

La discusión por la reforma laboral dejó una imagen política que excede el resultado legislativo: cuando los números quedan al borde, las provincias dejan de ser espectadoras y pasan a ocupar un rol decisivo. En ese tablero ajustado, Chubut apareció como un reflejo de la división nacional, con posiciones contrapuestas entre sus propios representantes y un equilibrio que mostró hasta dónde llega la disputa política actual.


El comportamiento de los tres senadores chubutenses evidenció una fractura clara dentro de la representación provincial. Mientras dos votos acompañaron el proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei, otro se alineó con el rechazo opositor, configurando un mapa político interno que expone distintas lecturas sobre el rumbo económico y laboral del país. Esa distribución no solo expresó diferencias ideológicas, sino también estrategias parlamentarias frente a un escenario de negociación permanente.
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La tensión no se limitó al recinto. Afuera del Congreso, manifestaciones contra la iniciativa derivaron en incidentes con destrozos y ataques con bombas molotov contra agentes policiales, lo que obligó a reforzar la seguridad en los alrededores del Palacio Legislativo. Esa presión externa dialogó con el clima intenso que atravesó la sesión, donde cada intervención buscó inclinar una balanza que permanecía abierta hasta el final.
Dentro de la Cámara Alta, el debate se extendió durante más de doce horas y terminó con una votación que confirmó la polarización política. El oficialismo reunió 42 votos afirmativos frente a 30 negativos, un margen que dejó en evidencia la importancia estratégica de cada banca provincial. En ese contexto, las posiciones individuales adquirieron un peso específico que en otras sesiones podría pasar desapercibido.
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El senador Carlos Linares, de Unión por la Patria, votó en contra de la reforma laboral, acompañando la postura mayoritaria de su bloque. El espacio opositor sostiene que el proyecto introduce cambios regresivos en materia de derechos laborales y anticipó que continuará cuestionando su avance en el Congreso. Su voto reflejó la resistencia que el peronismo mantiene frente a las propuestas económicas impulsadas por el Ejecutivo nacional.
En sentido contrario, Andrea Cristina, representante del PRO, apoyó la iniciativa y se sumó al grupo de legisladores que respaldó la media sanción. Su posición coincidió con el acompañamiento que parte del PRO brindó al proyecto oficialista, consolidando alianzas parlamentarias que resultaron determinantes en una votación de margen reducido.
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El tercer voto provincial también inclinó la balanza hacia el oficialismo. Edith Terenzi, senadora de Cambio Federal, votó afirmativamente y su decisión terminó integrada en el bloque que permitió alcanzar el número necesario para la aprobación. En escenarios con diferencias mínimas, cada apoyo adquiere una dimensión política mayor, especialmente cuando proviene de espacios que no integran el núcleo duro del Gobierno.
La sesión maratónica comenzó a las 11 de la mañana y se extendió hasta pasada la una de la madrugada del jueves, con intervenciones cruzadas entre oficialismo y oposición. La última oradora antes de la votación fue Patricia Bullrich, en un cierre que sintetizó el tono confrontativo que marcó la jornada. El resultado final dejó un Senado dividido frente a una reforma que sigue generando fuertes posiciones contrapuestas.
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Más allá del conteo final, la jornada dejó una lectura política clara: en votaciones ajustadas, las bancas provinciales dejan de responder solo a su pertenencia partidaria y pasan a jugar como piezas estratégicas dentro de un esquema de negociación permanente. La reforma laboral continuará su recorrido legislativo, pero la escena que dejó el Senado ya anticipa un debate intenso en las próximas etapas parlamentarias.

















