La pesca artesanal en Valdés, entre la ciencia, la subsistencia y un futuro incierto

Chubut12/02/2026Sergio BustosSergio Bustos
Pesca artesanal
Pesca artesanal.

Durante décadas, la pesca artesanal en la Península de Valdés fue mucho más que una actividad económica. Para decenas de familias, significó un modo de vida, una identidad ligada al mar y una forma de habitar la costa chubutense. Ese entramado, atravesado por la naturaleza, el trabajo y la presencia del Estado, volvió a quedar en primer plano a partir de un nuevo enfoque científico.

Investigadores del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos y del Observatorio del Sistema Pesquero Argentino trabajan desde hace años junto a pescadores artesanales, autoridades y técnicos. El objetivo no se limita a medir recursos, sino a comprender cómo se sostienen las pesquerías costeras y qué impacto real tienen en las comunidades que dependen de ellas.

Ana Cinti, investigadora del CONICET e integrante del CESIMAR, forma parte de ese equipo interdisciplinario. Su trabajo se apoya en una historia larga de cooperación entre ciencia y pescadores. “Acá se viene trabajando hace décadas, no solo desde lo biológico o ecológico, sino también en el manejo conjunto con los actores del territorio”, explica.


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Durante 2024, el equipo incorporó un enfoque poco explorado hasta ahora en la región: un estudio social y económico centrado en las familias que viven de la pesca artesanal. La investigación buscó correr el eje exclusivo del recurso para mirar las condiciones de vida, los ingresos y la percepción que los propios pescadores tienen sobre el manejo de la actividad.

“El foco estuvo puesto en cómo viven los pescadores, cuáles son sus condiciones de vida, de qué dependen sus ingresos y cómo perciben ellos mismos el manejo de la actividad”, señala Cinti. El trabajo incluyó encuestas realizadas a lo largo de casi todo el año y el análisis de estadísticas de ingreso de mariscos a una de las principales plantas receptoras de producción artesanal.

Los resultados se devolvieron directamente a los pescadores, en una instancia pensada para validar la información y fortalecer el diálogo. De ese proceso surgió un informe técnico que permitió dimensionar con mayor precisión el peso de la actividad en los hogares. En muchas familias de Puerto Madryn y la Península, entre el 50% y el 70% de los ingresos provienen directamente de la pesca artesanal.


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El estudio también mostró la diversidad de estrategias que permiten sostenerse en un contexto inestable. Los pescadores no dependen de una sola modalidad: combinan marisquería por buceo, pesca de costa con redes de cerco, recolección a pie conocida como pulpeo y otras actividades complementarias que se activan según la temporada.

En los últimos años, algunos lograron incluso diversificar fuera del mar. “Hay quienes no solo venden lo que capturan, sino que armaron food trucks, pequeños restaurantes o emprendimientos más grandes vinculados al producto pesquero”, cuenta la investigadora. Esa salida aparece como una respuesta a la variabilidad de los recursos y a la fragilidad de los ingresos.

En paralelo al estudio social, 2025 marcó un punto sensible para la pesca artesanal: la reanudación de los relevamientos de vieira tehuelche en el Golfo San José, interrumpidos desde 2017. Los estudios, financiados por la Secretaría de Pesca y realizados junto a pescadores, permitieron estimar la disponibilidad real del recurso.


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“El relevamiento se hace mediante transectas subacuáticas. Se bucea, se cuenta y se registra de manera sistemática”, detalla Cinti. Los pescadores participan activamente, aportando su conocimiento del mar. Los resultados fueron preocupantes: la abundancia de vieira resultó muy baja, con bancos aislados que no alcanzan para sostener una pesquería activa.

Históricamente, la mayor concentración se ubicaba en sectores de la costa norte del golfo, como Bengoa, San Román o La Baliza. Hoy, incluso en esas zonas, la situación es crítica. “La temporada pasada fue mala, y eso ya lo sabían porque están en el agua todo el tiempo”, reconoce.

La escasez no responde a una sola causa. La vieira tiene una dinámica muy variable, influida por temperatura, corrientes y reclutamiento larval. “Hay años muy buenos, años muy malos y años intermedios. Eso es parte de la ecología del recurso”, aclara Cinti. A ese componente se suma el manejo pesquero y los controles, que en el pasado mostraron debilidades.


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Tras presentar los resultados, la Secretaría de Pesca convocó a permisionarios y tripulaciones para discutir medidas. De ese intercambio surgió la designación de un veedor, un pescador legitimado por el propio sector, encargado de colaborar en el control de capturas en playa. La figura, ad honorem, surgió ante la falta de recursos estatales. “Algo que se había planteado otras veces y nunca se había concretado”, señala la investigadora.

Otro eje sensible del estudio fue la informalidad laboral. En diciembre de 2024, el CENPAT organizó un taller con organismos como Prefectura, SENASA, Secretaría de Pesca y Parques Nacionales para discutir barreras de formalización. “Los permisionarios suelen estar más formalizados, pero la tripulación, buzos y marineros, en general trabaja en la informalidad”, explica Cinti.

La pesca artesanal en Península Valdés expone así un escenario complejo: dependencia económica del recurso, alta variabilidad ambiental, controles frágiles y trabajadores sin cobertura formal. En ese contexto, la ciencia empieza a correr el foco para mirar no solo cuánto hay en el mar, sino cómo viven quienes dependen de él.

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