
Murío la tricampeona mundial de fisicoculturismo: era patagónica y tenía 47 años
Deporte26/03/2026
REDACCIÓNLa tricampeona mundial murió a los 47 años en Viedma, pero su ausencia no golpea solo al alto rendimiento: también corta una tarea diaria con la comunidad.

Gladys Castaños ocupaba un lugar en los escenarios del fisicoculturismo y en Viedma, su nombre también quedaba asociado al trabajo con personas mayores, a la promoción de hábitos saludables y a una presencia cotidiana que salía del nicho competitivo para meterse en la vida comunitaria. Por eso su muerte a los 47 años pega en dos planos al mismo tiempo: el del deporte de alto rendimiento y el de una tarea formativa que seguía activa más allá de las medallas.
Su recorrido deportivo explica por qué la noticia se expandió tan rápido fuera de Río Negro. Castaños arrancó en el fisicoculturismo en 2005, se consolidó a nivel nacional y sudamericano en los años siguientes y alcanzó uno de sus picos en 2019, cuando se coronó campeona mundial en Estrasburgo, Francia, en una final con competidoras de varios países europeos. Distintos medios y la propia Legislatura de Río Negro la identificaron esta semana como tricampeona mundial, una condición que la colocó entre las referencias argentinas de la disciplina.


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La dimensión de esa trayectoria no quedó resumida solo en el currículum deportivo. En el comunicado difundido por la Legislatura rionegrina, el oficialismo provincial la describió como una “referente indiscutida del fitness a nivel nacional e internacional” y subrayó que su marca no pasaba solamente por los resultados, sino también por su capacidad para acompañar a otras personas en sus procesos de entrenamiento y salud. Ese reconocimiento ayuda a entender por qué la noticia no quedó encerrada en el circuito del culturismo y se volvió una pérdida sentida en una escala bastante más amplia.
Ese peso comunitario aparece con claridad cuando se mira qué hacía fuera de las competencias. Gladys Castaños era profesora de Educación Física y, según las reconstrucciones publicadas tras su muerte, mantenía una dedicación fuerte al entrenamiento de adultos mayores y a la difusión de hábitos saludables. La atleta que había llegado a la cima mundial seguía sosteniendo, al mismo tiempo, un trabajo mucho más silencioso y cotidiano, ligado al cuerpo, la salud y la disciplina como práctica de todos los días.
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La parte más dolorosa de esta historia empezó bastante antes de que se conociera su fallecimiento. Según coincidieron los medios que reconstruyeron su cuadro clínico, el 15 de enero consultó por fuertes dolores abdominales y síntomas que en un comienzo parecían corresponder a un cuadro viral. Con el correr de las semanas, la situación se agravó y una infección bacteriana terminó comprometiendo órganos decisivos.
En el tramo final, Castaños quedó internada en el Hospital Artémides Zatti de Viedma, donde recibió atención especializada. Tanto TN como La Nación y el diario Río Negro señalaron que la bacteria afectó sus riñones y el cerebro, hasta derivar en un cuadro crítico que la dejó bajo cuidados intensivos. Ese deterioro clínico fue el que terminó desembocando en el desenlace que se conoció entre el martes 24 y el miércoles 25 de marzo, según el horario de publicación de los distintos medios.
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La muerte llegó por un paro cardiorrespiratorio, y desde ese momento el deporte rionegrino empezó a despedir a una figura que había conseguido algo poco habitual: construir prestigio competitivo sin cortar su vínculo con el territorio. La propia cobertura de los medios regionales insistió en esa doble condición, la de campeona del mundo y la de referente cercana para la comunidad de Viedma y la comarca. En un deporte donde muchas trayectorias quedan encerradas en circuitos específicos, Castaños había logrado una gravitación mucho más ancha.
El mensaje del vicegobernador Pedro Pesatti también fue en esa dirección y no se detuvo solamente en el logro deportivo. La definió como “una mujer que hizo del esfuerzo, la constancia y la disciplina una forma de vida” y sostuvo que supo transmitir esos valores a muchas personas. Esa despedida oficial ordena bastante bien el lugar que ocupaba: no solo el de una atleta exitosa, sino el de una figura que había vuelto pedagógica su propia experiencia de entrenamiento.















