La matemática no da miedo sola: el problema empieza antes de la prueba

PODCASTS Radio Francia Internacional24/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Una especialista chilena explica en un podcast de RFI cómo el miedo a la matemática afecta el aprendizaje, qué lo alimenta y qué prácticas ayudan a revertirlo.

Estudiar matemáticas. Foto Freepik
Estudiar matemáticas. Foto Freepik

En un aula, en la mesa de la cocina o frente a una hoja en blanco, a muchos chicos se les acelera el pulso antes de escribir un número. Según el podcast “Salud y bienestar” de Radio Francia Internacional (RFI), esa reacción tiene nombre y no es un capricho: se llama “ansiedad matemática”. La académica chilena Claudia Vargas Díaz, de la Universidad de Santiago de Chile, advierte que ese temor se instala temprano y condiciona decisiones que después parecen “vocacionales”.

La escena se repite con una frase que suena inofensiva y termina pesada: “yo no era bueno para matemáticas”. En la entrevista, Vargas describe ese mecanismo como una huella emocional que se reactiva cada vez que aparece un ejercicio, una clase o una evaluación. “La ansiedad matemática es ese temor, miedo que aparece cuando la persona se relaciona con actividades que involucran matemáticas”, explica, y agrega que ese estado “puede afectar al rendimiento” y a tareas cotidianas que también se apoyan en números.

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El problema no siempre arranca con los contenidos, sino con la forma en que se vive la experiencia de aprendizaje. Vargas pone el foco en las vivencias que dejan marcas: “Las experiencias son las que determinan estas emociones”, afirma, y señala que un episodio de “estrés o de frustración” durante una clase o una prueba queda asociado al recuerdo. Ese registro vuelve en la adultez y alimenta el rechazo, incluso cuando la persona intenta evitar cualquier carrera “que no tuviera matemática”.


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En el relato, la matemática aparece como algo inevitable, aun para quienes la esquivan. “La matemática está presente desde que nacemos hasta que nos vamos de este mundo”, dice Vargas, y lo traduce con ejemplos simples: cuando un bebé nace lo miden, lo pesan, comparan parámetros y sacan cuentas para evaluar salud. La idea, insiste, no busca sermonear sino mostrar que el vínculo con los números atraviesa la vida diaria sin pedir permiso.

Para romper esa relación tóxica, la especialista propone otro camino: cambiar el modo de entrar al tema. En el podcast cuenta cómo trabaja con chicos en espacios de divulgación y plantea un giro concreto: “Yo digo, los invito a vivir la matemática, pero de una manera en que ellos disfruten”. La apuesta se apoya en actividades donde se manipula, se juega, se prueba, y la matemática deja de ser castigo para volverse herramienta.


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Ese enfoque, sostiene, se puede medir en resultados subjetivos que impactan en el aprendizaje. Vargas describe cambios en la autoeficacia de los alumnos después de experiencias con la matemática fuera del formato tradicional. “Lo hemos podido medir también”, cuenta, y menciona comparaciones con test similares a los que se usan en evaluaciones internacionales, donde los chicos “se han sentido más autoeficacia”.

El peso de lo emocional no queda encerrado en el aula: se filtra en la casa y se hereda como frase. Vargas advierte que muchas veces la inseguridad adulta termina contaminando a los hijos con una sentencia de derrota. “Muchos padres dicen: no era bueno para matemáticas, también mis hijos no lo van a hacer”, señala, y pide frenar esa profecía que se cumple por repetición más que por capacidad.


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En ese punto, la entrevista se mete en un territorio sensible: género y oportunidades. Vargas insiste en que hay talento, pero falta acompañamiento y modelos visibles, sobre todo para chicas que miran carreras STEM como un territorio ajeno. “Son pocas mujeres en ingeniería”, plantea, y remarca su decisión de sostener a quienes se animan: “Estas niñas tengo que ayudarlas, tengo que potenciarlas”.

También discute el prejuicio instalado de que las mujeres “no son buenas” para esta disciplina. La académica responde con historia y con nombres: “Hay muchas mujeres buenas”, sostiene, y recuerda figuras invisibilizadas en el relato clásico. Entre los ejemplos, menciona a Teano, ligada a la escuela pitagórica, y deja una idea provocadora sobre cuánto conocimiento quedó sin firma femenina.


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El problema, además, no se explica solo por voluntad individual: aparece una brecha estructural en cómo se valora la docencia y cuánto se invierte en investigación. Al comparar con países asiáticos, Vargas apunta a un punto central: “Allá, el profesor es muy bien valorado”. En cambio, describe escenarios de recursos escasos, desgaste laboral y deserción docente, con profesores de matemática que “al tercer año” dejan el aula por condiciones adversas.

Para cerrar, el podcast deja un mensaje práctico, lejos de la épica y más cerca de la prevención: trabajar lo socioemocional como política educativa. “Sí se pueden dar herramientas a los profesores, a los ministerios, para trabajar en el aspecto socioemocional”, dice Vargas, y remarca la urgencia de empezar temprano. “Dar oportunidades para que los niños jueguen, manipulen y tengan la posibilidad de tocar la matemática desde muy niños es superimportante”, afirma, y sueña con espacios tipo museo-laboratorio para familias y escuelas, replicables en toda la región.

Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional

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