
Mascotas, alquileres y peleas de pasillo: el problema que desborda a muchos edificios
Enfoques24/02/2026
REDACCIÓNEn Puerto Madryn crecen los edificios y también los roces por mascotas, limpieza y usos comunes. Una firma local propone reglas internas y un encuentro para profesionalizar.

En Puerto Madryn, la postal de los últimos años suma torres, complejos y propiedades horizontales que cambian el modo de vivir. Con más vecinos puerta con puerta, aparecen roces que antes quedaban en una charla de vereda y ahora se discuten en pasillos, cocheras y ascensores. En ese contexto, una empresa local puso sobre la mesa un tema sensible: cómo se convive en un edificio cuando entran en juego mascotas, limpieza y normas internas.
El planteo lo llevó al aire Gastón Rotela, integrante de R&M Servicios Integrales, un emprendimiento que trabaja como administrador de consorcios y busca instalar una idea simple: evitar conflictos antes de que exploten. “Lo principal es actuar antes. Nosotros podemos estar antes de que se genere un conflicto, un problema”, explicó, al describir el eje de su propuesta.


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Rotela apuntó a la vida cotidiana en espacios compartidos, donde lo privado se filtra por paredes, pisos y horarios. Habló de la cochera, el hall, los pasillos, la terraza y hasta la basura como puntos de fricción, y puso un ejemplo que cualquier vecino entiende sin vueltas. “Si la música está a las 3 de la mañana con un volumen, aunque sea dentro de tu casa también es un problema de consorcio”, sostuvo.
Dentro de esa agenda, la discusión por las mascotas aparece como una de las consultas más repetidas al momento de alquilar o mudarse. En la charla se repitió una pregunta que circula por inmobiliarias y grupos de WhatsApp: si un edificio puede prohibir perros o gatos. Rotela lo respondió con una frase que corre el foco del rumor al derecho del ocupante: “En realidad no está prohibido, es un derecho que tiene cada propietario o cada ocupante de ese dúplex o ese departamento en una propiedad horizontal de tenerlo”.
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El punto, según contó, no pasa por discutir si el animal entra o no, sino por acordar cómo se usa el edificio sin afectar a los demás. En ese terreno, R&M propone escribir reglas internas con participación de propietarios para ordenar cuidados, limpieza y circulación. “Nosotros como administradores de consorcio lo que hacemos es generar un código de convivencia, una normativa interna para que cada cada uno tenga su espacio”, explicó.
La conversación incorporó situaciones reales que suelen encender discusiones en consorcios, desde el barro en el hall hasta el uso del ascensor. Rotela marcó que el acceso a espacios comunes no debería convertirse en un campo de batalla y que la responsabilidad recae en el dueño del animal. “Podemos bajar el ascensor, podemos subir la escalera, podemos caminar por el hall, pero bueno, claramente queda en responsabilidad de su dueño el tema de necesidades, limpiezas, el barro”, planteó.
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En el intercambio con oyentes apareció el costado más áspero del tema, cuando se habla de higiene y compromiso. Un mensaje describió la frustración por gente que ensucia y no limpia, y Rotela contestó con una línea de intervención directa sobre el comportamiento. “Nosotros intervendríamos en ese caso, charlaríamos con el propietario, generaríamos una normativa interna”, respondió, al señalar que muchas veces el conflicto crece porque el edificio no tiene reglas claras o no las hace cumplir.
Otra consulta fue todavía más concreta: inquilinos que buscan alquiler con mascotas y reciben la frase “el consorcio no permite”. Rotela relató un problema frecuente en edificios chicos, donde una sola persona termina decidiendo por todos sin respaldo técnico ni asesoramiento. “El que se ocupa del consorcio es una sola persona en el departamento que son 10. Entonces, él hace y deshace”, describió, y lo vinculó a la falta de profesionalización.
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La entrevista también abrió otros focos de tensión que se repiten en Puerto Madryn: edificios mixtos con oficinas, tránsito de pacientes o clientes, y una vida residencial que intenta sostener horarios de descanso. Rotela sumó además un fenómeno que se instala con fuerza: los alquileres temporales, con recambio constante de personas y hábitos. En todos los casos, insistió con la misma herramienta: acordar reglas internas y mediar antes de que el enojo se vuelva denuncia.
Con ese diagnóstico, R&M anunció una instancia para avanzar en capacitación y regulación del oficio. Rotela confirmó un encuentro para el 12 de marzo, con participación de representantes de la Cámara Argentina de la Propiedad Horizontal, orientado a administradores, propietarios, inquilinos e inmobiliarias interesadas en ordenar un terreno que hoy deja decisiones libradas al más insistente. “Lo que tenemos que hacer es informar. Informar a todos”, resumió.
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La empresa se presenta como un equipo local que busca cubrir desde mantenimiento y limpieza de espacios comunes hasta coordinación de servicios y pautas de convivencia. Rotela lo enmarcó en un crecimiento sostenido de edificios en la ciudad, con una necesidad que ya no se resuelve solo con buena voluntad. “El volumen que ha tenido en edificios Puerto Madryn en los últimos 10 años ha crecido en un muy porcentaje muy muy alto”, afirmó, al explicar por qué el tema se volvió cotidiano.
En la entrevista también se mencionaron consultas por seguridad, cámaras y accesos, con una realidad dispar entre consorcios y pocos edificios con portero permanente. En ese mapa, la idea de “armonía” aparece como objetivo repetido, aunque el desafío concreto se juega en decisiones diarias: limpiar lo que se ensucia, respetar horarios y aceptar que vivir pared con pared exige reglas. Para Rotela, el camino pasa por institucionalizar acuerdos dentro del propio edificio y sacar la convivencia del terreno del capricho.

















