
La Libertad Avanza gana el control de comisiones y ordena el juego en Diputados
Política28/03/2026
REDACCIÓNEl oficialismo se quedó con la mitad de las presidencias ya conformadas, sumó socios del PRO y la UCR y ahora condiciona qué temas llegan a tratarse.

La discusión por las próximas leyes del Gobierno ya no arranca en el recinto, sino mucho antes, en las mesas donde se decide cuándo, cómo y con qué temario se reúne cada comisión de Diputados. Ahí, La Libertad Avanza consiguió una ventaja decisiva: sobre las 35 comisiones permanentes que ya fueron conformadas, se quedó con 17 presidencias y 13 vicepresidencias. Esa estructura le da al oficialismo una capacidad de manejo que no sólo fortalece su agenda, sino que además vuelve mucho más difícil cualquier intento opositor de instalar otros debates.
El movimiento no quedó limitado a los libertarios en sentido estricto. La estrategia oficial se apoyó también en la incorporación de diputados del PRO y de la UCR a las filas de LLA, una jugada que le permitió afirmarse como primera minoría en la Cámara baja. Con ese respaldo, el esquema de poder interno en Diputados cambió de escala y pasó a ofrecerle al Gobierno un dominio más sólido sobre el funcionamiento cotidiano del cuerpo.


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Los números muestran con bastante claridad esa ventaja. El bloque de La Libertad Avanza concentra por sí solo el 48,5% de las presidencias ya repartidas y el 37% de las vicepresidencias. Pero si se suman los lugares en manos de sus aliados parlamentarios, el oficialismo y su zona de influencia trepan al 57,14% de los cargos que determinan el ritmo real del trabajo legislativo.
Ese punto es el que vuelve especialmente sensible la pelea por las comisiones. No se trata sólo de ocupar lugares institucionales, sino de manejar el paso previo a cualquier ley: la convocatoria, el orden del día, las firmas y la posibilidad concreta de abrir o enfriar un expediente. Por eso, la consolidación oficialista no se lee únicamente como una victoria aritmética, sino como un control más firme sobre la agenda misma de la Cámara.
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El Gobierno se movió con particular atención sobre áreas consideradas estratégicas. No sólo se aseguró lugares en comisiones de “gobernanza”, como Presupuesto, que quedó bajo la presidencia de Bertie Benegas Lynch, sino que también avanzó sobre espacios donde suelen incubarse disputas incómodas para la Casa Rosada, como Discapacidad y Educación. Esa expansión revela que el oficialismo no buscó solamente blindar sus proyectos, sino también reducir la capacidad de daño político de iniciativas ajenas.
Desde la oposición, esa lectura ya empezó a transformarse en preocupación abierta. Un legislador con años de experiencia en Diputados resumió esa inquietud con una frase fuerte: “Nunca nos pasó algo así, ni siquiera con el kirchnerismo teníamos un oficialismo que avanzara de esta manera con una clara intención de bloquear cualquier tipo de agenda de la oposición”. La definición no apunta solamente al reparto de cargos, sino a la percepción de que el nuevo esquema fue diseñado para cerrar el paso a temas que no provengan del Poder Ejecutivo.
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Otro diputado opositor reforzó ese diagnóstico al describir el escenario que se abre para este año parlamentario. “Ya nos estamos organizando y trabajamos con otros bloques para intentar romper este esquema. Nos espera un año muy largo y difícil para impulsar temas que no provengan del Ejecutivo, como los fondos para educación o discapacidad”, advirtió. El mensaje deja ver que la oposición ya no discute sólo cómo frenar leyes del oficialismo, sino también cómo evitar quedar reducida a un papel meramente reactivo.
El problema para esos bloques no es únicamente político, sino también procedimental. Pablo Juliano, de Provincias Unidas, explicó la cantidad de pasos que deben superarse para sacar adelante un tema por fuera del menú libertario. “Desde que asumió LLA, impulsar otros asuntos por fuera de los que plantea el Ejecutivo resulta muy difícil y lleva mucho tiempo. Hay que convocar a una sesión, reunir 129 diputados para el quórum, la misma cantidad para votar el emplazamiento a una comisión, conseguir las firmas necesarias para dictaminar —la mitad más uno para obtener mayoría—, volver a pedir una sesión, lograr el quórum y los votos para su aprobación y que luego pase al Senado. Si el Presidente lo veta, como lo viene haciendo, debemos reiniciar todo el proceso”, describió.
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Esa dificultad aparece justo cuando el Gobierno quiere acelerar una agenda propia de reformas. Ya envió al Congreso la Ley Hojarasca y anticipó que sumará nuevas iniciativas en los próximos días, además de sostener el debate sobre la Ley de Glaciares, que ya tiene media sanción. También impulsa el proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada”, que, según el texto fuente, habilita la compra de tierras por parte de extranjeros y restringe el alcance de la ley de manejo del fuego.
La semana próxima puede agregar un capítulo todavía más áspero a esta disputa. Está prevista la conformación de otras ocho comisiones, entre ellas la de Juicio Político, para la cual el oficialismo impulsa a Lilia Lemoine como presidenta. Además, el Gobierno también apunta a quedarse con Peticiones, Poderes y Reglamento, otro espacio clave para la mecánica parlamentaria y para el control de asuntos internos de la Cámara.
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Con ese cuadro, la pelea por las comisiones dejó de ser una cuestión de organigrama para convertirse en una disputa central por el poder real dentro de Diputados. El oficialismo consiguió una base que le permite blindar su hoja de ruta, apoyarse en socios estables y limitar la capacidad opositora de marcar temas propios. La otra mitad del año legislativo empezará, entonces, con una conclusión ya bastante visible: antes de votar las leyes, La Libertad Avanza logró asegurar el terreno donde se decide cuáles llegan vivas a esa instancia.
Fuente: Infobae.

















