
La estrella que descolocó a la astronomía durante 50 años por fin mostró su secreto
Actualidad25/03/2026
REDACCIÓNγ Cassiopeia desconcertó durante décadas por una radiación extrema imposible de explicar. Una misión japonesa encontró el origen y abrió otra puerta.

Durante medio siglo, γ Cassiopeia ocupó un lugar incómodo dentro de la astronomía: era una estrella conocida, visible, estudiada y, al mismo tiempo, profundamente difícil de explicar. Su comportamiento en rayos X no encajaba del todo con lo que los modelos esperaban para una estrella de su tipo, y cada nueva hipótesis parecía dejar algún cabo suelto. Ahora, una misión espacial japonesa aportó la evidencia que faltaba y permitió correr el problema de lugar: el origen de esa emisión no estaba donde muchos la buscaban.
La novedad no pasa solo por haber resuelto un enigma antiguo, sino por la forma en que quedó resuelto. El estudio, liderado por astrónomos de la Universidad de Lieja y publicado en Astronomy & Astrophysics, concluyó que la radiación extrema proviene de una enana blanca magnética que orbita a γ Cas, y no de la propia estrella principal. Ese cambio de foco no es menor, porque además de aclarar el caso de un objeto famoso, confirma la existencia de una clase de sistemas binarios que hasta ahora se movía más en el terreno de la teoría que en el de la prueba directa.


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γ Cas ya cargaba una historia singular mucho antes de este hallazgo. Desde el siglo XIX era reconocida como la primera estrella de tipo Be identificada, una categoría formada por estrellas muy masivas, de rotación rápida, capaces de expulsar materia y formar discos a su alrededor. Pero desde 1976 empezó a quedar claro que allí ocurría algo más, porque emitía rayos X con una intensidad unas 40 veces mayor que la de otras estrellas similares, mostraba plasma con temperaturas superiores a los 100 millones de grados y además registraba variaciones extremadamente rápidas.
Ese combo alimentó durante décadas una discusión científica sin desenlace definitivo. Algunas interpretaciones apuntaban a una reconexión magnética local entre la superficie de la estrella Be y su disco; otras pensaban que la explicación debía buscarse en una compañera, que podía ser una estrella despojada, una estrella de neutrones o una enana blanca en acreción. La astrónoma Yaël Nazé, coautora del trabajo, lo resumió con precisión al señalar: “La ciencia ha propuesto varios escenarios para explicar esta emisión”.
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Lo que cambió el rumbo de esa historia fue el aporte del telescopio espacial japonés XRISM, en particular de su instrumento Resolve, un microcalorímetro de alta precisión capaz de leer espectros de rayos X con un nivel de detalle inédito. El equipo realizó tres campañas de observación entre diciembre de 2024 y junio de 2025, cubriendo todo el período orbital del sistema binario, que ronda los 203 días. Esa estrategia permitió seguir cómo se movían las señales del plasma caliente a lo largo del tiempo y comparar ese recorrido con el movimiento de los dos cuerpos del sistema.
El resultado fue el dato que faltaba para cerrar la discusión. Las firmas espectrales no acompañaron a la estrella principal, sino que siguieron el desplazamiento orbital de la compañera compacta. El trabajo lo plantea de forma directa: “Los espectros revelaron que las señales del plasma de alta temperatura cambian de velocidad entre las tres observaciones, siguiendo el movimiento orbital de la enana blanca en lugar del de la estrella Be”.
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Ese punto permitió descartar, además, otra opción que todavía seguía abierta. El análisis del ancho de las líneas espectrales, asociadas a velocidades cercanas a los 200 km/s, no resultó compatible con el escenario de una enana blanca no magnética. En cambio, los datos encajan con un objeto dotado de un campo magnético capaz de canalizar el material en acreción hacia sus polos, donde la energía se libera en forma de rayos X.
A partir de ahí, los investigadores propusieron un modelo mucho más claro para entender qué está pasando en γ Cas. La estrella Be expulsa materia que forma un disco a su alrededor; una parte de ese material es capturada por la enana blanca, que a su vez genera un segundo disco de acreción. Luego, el campo magnético del objeto compacto dirige ese flujo hacia regiones específicas y allí se produce la radiación extrema que durante tantos años desconcertó a los astrónomos.
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El hallazgo también tiene un alcance mayor que el caso puntual de una estrella famosa. Según el trabajo, esta evidencia confirma la existencia de una población de sistemas binarios compuestos por estrellas Be y enanas blancas en acreción, una clase predicha hace décadas, pero nunca identificada con esta precisión. Al mismo tiempo, el estudio introduce una tensión con los modelos de evolución binaria vigentes, porque las observaciones sugieren que estos sistemas representan alrededor del 10% de las estrellas Be y aparecen sobre todo entre las más masivas, no en una población más amplia de menor masa como se esperaba.
Por eso, resolver el enigma no cerró la historia, sino que abrió otra discusión más amplia. Nazé advirtió que “esta discrepancia sugiere una revisión de los modelos de evolución binaria, en particular con respecto a la eficiencia de la transferencia de masa entre los componentes”, y además remarcó que comprender estos sistemas resulta central para entender fenómenos más amplios, entre ellos las ondas gravitacionales emitidas por binarios masivos al final de su vida. Después de 50 años de incógnitas, γ Cas dejó de ser solo una rareza astronómica: pasó a ser una pista concreta para revisar cómo nacen, interactúan y evolucionan algunos de los sistemas estelares más complejos del universo.
Fuente: LA NACION.
















