Las nuevas soluciones energéticas incluyen exploración de prácticas de economía circular y modelos de cooperación

Actualidad07/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La minera selló un acuerdo con el gigante chino de baterías para empujar la electrificación de sus operaciones. El entendimiento también mira reciclaje y economía circular.

Río Tinto foto Energía Online
Río Tinto foto Energía Online

La transición energética dentro de la minería sumó un movimiento que excede una firma corporativa y empieza a marcar hacia dónde quieren ir dos jugadores de peso global. Rio Tinto y CATL sellaron un acuerdo para trabajar en electrificación, innovación, cadenas de suministro y economía circular, una agenda que apunta a reducir emisiones en una actividad históricamente asociada al alto consumo energético. El entendimiento también adquiere otra dimensión porque ambas compañías ya tienen presencia en la Argentina y operan o invierten en sectores sensibles para el mapa minero y energético del país.

El acuerdo tomó forma a través de un Memorando de Entendimiento que fija una asociación orientada a explorar oportunidades industriales surgidas de la transición hacia esquemas de menores emisiones de carbono. Más que un anuncio aislado, la decisión muestra una búsqueda compartida por adaptar la lógica extractiva a un nuevo marco tecnológico, donde la eficiencia operativa, la electrificación y el reaprovechamiento de materiales ganan lugar dentro del negocio. En ese punto, la relación entre minería y baterías deja de ser solo comercial y empieza a pensarse como parte de una misma cadena estratégica.


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Uno de los ejes más fuertes del entendimiento pasa por la aplicación concreta de tecnologías de electrificación dentro de las operaciones mineras. Según se informó, las dos compañías pondrán el foco en impulsar ese proceso dentro de los yacimientos y en revisar alternativas comerciales para el reciclaje de materiales de baterías y el aprovechamiento circular de recursos minerales considerados estratégicos. La mirada, entonces, no queda puesta solo en cómo extraer o producir más, sino también en cómo reorganizar parte del circuito industrial alrededor de nuevos criterios técnicos y ambientales.

En esa lógica, CATL aparece como el socio tecnológico que puede aportar capacidades específicas a una empresa minera con presencia global. El gigante chino aportará su experiencia en tecnología de baterías, integración de sistemas y nuevas soluciones energéticas, con el objetivo de ayudar a Rio Tinto a mejorar la eficiencia operativa y avanzar tanto en la reducción de carbono como en la electrificación de sus procesos. Esa combinación muestra una convergencia cada vez más visible entre el sector extractivo y las firmas especializadas en almacenamiento y energía.


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La firma del memorando quedó a cargo del presidente de Compras Globales del Grupo Rio Tinto, Jamie Sanders, y del director del Departamento de Gestión de Inversiones Internacionales de CATL, Luo Haining. También participaron del acto el director comercial del Grupo Rio Tinto, Bold Baatar, y el director financiero de CATL, Zheng Shu, que presenciaron la formalización del acuerdo. La presencia de esos nombres refleja que no se trató de una instancia menor ni de una prueba preliminar, sino de una señal respaldada por cuadros de decisión de ambas estructuras.

Lo más interesante del anuncio no está solo en la palabra electrificación, sino en el alcance del menú que las empresas decidieron abrir. El memorando incluye la exploración de prácticas de economía circular, el estudio de modelos de cooperación y el análisis de mecanismos comerciales vinculados con materiales estratégicos. Esa amplitud permite suponer que el vínculo entre ambas firmas puede proyectarse más allá del uso de baterías dentro de la operación minera y expandirse hacia etapas posteriores del ciclo industrial.


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En el caso argentino, la noticia encuentra un terreno especialmente fértil por la exposición que ambos grupos ya tienen en el país. Rio Tinto opera los proyectos de litio Rincón, en Salta; Fénix y Sal de Vida, en Catamarca; y Olaroz, en Jujuy, además de mantener acciones en el proyecto cuprífero Los Azules, en San Juan. Ese despliegue convierte a la compañía en un actor con peso específico dentro de la minería nacional, sobre todo en un contexto donde el litio ocupa un lugar central en la discusión sobre exportaciones, transición energética e inversiones.

La otra pata de esta historia también tiene anclaje local. CATL, uno de los mayores referentes mundiales en baterías, firmó meses atrás un acuerdo con Central Puerto, la principal generadora eléctrica del país, para la provisión de sistemas de almacenamiento BESS. Ese antecedente permite leer la nueva alianza con Rio Tinto como parte de una inserción más amplia de la firma china en la Argentina, no ya desde un único negocio, sino desde una estrategia que conecta energía, almacenamiento y ahora electrificación minera.


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La asociación, por lo tanto, no solo habla de una cooperación entre dos compañías globales, sino de una señal sobre el rumbo que empieza a tomar la minería en su vínculo con la tecnología. En vez de quedar atada únicamente al aumento de producción, la discusión suma ahora eficiencia, reducción de emisiones y aprovechamiento circular de materiales. En un país donde el litio, el cobre y la infraestructura energética forman parte de la agenda de inversión, ese giro encuentra además un territorio concreto donde podría traducirse en proyectos, proveedores y nuevas articulaciones industriales.

El acuerdo entre Rio Tinto y CATL deja planteada una idea que gana fuerza en todo el mundo: la minería del futuro no se piensa solo desde el recurso que sale del suelo, sino también desde la energía que consume, los materiales que recupera y la tecnología que incorpora en el proceso. Con presencia real en la Argentina, ambas compañías acaban de colocar una pieza que puede influir sobre esa discusión local. No porque el memorando resuelva por sí mismo ese cambio, sino porque marca el tipo de alianza que empieza a ordenar el próximo tramo de la industria.

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