
Más de 7 mil personas esperan un trasplante y hay una decisión que muchos postergan
Actualidad27/02/2026
REDACCIÓNEn Argentina, más de 7.000 personas esperan un trasplante y la posibilidad depende de la donación. La Ley Justina rige desde 2019 y la médula suma otra vía solidaria.

En Argentina, la espera por un trasplante no se mide solo en días, sino en oportunidades que aparecen o se pierden según exista un donante disponible. La cifra actual supera las 7.000 personas en lista, un número que funciona como termómetro de una necesidad sostenida. Detrás de ese dato, el sistema depende de una práctica médica que se indica cuando un órgano o tejido deja de funcionar y ya no queda otra alternativa terapéutica.
La médica Valeria El Haj pone el foco en la situación de quienes llegan a esa instancia. “Las personas que requieren un trasplante son aquellas cuyo órgano falló a causa de una enfermedad o un accidente”, explica. El reemplazo por un órgano sano puede mejorar de forma significativa tanto la calidad como la expectativa de vida, pero el acceso al procedimiento se enlaza con un paso previo que no siempre se visibiliza.


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En ese esquema, el sistema de salud garantiza el acceso a los trasplantes y el INCUCAI ocupa un rol central en la coordinación. Sin embargo, la disponibilidad de órganos no se fabrica: aparece cuando existe donación. Por eso, cada operativo, cada compatibilidad y cada consentimiento termina con impacto directo sobre una lista que se mantiene alta.
El Haj resume esa lógica con un dato concreto que suele repetirse, pero no pierde fuerza por eso. “Un solo donante puede salvar hasta siete vidas”, destaca. Esa posibilidad explica por qué el debate público suele concentrarse en la decisión individual, aun cuando el proceso se sostiene con criterios médicos y regulaciones estrictas.
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Desde 2019, la Ley N.° 27.447, conocida como Ley Justina, estableció un principio amplio: todas las personas mayores de 18 años son donantes, salvo que expresen lo contrario. La norma no elimina controles ni acelera diagnósticos, y ahí aparece un punto sensible que el texto remarca con precisión. La ablación solo se realiza en personas con diagnóstico de muerte cerebral, bajo criterios médicos estrictos y regulados.
La donación, además, no se limita al escenario post mortem. Existe la posibilidad de donar en vida, y uno de los casos más relevantes es la médula ósea, fundamental para el tratamiento de leucemias y otras enfermedades de la sangre. Esa vía solidaria abre otra puerta para pacientes que, en muchos casos, no encuentran compatibilidad dentro del propio entorno familiar.
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En Argentina, ese proceso se coordina a través del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), que funciona en el ámbito del INCUCAI. El registro forma parte de una red mundial de donantes, lo que habilita búsquedas de compatibilidad más allá de las fronteras. Esa integración internacional permite que pacientes argentinos accedan a potenciales donantes compatibles en cualquier parte del mundo.
La razón de esa escala global también tiene una explicación simple y dura: la mayoría de las personas que necesitan un trasplante de médula no encuentra un donante compatible en su familia. En esos casos, la posibilidad real depende de que existan inscripciones voluntarias suficientes en el registro. La decisión individual, entonces, deja de ser una idea abstracta y se transforma en una opción concreta para alguien que no tiene otra alternativa.
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El mecanismo de inscripción se apoya en un paso cotidiano: se realiza al momento de donar sangre en un centro habilitado. Los requisitos principales incluyen tener entre 18 y 40 años, pesar más de 50 kilos, gozar de buena salud, presentar DNI y no registrar antecedentes de enfermedades cardíacas, hepáticas o infectocontagiosas relevantes. El trámite contempla la donación de una unidad de sangre de 450 ml, la firma del consentimiento para integrar el registro y una tipificación genética que permitirá evaluar compatibilidades.
Una vez inscripta, la persona permanece en el registro hasta los 60 años y puede ser convocada si aparece un paciente compatible. Si el sistema detecta compatibilidad, se contacta al donante para confirmar su voluntad y realizar estudios médicos complementarios. A partir de ahí existen dos modalidades: por aféresis, el método más frecuente, o por punción de crestas ilíacas en quirófano bajo anestesia, y en ambos casos el texto subraya que se trata de procedimientos seguros, con regeneración natural de células en poco tiempo.
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El Haj cierra con una frase que corre el foco del heroísmo y lo coloca en la vida cotidiana. “Nadie sabe si alguna vez va a necesitar un trasplante, para sí o para alguien cercano. Donar es un gesto que puede cambiarlo todo”, concluye. En un país con miles de personas esperando, esa afirmación toma otra dimensión: no habla de un acto lejano, sino de una decisión que puede definir si la lista se mueve o se estanca.
Fuente: NA.

















