Ruralistas remarcan el acuerdo con Europa, pero ponen una condición para que la Patagonia gane

Chubut02/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El presidente de la Sociedad Rural del Valle del Chubut dijo en #LA17 que la oportunidad existe, aunque depende de rentabilidad, créditos largos y estándares sanitarios.

Ricardo Irianni
Ricardo Irianni

El acuerdo Unión Europea–Mercosur puede abrir una ventana para los productos agropecuarios, pero en la Patagonia esa puerta no se empuja solo con entusiasmo. En una entrevista con #LA17, Ricardo Irianni, presidente de la Sociedad Rural del Valle del Chubut, sostuvo que el verdadero cambio no se mide por “mercados nuevos”, sino por la posibilidad de vender con otra perspectiva. Aun así, remarcó que el acuerdo necesita tiempo, reglas estables y un trabajo interno que hoy, según describió, sigue pendiente.

Irianni planteó que el impacto principal aparece en la rentabilidad y en el horizonte temporal. Dijo que el acuerdo implica “apertura de mercados con otro tipo de rentabilidad, otro tipo de perspectiva a mediano y largo plazo”, especialmente para “productos agrícolas”, “ganadería”, “carne principalmente” y “lana”. En ese marco, recordó que se trató de un proceso trabajado por “más de 20 años” y que ahora se concreta, pero advirtió que el desafío real es sostenerlo. “Creo que el desafío, Sergio, es que esto se mantenga en tiempo”, afirmó.


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Para explicar por qué insiste en plazos largos, comparó la forma en que Europa decide políticas agropecuarias. Contó una experiencia personal y señaló que allá los cambios se programan con décadas de anticipación, con modificaciones graduales. Trasladó esa lógica al acuerdo y dijo que la quita de aranceles no ocurre de golpe, sino en etapas. “Se va a ir sacando de a poco, en 5, 10, 15 años”, explicó, y sostuvo que esa previsibilidad es parte de lo valioso si se acompaña con medidas locales.

En esa misma línea, Irianni marcó el primer obstáculo para que la oportunidad se vuelva real: el costo interno de producir. Fue directo al describirlo: “Los costos internos agropecuarios de producción agropecuaria son altos”, y allí ubicó el rol del financiamiento como una pieza decisiva. Dijo que hacen falta créditos a largo plazo, no financiamiento “al año que viene”, porque muchas inversiones se amortizan en cinco, seis o más años. Puso un ejemplo concreto: cuando se implanta una cereza o se arma un proyecto productivo, el retorno no aparece en el corto plazo.


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Con esa base, defendió que la Patagonia tiene condiciones para aprovechar el acuerdo, aunque no toda la región juega igual. Señaló que el clima es más duro que en el norte y volvió sobre una discusión repetida en la meseta: la sequía. Aun así, enumeró valles con potencial productivo y habló de carne ovina y vacuna, además de agricultura y cultivos específicos. Mencionó la cereza como un producto con buena colocación internacional, destacó el crecimiento en olivos y dijo que también se puede crecer en avellanas, nogales y frutos secos.

La sanidad, para Irianni, aparece como la segunda condición para que Europa compre sin restricciones. Planteó que no es un capricho “de los productores ni del Senasa” sostener estándares altos, sino una exigencia de los países compradores. Explicó que esos mercados cuidan “la sanidad de sus rodeos” y ponen límites si hay enfermedades. En ese tramo citó ejemplos que, según él, funcionan como barreras: aftosa, gripe aviar y la mosca de los frutos en cerezas, y sostuvo que productores y gobiernos deben trabajar para sostener y mejorar esos estándares.


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A la hora de mirar la ganadería patagónica, Irianni diferenció dos realidades que conviven. Dijo que la ganadería extensiva atraviesa un momento crítico y utilizó una imagen fuerte: “Está con el pulmótoro”, al hablar de supervivencia del productor lanero en la meseta. En contraste, sostuvo que la ganadería intensiva mejora de a poco y describió un crecimiento en la cantidad de terneros engordados en Chubut, sumando también valles andinos y el valle de Sarmiento. En su diagnóstico, esa mejora existe, pero no alcanza para una ambición exportadora inmediata.

El productor también marcó un dato que, según su mirada, obliga a bajar la ansiedad por vender afuera: en Chubut y la Patagonia todavía falta producción para el consumo propio. Dijo que “el 50% de la carne que consumimos viene del norte”, y lo usó como argumento para sostener que la región tiene “mucho” por crecer en abastecimiento interno antes de pensar en exportar a gran escala. Agregó que los procesos ganaderos son lentos, porque cuando una ternera se deja como madre, el resultado se ve recién en tres o cuatro años.

En paralelo, Irianni abordó la resistencia de Francia y otros países europeos, y la interpretó como un temor económico comprensible: competir con productos más baratos. Comparó esa lógica con lo que ocurre en la Patagonia con el aluminio, para mostrar cómo se piensa la protección interna. Dijo que el costo de producir un kilo de carne o de maíz en Francia es “mucho más alto” y que eso empuja al consumidor a elegir lo importado si resulta más accesible. También se metió en una preferencia personal sobre acuerdos comerciales y afirmó: “Yo prefiero un convenio con Europa y no con China”, argumentando diferencias de régimen y estrategias de competencia.


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El entrevistado sumó otro ejemplo para hablar de compradores y de expectativas: la visita de empresarios de Kuwait interesados en 35.000 ovejas en pie. Dijo que esa intención muestra que los productos argentinos “están valorados”, pero advirtió que hay que mirar quién compra y cómo compra. Describió que en Kuwait la empresa es del Estado y funciona bajo un esquema “Estado sobre Estado”, mientras que en Argentina la oferta está distribuida entre productores y los números tienen que cerrar en cada caso. En ese punto recomendó moderación: celebrar oportunidades, pero sin ignorar los problemas de todos los días.

Ese regreso a la realidad cotidiana lo llevó a un tramo más áspero, centrado en rentabilidad y en cierres de campos. Iriani sostuvo que en 2024 y 2025 cerraron “más de 50 campos” en la zona, y que la mayoría no salió por voluntad, sino por falta de rentabilidad. Planteó que ese factor debería estar en el centro de cualquier política productiva. “La rentabilidad tiene que ser la base de rentabilidad positiva”, dijo, y enlazó la crisis con costos laborales e impositivos en la Patagonia, costos energéticos y el peso de la electricidad.

En ese cierre, también cuestionó que las promesas de grandes inversiones convivan con un esquema que, según su visión, deja a las pymes y productores con la carga impositiva completa. Mencionó el RIGI como un ejemplo de alivio para grandes jugadores y lo contrastó con talleres y pequeñas empresas que “se están cerrando”. En su planteo, los acuerdos de comercio pueden ser una oportunidad real, pero solo si el país resuelve el núcleo duro de los costos internos y sostiene reglas por años, sin volantazos.

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