
Entre incendios, minería y pueblos que se vacían: una mirada incómoda sobre el futuro de Chubut
Chubut12/02/2026
REDACCIÓN
El análisis sobre el rumbo productivo de Chubut instala preguntas que atraviesan territorio, empleo y recursos naturales. En una entrevista con #LA17, el ex subsecretario de Desarrollo Minero de la Nación, Mario Capello, planteó que la discusión ambiental y económica se encuentra atrapada en posiciones rígidas que, según su visión, impiden abordar soluciones estructurales frente a problemas que se repiten año tras año.


El problema, según Mario Capello, no arranca en una consigna ni en una audiencia pública, sino en un dato que se repite cada verano: el fuego aparece, la reacción llega tarde y la provincia vuelve a discutir lo mismo con el humo todavía en el aire. En diálogo con #LA17, el ex subsecretario de Desarrollo Minero de la Nación y ex diputado nacional ubicó la cuestión en un terreno incómodo, porque no habló solo de ambiente, sino de capacidad estatal, inversión y consecuencias sociales. Su planteo trazó una línea directa entre prevención, recursos y un modelo de discusión pública que, a su juicio, se organiza más por miedo que por evidencia.
Capello insistió en que hoy existen herramientas para anticipar incendios y que el problema no se explica por falta de tecnología disponible. En ese tramo, describió un escenario donde se puede seguir la temperatura de superficie con monitoreo y software y adelantarse a los focos, pero el punto crítico vuelve a ser la preparación material. En su frase más cruda, advirtió: “cada vez que no tienen un avión hidrante, que no tienen estas bombas, estos camiones hidrantes, no, no, no hay nada”, y completó la idea con una imagen repetida en Chubut: equipamiento que falta, ayuda que llega de otros lugares y emergencias que se tratan como si fueran excepcionales.
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Esa lectura lo llevó a revisar una pregunta que atraviesa varias actividades económicas: de dónde salen los recursos y por qué no se traducen en infraestructura permanente. Capello recordó el tiempo de los ingresos extraordinarios de la industria petrolera y detalló cómo se repartían las regalías: “El 16% se repartía entre todos los municipios de la provincia y el 84 iba el gobierno provincial”. Su crítica no se detuvo en el reparto, sino en la ausencia de una obligación de destino, porque planteó que con fondos extraordinarios se podrían sostener asignaciones extraordinarias para prevención, logística y respuesta rápida frente a catástrofes ambientales.
Con ese puente armado entre incendios e inversión, se metió en el corazón del debate que más divide: la minería y el modo en que se discute en Chubut. Para Capello, el problema no pasa únicamente por aprobar o rechazar un proyecto, sino por el tipo de conversación pública que se consolidó cuando se intentó abrir la actividad. De manera frontal, recordó el clima de aquel conflicto y dijo: “esta gente que venía de Esquel no se podía hablar, eran fanáticos”, una frase que usó para describir un bloqueo de diálogo que, según su mirada, aparece cuando una parte se posiciona con una “verdad revelada” y transforma al que piensa distinto en enemigo.
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En ese punto, definió a esos grupos con un concepto que eligió repetir y explicar: “sectas pseudoambientales”. Para sostener la idea, enumeró rasgos típicos de una secta —grupos cerrados, conducción vertical, captación— y marcó el mecanismo que considera más dañino: “Generalmente meten mucho miedo”. Su argumento se apoyó en el efecto social de ese miedo, porque dijo que la gente escucha alertas sobre contaminación o pérdida de agua y se retrae, mientras un núcleo fanatizado queda como ejecutor de acciones que, en su mirada, terminan generando empobrecimiento.
Capello llevó esa discusión a un plano cultural y ético, citando a Bauman y a Donskis como una forma de explicar por qué el daño no siempre se ve en grandes conflictos, sino en gestos cotidianos. Mencionó el libro “Ceguera Moral” y sostuvo que el mal se expresa en la falta de empatía, en excluir y negar el sufrimiento ajeno. A partir de esa referencia, vinculó la oposición ideológica a actividades económicas con una indiferencia concreta frente a la precariedad de miles de chubutenses, y remarcó que conoce la meseta y también el Gran Madryn, el Gran Trelew y Comodoro Rivadavia, donde —según describió— hay personas que la pasan “muy mal, pero muy, muy mal, por falta de trabajo”.
