobierno nacional.
Recién entonces se declaró la emergencia ígnea y se anunció el envío de recursos para brigadistas, bomberos y voluntarios. Fueron ellos quienes, desde el inicio, enfrentaron las llamas en condiciones extremas para evitar daños mayores. En ese lapso, ningún funcionario nacional viajó a la zona afectada, una ausencia que no pasó desapercibida entre los habitantes de la región.
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Mientras el fuego seguía activo, el presidente Javier Milei mantuvo una agenda pública intensa lejos de la Patagonia. Hubo viajes al exterior, presencia en festivales y actos políticos, y discursos que no hicieron mención al drama que atravesaban miles de personas. Esa distancia alimentó críticas por la falta de empatía y la demora en asumir el problema como prioridad.
A ese contexto se suma un dato clave: desde el inicio de la actual gestión se recortaron en un 75% los fondos destinados a los programas de lucha contra incendios y al Plan de Manejo del Fuego. La reducción presupuestaria impactó de lleno en la capacidad de respuesta frente a emergencias que, año tras año, se repiten con mayor intensidad en la región.
La comparación con Chile resulta inevitable. Ni Kast dejará de ser de derechas ni Boric abandonará su izquierdismo, pero la decisión de actuar en conjunto frente a una calamidad otorgó mayor tranquilidad a la población y una hoja de ruta clara para la reconstrucción. En Argentina, en cambio, la imagen más cercana del presidente con la tragedia fue una foto generada con inteligencia artificial, donde aparece estrechando la mano de un brigadista, una escena que fue calificada como una “truchada total”.
El fuego sigue encendido en los bosques y también en el debate público. Más allá de las llamas, lo que queda expuesto es cómo cada Estado elige estar —o no— cuando el desastre golpea a sus ciudadanos.














