Las bandas criminales suman chicos por redes y el miedo se mete en los barrios colombianos

PODCASTS Radio Francia Internacional24/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Una referente de Vamos Mujer advierte en un podcast de RFI que grupos armados captan menores por redes sociales, denuncia subregistro y pide protección más firme.

Jóvenes criminales en Colombia. Foto El Espectador
Jóvenes criminales en Colombia. Foto El Espectador

En el podcast “Escala en París” de Radio Francia Internacional (RFI), una dirigente social de Medellín describe un reclutamiento que ya no necesita patrullas ni retenes para acercarse a los adolescentes. La directora de la organización feminista Vamos Mujer, Cristina Ríos Rodas, sostiene que el salto tecnológico cambió la puerta de entrada. “El reclutamiento de menores no se hace con fusil, sino a través de las redes sociales”, advierte en la entrevista.

El planteo aparece en un momento cargado para Colombia: se cumplen diez años de los Acuerdos de Paz y el calendario suma un año electoral con legislativas el 8 de marzo y presidenciales el 31 de mayo. En ese marco, Ríos Rodas marca un crecimiento de integrantes en grupos armados y un contexto territorial más áspero, con expansión de estructuras ilegales. La dirigente insiste en que esa dinámica deja consecuencias directas en comunidades que conviven con nuevas formas de control cotidiano.

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El diagnóstico no se centra solo en el delito, sino en cómo se reinstala la violencia en la vida diaria aun cuando bajan algunos indicadores duros. Ríos Rodas reconoce una reducción de homicidios, pero describe un “balance amargo” en Antioquia por el avance de grupos armados ilegales. “Se incrementó precisamente el control territorial y social de estas estructuras criminales y con una expansión muy fuerte en Antioquia”, señala.


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La entrevista ubica el problema del reclutamiento dentro de una trama más amplia de dominación social. La referente sostiene que las bandas disputan autoridad a instituciones locales y hasta intervienen en discusiones comunes. “Empiezan a romper el tejido social (...) empiezan incluso a controlar hasta los conflictos vecinales”, denuncia, y vincula ese fenómeno con extorsión, violencia sexual y trata.

Cuando se habla de números, el relato choca con un límite: las estadísticas oficiales no alcanzan para dimensionar el alcance real. Según el recorte citado en el programa, en 2024 la ONU registró 450 casos, mientras Indepaz anotó 376 en Cauca y 39 en Antioquia. Para Ríos Rodas, el punto central no es la comparación, sino lo que queda afuera: “Hay un subregistro muy fuerte (...) los datos pueden ser hasta triplicados”.


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Ese “subregistro”, sostiene, se explica también por el modo en que operan los captadores y por el silencio que imponen en los entornos cercanos. En su descripción, el contacto no siempre llega con amenazas visibles, sino con promesas y vínculos que simulan afecto. “El reclutamiento no es necesariamente a través del fusil o de la fuerza, sino también hay otras estrategias (...) a través del enamoramiento, las redes sociales, el ofrecimiento de empleos”, relata.

Desde su mirada, esa modalidad amplifica el riesgo porque se vuelve menos detectable para familias, docentes y comunidades. La dirigente insiste en que el fenómeno ya no se lee como episodios aislados, sino como una urgencia extendida. “Consideramos que la situación es de emergencia nacional”, afirma, y vuelve sobre esa idea cuando describe el alcance territorial del problema.


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El trabajo de Vamos Mujer se inscribe, según cuenta, en una construcción de paz con perspectiva integral y comunitaria. “Para nosotras la paz es precisamente poder tener una vida digna, una vida digna para las mujeres, pero también para los ecosistemas y las comunidades”, explica, y menciona herramientas como ecofeminismo, agroecología y protección del agua. En paralelo, remarca redes de apoyo para exigir el derecho a una vida libre de violencias.

Pero la entrevista también expone un límite político que, para Ríos Rodas, debilita cualquier avance: la falta de participación efectiva de la sociedad civil en los procesos de paz regionales. “La participación de la sociedad civil en esos diálogos no ha estado”, sostiene, y conecta esa ausencia con reglas poco claras. “Hay una falencia o un desafío en términos del marco jurídico que pueda soportar esos diálogos”, precisa.


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Frente a ese escenario, las organizaciones de mujeres ensayan respuestas desde la prevención, con entornos protectores y acciones de sensibilización, aunque reclaman respaldo estatal más firme. Ríos Rodas pide un sistema que llegue con recursos, presencia y continuidad en los territorios, sobre todo en un año atravesado por elecciones. “Se requiere de una estructura de protección mucho más robusta y más contundente”, afirma, y completa su llamado con una idea de fondo: “La paz se construye precisamente en los territorios desde abajo, la paz tiene que tener una cabida en la vida cotidiana que pueda transformar esas estructuras mentales de militarización y de guerra”.

Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional

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