La inteligencia artificial vuelve casi irreconocibles las estafas online y cambia cómo protegerse en Internet

Actualidad10/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Ciberseguridad
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En el Día de Internet Segura, un especialista advirtió que el fraude se apoya en la masividad y que la suplantación con IA vuelve casi imposible detectar engaños, incluso para expertos.

Internet dejó de ser un complemento y pasó a ser el escenario donde se trabaja, se estudia, se compra, se charla y se decide. Ese salto, que parecía una evolución natural, también amplió los riesgos de una vida cada vez más digitalizada, en especial cuando la Inteligencia Artificial empezó a meterse en la manera de engañar. En el Día de Internet Segura, la consigna global vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: qué tan preparados estamos para distinguir lo real de lo fabricado.

La jornada se conmemora hoy con el objetivo de impulsar “una Internet mejor”, donde cada usuario pueda usar la tecnología de forma responsable, respetuosa, crítica y creativa. La iniciativa nació en 2004 y con el tiempo movilizó a millones de personas en distintos países, especialmente con foco en niñas, niños y jóvenes. La efeméride funciona como recordatorio, pero también como señal de época, porque el ecosistema digital acumula capas de complejidad que ya no se resuelven con un consejo simple.


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El mundo en línea se volvió indispensable en la vida cotidiana y las razones están a la vista. El texto remarca ventajas como el acceso directo a educación, la comunicación a distancia con familiares y amigos, las compras online y el acceso a plataformas de ocio, desde películas y series hasta videojuegos. Ese conjunto de beneficios explica por qué cada vez más actividades se trasladan a la pantalla y por qué la exposición al riesgo se vuelve transversal.

En ese escenario, circulan recomendaciones clásicas que siguen vigentes porque apuntan a lo básico: evitar contacto con extraños en redes, no aceptar invitaciones fuera del círculo social, y no compartir información confidencial como dirección, teléfonos, fotos o claves. También aparece un punto concreto que se repite en cualquier guía: usar conexiones seguras y priorizar la navegación desde casa por encima de espacios públicos. Y para niños y adolescentes, el texto insiste en un respaldo esencial: pedir orientación a adultos cercanos.


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El problema es que, en 2026, esas pautas conviven con un salto cualitativo en las técnicas de estafa. En el marco del Día de Internet Segura, se propone reflexionar sobre los desafíos de un ecosistema digital que, a más de 30 años de implementación masiva, llegó a un punto de presión. Allí aparece la mirada de Federico Aragona, especialista de una empresa de seguridad informática, con una advertencia directa: “La ciberdelincuencia avanza mucho más rápido de lo que se puede frenar”.

Según Aragona, el fraude dejó de concentrarse en usuarios con poco conocimiento y empezó a pegar donde antes se suponía que había resguardo. El especialista observó que hoy apunta con éxito a perfiles tecnológicos avanzados, algo que modifica la idea tradicional de “víctima”. En ese marco, explicó por qué el engaño escala: “El negocio general del fraude se basa en la masividad. Lo que buscan quienes lo practican es hacer que la superficie de ataque sea más grande”.


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La masividad, en este caso, no es solo cantidad de mensajes o llamadas, sino multiplicación de puertas de entrada. Un correo, un anuncio, un link, una cuenta falsa, una supuesta confirmación bancaria: cualquier punto puede ser el inicio de una cadena. Por eso, el consejo de “no hacer click” ya no alcanza como frase hecha, porque el fraude aprende a parecer legítimo con detalles cada vez más finos.

El texto menciona metodologías como el phishing, que no cambiaron en su esencia, pero sí en su potencia. Aragona explicó que las técnicas de suplantación mediante IA se volvieron tan reales que casi resulta imposible para un ojo experto discernir la veracidad de un contenido. En esa lógica, el engaño deja de depender de errores groseros y pasa a apoyarse en imitaciones precisas, diseñadas para disparar confianza y apuro.


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Frente a ese avance, el especialista planteó que la protección real no se define solo por software. Aragona sostuvo que la clave pasa por educación, límites éticos y control humano de las decisiones, y lo expresó así: “Las principales herramientas de seguridad estuvieron en la formación y en los límites que nosotros pudimos ponerle a la inteligencia artificial. El futuro está en no perder el concepto. Si bien las tareas son delegadas a la IA, el humano debe conservar la arquitectura de las decisiones”.

El cierre de su mirada vuelve a ubicar la seguridad en un terreno menos técnico y más cotidiano. Aragona concluyó que no se trata únicamente de instalar soluciones, sino de sostener hábitos y criterios frente al uso de datos. Y lo resumió en una frase que corre el eje del miedo hacia la responsabilidad personal: “La seguridad depende de nuestras propias acciones y de hasta dónde permitimos el involucramiento de la tecnología en nuestras vidas”.

Fuente: NA.

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