
Milei celebró la muerte de Khamenei y reavivó el eje argentino sobre la AMIA
Política01/03/2026
REDACCIÓNUn comunicado oficial respaldó el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, habló de “eliminación” del líder supremo y volvió a vincularlo con el atentado de 1994.

El Gobierno nacional fijó posición ante la escalada militar en Medio Oriente con un mensaje que colocó a la Argentina del lado de Estados Unidos e Israel y que, además, tomó a Ali Khamenei como figura central del señalamiento político. El pronunciamiento se difundió el 28 de febrero y planteó que la ofensiva conjunta abre la posibilidad de terminar con décadas de opresión y violaciones a los derechos humanos en Irán. La definición quedó plasmada en un texto de tono duro que circuló como comunicado oficial.
La formulación más contundente apareció desde el inicio del documento. “La Oficina del Presidente celebra la operación conjunta que resultó en la eliminación de Ali Khamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán, y una de las personas más malvadas, violentas y crueles que ha visto la historia de la humanidad”, expresó el Gobierno en redes, según el texto distribuido. La frase buscó consolidar un encuadre moral del episodio y ubicarlo como una ruptura necesaria. A la vez, mostró una lectura celebratoria del resultado militar, sin matices diplomáticos.


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En ese mismo mensaje, la Casa Rosada conectó el hecho con una de las causas más sensibles de la agenda argentina: el atentado a la AMIA. El Gobierno recordó que el ataque de 1994 se vinculó con “atrocidades” atribuidas a Khamenei y lo definió como “un acto de terrorismo internacional, planificado desde las más altas esferas del régimen iraní de la época y ejecutado por Hezbolá, el principal grupo terrorista financiado por Irán”. Con esa referencia, el comunicado no solo habló del presente regional, sino que reubicó el conflicto en clave de memoria y justicia. El señalamiento también reforzó una línea discursiva que Argentina ya sostuvo en foros internacionales al reclamar avances sobre responsabilidades.
El texto oficial incluyó, además, una promesa explícita sobre el rumbo que seguirá el Estado en esa investigación. “La búsqueda de Justicia por las 85 víctimas es una política de Estado y continuará hasta que el último responsable pague con su libertad o con su vida por tan horrible crimen”, sostuvo el comunicado atribuido al presidente Javier Milei. La frase apuntó a reafirmar continuidad institucional y a remarcar que el tema no queda limitado a un posicionamiento coyuntural. También volvió a instalar el número de víctimas como núcleo del reclamo argentino.
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El Gobierno sumó otro eje para explicar su respaldo al ataque: la situación interna iraní y las denuncias sobre derechos humanos. “La República Argentina espera que esta acción militar conjunta de nuestros países aliados ponga un fin definitivo a lo que fueron más de 40 años de opresión y violaciones a los derechos humanos en Irán, y que por fin el pueblo iraní tenga paz y recupere su democracia”, señaló el texto. La idea de “fin definitivo” y “recupere su democracia” funcionó como justificación política del alineamiento. En esa lógica, el comunicado buscó presentar la ofensiva como un punto de cierre de un ciclo histórico.
Más allá de la narrativa de derechos humanos, la intervención argentina se leyó en términos de política exterior por el modo en que nombró a los actores involucrados. El comunicado habló de “acción militar conjunta” de “países aliados” y evitó cualquier distancia con la operación. Ese lenguaje reforzó la pertenencia a un bloque y dejó poco espacio para interpretaciones neutrales. En paralelo, la apelación a la AMIA incorporó un argumento local para respaldar una acción externa.
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El pronunciamiento argentino se conoció en un contexto en el que medios internacionales reportaron la muerte de Khamenei tras ataques coordinados de Estados Unidos e Israel, con confirmaciones atribuidas a fuentes estatales iraníes. Ese trasfondo elevó la sensibilidad del mensaje, porque se trata del máximo liderazgo del régimen iraní. Al mismo tiempo, la situación regional siguió bajo tensión, con advertencias sobre posibles represalias y escalada. El comunicado argentino se insertó en ese cuadro sin moderar su tono.
En la práctica, el texto oficial dejó definidas tres ideas que convivieron en el mismo mensaje: celebración por la “eliminación” del líder supremo, respaldo explícito a la operación militar y reactivación del eje AMIA como fundamento. Esa combinación no aparece todos los días en un comunicado presidencial, por el cruce entre conflicto internacional y demandas internas de justicia. También expuso una lectura que convierte un hecho bélico externo en parte del relato argentino sobre terrorismo y responsabilidades. El efecto político de esa apuesta se medirá con el correr de las horas, en función de cómo evolucione el conflicto.
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Por ahora, lo que quedó formalizado es una postura que no se limitó a “apoyar” o “valorar” la operación, sino que celebró su resultado y lo presentó como un paso hacia un cambio de régimen. Al mismo tiempo, el Gobierno afirmó que sostendrá la búsqueda de justicia por las 85 víctimas del atentado de 1994 como política de Estado. En ese doble plano, la Argentina quedó asociada discursivamente a la ofensiva y a una expectativa sobre el futuro político de Irán, en medio de un escenario internacional que todavía se reconfigura.
















