Un nene entró por una cirugía simple y murió: condenan al anestesiólogo acusado de distraerse

Policiales10/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Anestesiologo acusado de muerte
Anestesiologo acusado de muerte

El nene tenía 4 años y entró al sanatorio para una cirugía “menor” en General Roca. La Justicia declaró culpable al anestesiólogo y este martes se conoce la pena.

La historia de Valentín Mercado Toledo no se cuenta desde el quirófano, sino desde lo que quedó después. El nene tenía 4 años y llegó al Sanatorio Juan XXIII de General Roca, Río Negro, para una cirugía por una hernia diafragmática que, según relataron, se presentaba como “menor”. La intervención terminó con una lesión cerebral gravísima y, una semana más tarde, con un diagnóstico irreversible.

La acusación judicial apuntó al anestesiólogo Javier Atencio Krause (46), a quien el juez Emilio Stadler declaró responsable penal por el homicidio culposo. En el proceso se sostuvo que el médico “se distrajo con el celular” y no advirtió una obstrucción del tubo endotraqueal, un punto que la causa describe como determinante en la falta de oxígeno. La sentencia se completará este martes al mediodía, cuando se conozca la pena.


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En el expediente aparece una línea de tiempo precisa que explica por qué el caso escaló hasta un juicio. Según la acusación, el niño atravesó un tramo de la cirugía con un vacío de datos críticos. La reconstrucción sostiene que registró un período anormal, con falta de registros de presión arterial y oxigenación durante 10 minutos, un lapso que, para la fiscalía, requería detección inmediata.

Ese tramo del procedimiento quedó en el centro del debate porque el juicio incorporó un dato que excede lo simbólico. Durante esos minutos, se comprobó que Atencio Krause utilizó el teléfono y salió del quirófano para buscar el cargador. La acusación remarcó que esa conducta se combinó con la ausencia de vigilancia continua, en una intervención pediátrica donde el monitoreo permanente forma parte de los protocolos básicos.


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El fiscal Gastón Britos Rubiolo llevó al juicio una descripción dura sobre el desempeño profesional del imputado. “El médico anestesiólogo imputado, por su impericia, negligencia, y por no tomar en cuenta la rigurosidad debida que indica el protocolo de actuación, causó la muerte de Valentín”, afirmó durante su alegato. La frase no buscó dramatizar el caso, sino encuadrarlo como una consecuencia directa de una conducta médica que el tribunal consideró reprochable.

En ese mismo alegato, el fiscal explicitó el punto técnico que sostuvo la imputación. “A raíz de una encefalopatía hipóxico isquémica, ocurrida durante la cirugía, atento a que omitió como anestesiólogo a cargo vigilar y prestar la atención anestésica en forma continua”, señaló, y luego detalló el momento puntual del 11 de julio. “El niño registró a las 10.50 del día 11 de julio un período anormal, conforme surge de la planilla del monitor multi-paramétrico, por un lapso de 10 minutos carente de registros de presión arterial y pulsioximetría”, agregó, con una descripción que ubica el corazón de la acusación.


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Mientras ese proceso ocurría puertas adentro, afuera del quirófano la familia vivió otra dimensión del mismo hecho. Los padres, Ariana Toledo y Daniel Mercado, esperaron durante una cirugía que se extendió más de lo previsto y recibieron información que, según relataron en el juicio, no anticipó el cuadro real. La secuencia posterior en terapia intensiva sumó incertidumbre y una cadena de mensajes contradictorios sobre la evolución del nene.

Uno de los abogados de la familia, Miguel Ángel Zeballos Díaz, relató que el sufrimiento no terminó con la operación. “No terminó ahí”, dijo al reconstruir la semana posterior, y describió un clima que una psicóloga mencionó en el juicio como “una estafa emocional”. Esa caracterización apuntó a lo que la familia interpretó como un trato que estiró la esperanza mientras el cuadro ya resultaba irreversible.


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El relato de esa semana muestra por qué el caso también se convirtió en una discusión sobre comunicación médica y acompañamiento. Según lo expuesto, a Ariana le transmitieron que debía esperar, que el nene “evolucionaba” y que el respirador podía retirarse pronto, con advertencias sobre secuelas posibles, pero sin una explicación clara del evento intraoperatorio. En ese marco, la madre volvió a ver a su hijo sedado en terapia intensiva, conectado a tubos y rodeado de monitores, con un panorama que no coincidía con el parte inicial.

El cuadro clínico se deterioró con signos que, según la familia, recién después entendieron como compatibles con muerte cerebral. Valentín convulsionó, tuvo fiebre y recibió diagnóstico de diabetes insípida, y la confirmación final llegó con el paso de los días. En el relato que Zeballos Díaz atribuyó a lo declarado en el juicio, el momento más duro quedó resumido en una frase directa: “mami, lo vamos a desconectar”, que la madre escuchó con su hijo en brazos.


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El proceso judicial avanzó con un sistema acusatorio adversarial, vigente en Río Negro, y se desarrolló en audiencias realizadas en noviembre del año pasado. El juez Stadler consideró responsable penal al anestesiólogo por el homicidio culposo y el 3 de febrero se realizó la audiencia de cesura, donde se discutió el monto de pena e inhabilitación. El fiscal pidió tres años de prisión condicional y diez años de inhabilitación para ejercer la medicina, un planteo que los abogados de la familia acompañaron, mientras la defensa solicitó el mínimo y una limitación específica para la atención pediátrica. Este martes se concorá la sentencia. 

Detrás de los tecnicismos, la causa volvió una y otra vez a la misma imagen que repiten quienes conocieron el caso. “Valentín entró caminando al sanatorio y salió con muerte cerebral”, una frase que condensa el contraste entre una cirugía presentada como “menor” y el resultado final. Esa diferencia, para la acusación, se explica con un tramo de diez minutos sin registros y con una conducta profesional que el tribunal ya consideró culpable.

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