
El operativo en San Javier terminó con un auto abandonado, ocho bultos cargados con panes de estupefacientes y una búsqueda que no logró hallar a los sospechosos.

Un vehículo avanzó hacia la costa de San Javier, intentó escapar al advertir la presencia de las fuerzas de seguridad, embistió el portón de una propiedad privada y quedó abandonado en plena fuga. La maniobra no alcanzó para sacar la carga del radar oficial. Adentro del rodado quedaron ocho bultos con 132 panes de droga y un despliegue que terminó con el secuestro de más de 99 kilos de estupefacientes.
La secuencia se activó a partir de una información previa que alertaba sobre un posible traslado de droga hacia el sector del Puerto Natural Puerto Rosario, en la provincia de Misiones. Con ese dato, la Prefectura Naval Argentina montó un puesto de observación con personal encubierto para seguir de cerca los movimientos en la zona. El foco no estuvo puesto en un control aleatorio, sino en una vigilancia orientada por tareas de inteligencia criminal.


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Durante la tarde, los efectivos detectaron un vehículo que se dirigía hacia la costa y resolvieron iniciar un seguimiento controlado. Esa observación permitió acompañar el desplazamiento sin interrumpirlo de inmediato, en busca de confirmar la maniobra sospechosa y su posible destino. El procedimiento cambió de ritmo cuando los ocupantes del rodado advirtieron que estaban bajo observación.
Fue en ese punto donde la situación dejó de ser un simple seguimiento y pasó a una fuga abierta. Los ocupantes embistieron el portón de ingreso de una propiedad privada, abandonaron el auto y corrieron hacia una zona de monte. El episodio combinó un intento desesperado de salida con una dispersión inmediata de los sospechosos, que aprovecharon la vegetación del lugar para perderse del campo visual de los agentes.
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Después de esa huida, el operativo sumó refuerzos, testigos y un can detector para rastrillar el sector. La búsqueda se concentró en el monte cercano, con la expectativa de localizar a quienes habían dejado el vehículo atrás. Sin embargo, pese al despliegue intensivo, el procedimiento no logró dar con los sospechosos.
La falta de detenciones en el terreno no frenó el avance de la causa, porque el hallazgo dentro del auto terminó de dimensionar el peso del operativo. En la requisa del vehículo aparecieron ocho bultos que contenían 132 panes de sustancias ilícitas, con un peso total superior a los 99 kilos. Ese volumen convirtió el procedimiento en un secuestro de gran escala dentro de una zona sensible para el movimiento clandestino de mercadería hacia la ribera.
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El caso no quedó reducido solamente a la droga. Durante el procedimiento también fueron secuestrados el vehículo, un teléfono celular y otros elementos considerados de interés para la investigación. Esa evidencia puede resultar central para reconstruir la ruta previa del traslado, identificar vínculos y avanzar sobre quiénes participaron de la maniobra frustrada en la costa misionera.
El valor económico del cargamento le agregó otra dimensión al expediente. Según la información oficial, lo incautado asciende a más de 356 millones de pesos, una cifra que muestra la magnitud del golpe sobre la operatoria detectada. Ese cálculo, además, refuerza la hipótesis de un traslado organizado y no de una circulación menor o improvisada.
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La causa quedó en manos del Juzgado Federal de Oberá, a cargo del doctor Alejandro Marcos Gallandat Luzuriaga, con intervención de la secretaria Juri María Paula. Desde ese ámbito se avaló lo actuado por el personal interviniente y las medidas dispuestas por la Fiscalía. Por ahora, el expediente conserva una pieza central ya asegurada —la droga y el material secuestrado—, pero mantiene pendiente el punto más sensible del operativo: encontrar a quienes lograron escapar hacia el monte después de romper el portón y dejar la carga atrás.

















