
¿Cuánto hay que ganar para entrar al 10% de las personas más ricas del país?
Actualidad26/02/2026
REDACCIÓNUn informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA ubicó el umbral de ingreso para entrar al 10% de mayores recursos. También describió qué pasa con la clase media “aspiracional” y el tercio más postergado.

La discusión sobre cuánto necesita ganar una familia para “estar bien” suele quedar atrapada en percepciones, pero un trabajo reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA lo llevó a cifras concretas. El informe ordena a los hogares según su lugar en la pirámide social y propone umbrales de ingreso para ubicar a cada estrato. En ese mapa, el corte que más llama la atención aparece arriba de todo, donde el acceso a oportunidades se combina con estabilidad y planificación.
Para integrar el 10% más rico, el reporte fija un punto de entrada: ingresos desde $15 millones por hogar. Dentro de ese bloque superior, el documento separa al 3% de mayores recursos, que “requiere percibir al menos $30 millones”, y al 7% de clase media alta, con ingresos a partir de $15 millones. Más abajo, pero todavía dentro del tercio alto, el texto ubica al 20% de sectores medios integrados, con un piso de $5 millones.


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Ese segmento superior, sostiene el ODSA, se compone de clases medias-altas y altas “plenamente integrado a los circuitos formales, globalizados y de alta productividad”. El informe lo describe con acceso estable a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro y de inversión en capital humano, además de redes de oportunidad. En esa lógica, las decisiones económicas se orientan a plazos largos y no a la urgencia del mes.
El informe también corre la mirada hacia el centro, donde aparece una franja amplia que vive entre expectativas y sobresaltos. Allí ubica a una clase media y media baja aspiracional “sostenida por inserciones laborales formales y semi-formales, cuya estabilidad depende críticamente del ciclo económico”. En ese grupo, agrega, se acumulan “frustración, incertidumbre y desconfianza política” por la repetición de crisis, la volatilidad del ingreso real y el deterioro de bienes públicos.
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En números, para pertenecer a ese 20% de estrato medio aspiracional el trabajo menciona un ingreso mínimo de $3.500.000. Para el segmento medio bajo vulnerable, el piso se ubica en $2 millones. Esa distancia, marcada por saltos bruscos, ayuda a entender por qué una mejora salarial puntual no siempre alcanza para salir de la zona de inestabilidad.
En el tercio más bajo de la pirámide, el informe agrupa a una población insertada en trabajos informales, inestables o de mera subsistencia. Allí pesan la baja productividad, un menor nivel educativo acumulado y una fragilidad laboral que empuja a depender de asistencia estatal. El documento advierte que la debilidad de los ingresos del trabajo “dificulta quebrar el círculo de la pobreza y perpetúa situaciones de exclusión económica, social y territorial”.
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El mismo recorte aparece cuando el trabajo separa la pobreza extrema de quienes quedan por encima de la indigencia, pero sin margen real. El 20% del segmento bajo no indigente necesita ingresos de al menos $800.000, siempre según el informe citado. Esa misma cifra funciona como límite máximo para el 10% en situación de pobreza extrema, un dato que muestra lo angosta que resulta la frontera entre una condición y la otra.
El ODSA también incorpora una lectura sobre el período reciente y sus efectos sociales. Señala que medidas de liberalización aplicadas entre 2023 y 2024 profundizaron la crisis previa, aunque en el segundo semestre de 2024 la estabilización macro y una recuperación parcial de ingresos empezaron a moderar pobreza e indigencia. De todos modos, sostiene que la mejora 2023-2025 se asocia “principalmente a la desaceleración inflacionaria”, más que a una recomposición genuina del poder de compra o a un aumento sostenido de consumo.
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En la parte final, el informe introduce una advertencia sobre lo que puede venir si la estabilización no se acompaña con integración. Plantea que “el actual régimen libertario abre la posibilidad de dinamizar sectores competitivos, atraer inversión y reordenar incentivos”, pero marca límites si no aparecen mecanismos inclusivos de transición. En ese marco, suma una frase que funciona como síntesis del riesgo: “Sin una estrategia explícita de inversión —interna y externa— orientada a expandir el tejido pyme, profesionalizar la economía informal y fortalecer el capital humano, la estabilización macro podría derivar en un orden social más desigual, con menor movilidad ascendente, mayor fragmentación y una sociedad disciplinada por la supervivencia más que integrada por oportunidades”.
Fuente: Infobae.
