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Esa idea se volvió más terrenal cuando habló de la meseta central como un territorio que se vacía y empuja migración interna. En uno de los pasajes más sensibles, describió condiciones de vida que obligan a moverse por razones básicas de salud y acceso a servicios, al punto de afirmar que cuando una joven queda embarazada y no tiene red familiar en una ciudad más grande, el riesgo se vuelve extremo. En su diagnóstico, ese cuadro no responde a mala suerte ni a discurso, sino a una falta estructural de inversión que deja a la región sin densidad social ni oportunidades sostenibles.
Desde ahí, saltó al contexto global para discutir por qué la minería se volvió un tema estratégico para el mundo, independientemente de la grieta local. Ubicó un giro a partir de 2015 con el Acuerdo de París y la decisión de más de 196 países de empujar energías renovables y electromovilidad, lo que disparó la demanda de “minerales críticos”. En esa lista incluyó uranio, cobre, plata y oro, y sostuvo que los precios se movieron fuerte, con un énfasis en la dificultad de reemplazar al cobre y en el rol de la plata en tecnologías vinculadas a energías limpias, además del retorno del oro como refugio financiero.
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El entrevistado conectó esa demanda global con un argumento que en la charla aparece como provocación: si el mundo necesita esos minerales, por qué se naturaliza que Chubut, teniendo recursos, permanezca inmóvil. En ese tramo, insistió en que los eslóganes reemplazan discusiones técnicas y colocó la figura de un “dios ambiental” como objeto de adoración simbólica que vuelve intocable cualquier contrapunto. Su intención fue subrayar que, para él, el problema no es querer cuidar el ambiente, sino usar esa bandera de manera “falsa” para bloquear inversiones que podrían modificar el mapa social de la provincia.
Para reforzar ese contraste, aportó una escena internacional que buscó romper el imaginario local: contó su visita a un área cercana a Melbourne, en Australia, donde describió una ciudad ordenada, con conservación edilicia y paisaje atractivo, que al mismo tiempo sostiene producción de oro. Lo que le interesó resaltar no fue el detalle técnico, sino la convivencia territorial y social, incluso con procesos que mencionó sin rodeos, incluyendo el tratamiento del mineral y la cercanía con zonas residenciales de alto poder adquisitivo. Con ese ejemplo, planteó su pregunta central: por qué en otros lugares esas operaciones existen con controles y en Chubut el miedo funciona como veto absoluto.
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La entrevista también dejó una crítica hacia el modo en que se gestiona parte de la infraestructura turística provincial, porque Capello mencionó a La Hoya y al “trencito” y cuestionó que los ingresos de temporada alcancen para cubrir costos operativos, mientras el resto lo sostienen los chubutenses. Su planteo apuntó a una discusión más amplia sobre eficiencia del gasto, participación privada y estándares de turismo internacional, que —según dijo— se construyen “con plata” y no con consignas. En esa misma línea, insistió en que la provincia tiene recursos para hacerlo, pero que el freno vuelve a aparecer en decisiones políticas y en resistencias ideológicas.
Lejos de cerrar con una consigna simple, Capello dejó una idea transversal que une todos sus ejes: incendios, meseta, turismo y minería forman parte del mismo problema cuando no hay inversiones estables ni estrategia de largo plazo. Su mirada —polémica y confrontativa— empuja la discusión hacia una pregunta que incomoda: cuánto cuesta sostener el “no” como identidad, cuando al mismo tiempo se multiplican emergencias ambientales, falta de trabajo y migración interna. En el aire queda un debate que Chubut conoce de memoria, pero que esta vez apareció amarrado a un diagnóstico más amplio sobre recursos, prevención y futuro territorial.





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