De 90 litros por año a menos de 16: el vino pierde lugar en la mesa argentina

Actualidad20/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El consumo per cápita cayó a 15,7 litros y preocupa al sector vitivinícola. Cambios de hábitos, crisis económica y nuevas bebidas explican el retroceso.

Consumo de vino
Consumo de vino

El vino, durante décadas símbolo cotidiano en la mesa argentina, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. Lo que en los años setenta y ochenta era un consumo casi cultural, hoy se convirtió en una cifra que alarma al sector productivo. El promedio anual por persona pasó de 90 litros a apenas 15,7.

El dato fue expuesto por el presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), Mario González, quien sintetizó el contraste con una frase directa: “En la década del 70, 80, se tomaban 90 litros per cápita en Argentina. Hoy estamos en 15,7”. La caída no responde a un fenómeno aislado, sino a un proceso prolongado.

Según explicó el dirigente, la tendencia descendente lleva más de quince años. “Más allá de estos datos, por supuesto que alertan en el último año y que vienen arrastrados durante los últimos quince años”, sostuvo. El cambio no es exclusivo del país, sino que forma parte de transformaciones globales en el consumo de bebidas alcohólicas.

Durante décadas, una copa de vino formaba parte habitual del almuerzo o la cena familiar. Esa escena fue modificándose con el ritmo de trabajo y los hábitos urbanos. Las jornadas extendidas fuera del hogar y la practicidad de otras opciones fueron desplazando al vino del consumo diario.


OTRAS NOTICIAS:

dolaresEl dólar cae y el Central suma USD 2.400 millones en 2026


González lo describió con una imagen concreta: “Imagínense 30 años atrás, en donde quizás en la mesa de todos los argentinos, un mediodía de cualquier día de trabajo, existía una copa de vino. Y eso fue mutando”. En ese espacio crecieron las aguas saborizadas, las gaseosas y, en celebraciones y encuentros sociales, la cerveza.

El sector intentó resistir la caída con estrategias comerciales. Los precios se mantuvieron bajos y en algunos casos los márgenes fueron mínimos o negativos. “La industria hizo un esfuerzo enorme por mantenerse en el mercado”, señaló el titular de COVIAR, aunque reconoció que ese esquema solo resulta sostenible a corto plazo.

El mercado interno sigue siendo determinante para la vitivinicultura. Cerca del 75% de la producción se destina al consumo local y el 25% restante a exportaciones. Aun así, el retroceso impacta en toda la cadena productiva, desde pequeños productores hasta grandes bodegas.

La coyuntura económica también pesa. El vino, como producto que excede lo esencial, se resiente en contextos de recesión. González fue claro al respecto: “Es urgente, lógico, que la economía se estabilice”, porque el poder adquisitivo influye de manera directa en el consumo.


OTRAS NOTICIAS:

Alexis GregoratUn chubutense nadará en aguas bajo cero y sin traje térmico


En paralelo, surgieron intentos de adaptación a nuevas generaciones. El vino se presenta en formatos más descontracturados, con opciones para mezclar con soda o hielo y propuestas orientadas a públicos jóvenes. El objetivo es recuperar terreno sin perder identidad.

A pesar del escenario adverso, el dirigente subrayó que Argentina mantiene relevancia internacional. El país figura entre los principales productores y exportadores del mundo. Sin embargo, el desafío central sigue siendo doméstico: volver a conquistar una mesa que alguna vez fue territorio indiscutido del vino.

Te puede interesar
Suscribite al newsletter de #LA17