
Lo que cambiará en el trabajo y por qué el Gobierno dice que bajará la informalidad
Política12/02/2026
REDACCIÓN
En Radio Mitre, Federico Sturzenegger detalló la reforma laboral con media sanción y ordenó la discusión en tres ejes: juicios, convenios y “carancheo” sobre el salario. Dijo que busca formalizar empleo.


La entrevista a Federico Sturzenegger en Radio Mitre no giró solo alrededor de una votación en el Senado, sino alrededor de una promesa concreta: que la reforma laboral con media sanción impacte en el empleo formal. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado insistió en que el cambio apunta a un problema estructural y lo sintetizó sin rodeos: “la mitad de los trabajadores en Argentina son informales”. En ese mismo tono, sumó otro dato para justificar el empuje político: “Argentina hace una década que no crea puestos de trabajo formales”.
Sturzenegger planteó que el proyecto “vasto” reúne modificaciones de distinta naturaleza y que, por eso, busca explicarlo por partes y con ejemplos simples. Antes de entrar en medidas puntuales, eligió abrir con una lectura política del momento y celebró la media sanción como una excepción en la historia reciente. “Es la primera vez en desde el retorno de la democracia que logramos un cambio de un proyecto vastísimo”, afirmó, y lo ubicó en una serie de iniciativas que, según describió, imprimen un ritmo de reformas en los primeros días de febrero. Esa presentación marcó el encuadre: no habló de un ajuste de detalles, sino de una reconfiguración del marco laboral.
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El ministro también se detuvo en el armado previo, con una lista de nombres y equipos que, según dijo, trabajaron para llevar el texto al recinto. Mencionó a Sandra Prieto Velo, a Julio Cordero y a Guillermo Comadira, y remarcó que este último empujó lo que describió como la pieza más determinante del proyecto. En paralelo, ubicó el trabajo del Consejo de Mayo como una especie de “guía” del articulado y afirmó: “lo que se aprobó es prácticamente lo que habíamos presentado hoy”. Con esa frase buscó mostrar continuidad entre el documento negociado y el dictamen votado.
Cuando pasó al contenido, Sturzenegger ordenó la reforma en tres líneas y evitó ir directo a un único punto polémico. Dijo que el texto avanza sobre la “industria del juicio”, sobre el modo en que se negocian los convenios y sobre el “carancheo” que, en su visión, le muerde recursos a la relación laboral. Esa enumeración no fue decorativa: cada bloque, según explicó, busca reducir incertidumbre y permitir acuerdos más cercanos a realidades regionales o empresariales. En ese marco, eligió arrancar por lo que consideró más asfixiante para empleadores grandes y chicos: la litigiosidad.
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Sobre la “industria del juicio”, aclaró que la reforma no toca la indemnización base y lo dijo de manera explícita para despejar el argumento de un recorte directo al trabajador. “No es que el trabajo trabajador va a perder la posibilidad de tener su indemnización”, sostuvo, y reforzó: “la indemnización que es un mes” no cambia. El problema, según su lectura, aparece después, con actualizaciones judiciales y mecanismos que inflan montos y vuelven imprevisible el resultado, cuando se aplican tasas que comparó con inversiones imposibles: “los jueces te usaban unas tasas como si hubieras invertido la plata, no sé, en Bitcoin”.
En ese mismo bloque, describió cambios para acotar incentivos y tiempos procesales, con menciones específicas a peritos y costas. Puso como ejemplo el esquema donde los peritos cobran un porcentaje de la sentencia y lo graficó con una frase que buscó dejar en evidencia el incentivo: “cobraban un porcentaje de la sentencia. De lo que ellos mismos dictaminaban”. También habló de un sistema para evitar que litigios se estiren indefinidamente y mencionó la “caducidad de instancia” como herramienta para obligar a definiciones más rápidas. En esa lógica, agregó que, si el juicio resulta un dislate, se redistribuyen costas y se incorpora responsabilidad solidaria del abogado patrocinante.
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El segundo eje, según Sturzenegger, apunta al corazón del mercado laboral argentino: la negociación colectiva con alcance único. Dijo que el país funciona con una “única negociación” que se impone a realidades productivas diferentes y usó un ejemplo extranjero para explicar el daño: la brecha entre el norte y el sur de Italia. Describió el mecanismo con una imagen simple: “es como una una sola medida de zapato para muchos pies diferentes”, y lo tradujo a un problema federal, donde acuerdos salariales pensados para regiones más ricas expulsan empleo en zonas con otra productividad. En esa línea, contó que gobernadores le transmitieron un alivio cuando escucharon la propuesta y citó una reacción que presentó como textual: “Bueno, finalmente”.
Para que esa “federalización del trabajo” funcione, explicó un cambio de jerarquía normativa que definió como “prelación”. Lo describió con términos directos: el convenio “inferior” puede prevalecer sobre el “superior”, de modo que un acuerdo por empresa o región se imponga sobre el nacional cuando las partes lo construyen. Afirmó que eso no obliga a ninguna firma a hacerlo, pero abre la posibilidad y, según dijo, también permite que los gremios nacionales habiliten flexibilización de sus propias bases. En ese mismo tramo, metió una pieza complementaria: la cláusula vinculada a la representación para que esa negociación más chica tenga sostén, algo que vinculó al nombre de Comadira y a la posibilidad de sindicatos de empresa.
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El tercer capítulo, al que volvió varias veces en la charla, fue el “carancheo” sobre el salario, y ahí incluyó al Estado y a los gremios. Dijo que la presión impositiva desalienta contratar y que el proyecto incorpora una baja en aportes patronales y un esquema para nuevas contrataciones, al que llamó RIFLE, además de un mecanismo para sostener recursos en un fondo que dé previsibilidad. En el plano sindical, destacó el cambio sobre “ultraactividad” y el tope para contribuciones: “llegaba al 7%” y ahora queda “del 2%”, según su explicación. Con la misma lógica, sostuvo que el recibo de sueldo empezará a transparentar cargas que hoy quedan invisibles: “ahora va a quedar en el recibo de sueldo, o sea, que cada uno va a tener conciencia de lo que está ocurriendo”.
Las preguntas de oyentes empujaron el detalle fino y Sturzenegger usó esos intercambios para reforzar el argumento de “adaptar” la ley a prácticas ya instaladas. Sobre vacaciones, dijo que el fraccionamiento ocurría en la práctica, pero sin respaldo legal y con contingencias, y lo resumió así: “la ley pasa a reflejar lo que yo ocurría” y “hacemos que sea legal lo que ya todo el mundo hacía”. Sobre horas extra, respondió que no desaparecen y que el “banco de horas” habilita compensaciones cuando un acuerdo define otra distribución semanal, sin convertir toda diferencia en extra. Y sobre licencias por enfermedad, explicó el cambio de porcentajes: “va a ser un 75% y no al 100” en un caso, y “en ese caso ahora… es el 50%” cuando media una acción activa del trabajador, con la intención de reducir abusos y licencias eternas, según su mirada.















