

En el debate final por la reforma laboral, la entidad advierte por la informalidad y la litigiosidad, y sostiene que el sistema actual “no deja expandirse” a las pymes.


La discusión por la reforma laboral entró en su tramo decisivo y, con el Congreso como escenario, las posiciones empiezan a endurecerse. En ese contexto, la Federación Empresaria del Chubut tomó postura pública y buscó correr el foco del intercambio partidario hacia el impacto directo en la economía real. El eje de su mensaje es claro: sostienen que el régimen vigente funciona como un freno para contratar, invertir y sostener empleo formal.
La entidad parte de una definición política del clima que rodea el proyecto, al que describe como “mal denominado” dentro del debate público. Señala que hubo un intercambio amplio donde “los actores del trabajo, el empresariado y la política” expusieron puntos de vista. Pero plantea que, más allá de esos cruces, el país arrastra un problema estructural: un marco laboral “vetusto” que empuja a un estancamiento de décadas.
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En su argumentación, la federación sostiene que el crecimiento reciente respondió más a circunstancias externas que a reglas locales virtuosas. Pone como ejemplo el hallazgo de Vaca Muerta, que habilitó un salto de actividad y un perfil de inversiones en Neuquén. Al mismo tiempo, marca el contraste con una “galopante tasa de desocupación” en otras regiones del país.
La entidad también menciona los ciclos de altos precios internacionales y el llamado “viento de cola” de los commodities como oportunidades que no cambiaron la base del problema. Según su lectura, esas etapas no reconfiguraron el mercado de trabajo ni corrigieron el marco que regula la contratación. Por eso instala una idea central del texto: existe un “mercado laboral que pide a gritos un cambio de reglas”.
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Desde esa mirada, la federación plantea que la modernización del régimen es “indispensable” para salir del estancamiento y lograr un camino sostenido. El argumento se apoya en una premisa: las pymes son el principal motor del empleo genuino y necesitan previsibilidad para invertir. En ese punto aparece una expresión que sintetiza su crítica: advierten por “costos confiscatorios” y por un sistema “inviable” que obliga a mirar hacia atrás, como en el “espejo retrovisor”.
En el texto, la modernización no se presenta como una reforma contra el trabajador, sino como un reordenamiento del mercado laboral. La federación aclara que no lo entiende como flexibilización, sino como una herramienta para mejorar condiciones y dinamizar el empleo formal. Allí introduce otro eje de preocupación: la informalidad como una “dinámica” que se vuelve cada vez más inquietante.
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La entidad asocia ese cuadro con un proceso de precarización que, afirma, se acentuó en los últimos años. En esa lectura, la ley vigente aparece como un “cepo” que bloquea la expansión de empresas pequeñas y medianas. La conclusión intermedia del planteo es que sin certidumbre y posibilidades reales de inversión, “ningún país es viable” si quienes generan empleo no pueden crecer.
En su análisis, la federación también discute la composición del empleo en el largo plazo. Sostiene que en 20 años no hubo crecimiento del sector privado y, por el contrario, aumentó la “bolsa de trabajo del Estado”. Con esa afirmación, busca reforzar la idea de que el mercado formal no logra absorber demanda laboral y que el Estado termina ocupando un lugar cada vez mayor.
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Otro apartado del texto apunta a la conflictividad y a la litigiosidad, con un señalamiento directo a los tribunales. La federación afirma que los índices crecieron “exponencialmente” y que muchas pymes optan por no incorporar personal ante el riesgo de que la “industria del juicio laboral” las deje al margen. Ese diagnóstico funciona como una advertencia: contratar, en determinadas condiciones, se transforma en un riesgo difícil de administrar para estructuras chicas.
Con ese marco, la entidad presenta el tratamiento parlamentario como una oportunidad para cambiar de rumbo y evitar seguir por la misma ruta. En su cierre, plantea que insistir con el esquema actual conduce al “borde del abismo”, una metáfora con la que busca dramatizar el costo de no tocar reglas de base. La reforma, para la Federación Empresaria del Chubut, aparece entonces como una bisagra posible, no por la coyuntura política, sino por el impacto que atribuye a la economía cotidiana.

















