La carne vacuna entra en otra etapa con menos oferta y más presión exportadora

Actualidad28/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Con precios récord en el mostrador y en Cañuelas, la retención de hacienda y la firmeza global empujan un mercado con menos consumo local.

Carne. Foto Freepik
Carne. Foto Freepik

La carne vacuna arrancó 2026 con un dato que golpea directo sobre el bolsillo y, al mismo tiempo, expone un cambio de fondo en la lógica del negocio. En febrero, el precio al consumidor promedió $15.895 por kilo, el valor mensual más alto de las últimas dos décadas en términos reales. A la par, el novillito en el mercado de Cañuelas llegó a $4.745 por kilo vivo, también en niveles inéditos, y ese doble salto dejó a la vista que el problema no pasa sólo por una suba de precios, sino por una oferta cada vez más ajustada.

Ese encarecimiento no apareció por un accidente puntual ni por una distorsión pasajera. El informe de la Fundación Mediterránea ubica en el centro del movimiento a la retención de animales, una conducta clásica del ciclo ganadero cuando los productores deciden guardar hacienda para recomponer stock. Eso reduce la cantidad disponible para faena en el corto plazo, pero al mismo tiempo ordena una expectativa distinta para adelante, apoyada en un escenario económico más previsible y en una política oficial con menos intervención directa sobre el mercado.


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Lo que ocurre en el frente externo agranda todavía más esa tensión. Los valores internacionales siguen firmes por restricciones de oferta global y por una demanda que mantiene el pulso, sobre todo desde Asia. Las proyecciones para este año anticipan una caída de producción en varios de los grandes exportadores, entre ellos Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea, de modo que la carne argentina encuentra un mundo dispuesto a pagar más justo cuando adentro hay menos disponibilidad.

Dentro de esa escena global, China conserva un papel decisivo. El país concentra cerca de un tercio de las importaciones mundiales y mostró compras récord en el primer bimestre, aunque el nuevo esquema de cuotas arancelarias podría moderar el ritmo en la segunda mitad del año. Aun con esa posible desaceleración, su peso sigue siendo determinante para sostener precios altos y para reforzar la orientación exportadora de un mercado que empieza a reacomodarse.


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Los números de producción ya reflejan ese corrimiento. En el primer bimestre del año se produjeron 456,7 mil toneladas de carne, un 9,1% menos que en igual período del año anterior. La baja se explicó por un menor envío de animales a frigorífico, mientras el peso promedio apenas mostró una mejora leve, una combinación que confirma que la oferta local se achica mucho más por cantidad que por rendimiento.

Ese ajuste abre una discusión concreta sobre qué puede pasar con el consumo argentino. Los escenarios trabajados por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, responsables del área agroindustrial de la fundación, marcan que si la producción sigue cayendo y las exportaciones sostienen su avance, el consumo interno podría bajar hasta 43 kilos por habitante, varios kilos por debajo del nivel de 2025. Incluso en una hipótesis más moderada, el resultado seguiría mostrando una menor disponibilidad para el mercado doméstico.


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El fenómeno, de todos modos, no implica que la carne argentina ya juegue en la liga de las más caras del mundo. La comparación internacional citada por el estudio señala que los precios locales todavía quedan por debajo de los países desarrollados, aunque superan a otros exportadores de la región. Esa diferencia no nace de una sola causa, sino de una mezcla entre costos internos, carga impositiva, grado de formalización y la calidad del producto que llega al mercado.

Lo que asoma, entonces, es un nuevo equilibrio donde el rodeo busca recomponerse, la exportación gana terreno y el consumo interno deja de ocupar el lugar dominante que sostuvo durante décadas. No se trata de una ruptura brusca, sino de un corrimiento persistente que empieza a modificar la relación histórica de los argentinos con la carne vacuna. En esa transición, otras proteínas como el cerdo o el pollo podrían ganar más presencia en la dieta cotidiana.


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El mercado entra así en una fase donde los precios altos no expresan solamente escasez del momento, sino una reorganización más profunda del negocio ganadero. La menor oferta, la retención de hacienda y el atractivo del frente externo empujan a la carne hacia un esquema más volcado al mundo y menos sostenido por el consumo masivo local. Por ahora, el dato más visible está en el mostrador, pero el cambio más importante se juega detrás: una cadena que produce menos para hoy porque apuesta a tener más mañana, aun a costa de achicar el espacio interno en el presente.

Fuente: Infobae.

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