Especialistas advierten que, aunque pare la guerra con Irán, el petróleo seguiría caro por muchos meses

Actualidad07/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La posibilidad de un alto el fuego ya no alcanza para calmar al mercado: el daño sobre rutas, puertos y energía empuja un shock más largo.

Petróleo
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El barril ya dejó una señal que excede el ruido diario del conflicto: aun con una salida política rápida, el mercado no espera un regreso veloz a los valores previos a la guerra. Esa lectura empezó a instalarse con fuerza en Europa y en los organismos internacionales, que ya advierten que la normalización no llegaría de inmediato aunque la pelea se frenara mañana. El problema dejó de estar sólo en el combate y pasó a meterse de lleno en la infraestructura dañada, en la logística trabada y en la dificultad para recomponer flujos energéticos globales.

La discusión no gira únicamente alrededor de si Irán acepta o no un acuerdo, sino de cuánto tiempo tardaría el sistema en volver a moverse con regularidad. La presión sobre el estrecho de Ormuz, por donde suele pasar alrededor de un quinto del petróleo y gas mundial, sigue siendo el centro del problema, y esa fragilidad fue uno de los ejes del ultimátum lanzado por Donald Trump para exigir su reapertura. Con ese cuello de botella todavía bajo tensión, el Brent siguió orbitando niveles cercanos a los 110 dólares por barril.


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El segundo factor que sostiene el precio alto es mucho menos visible que un bombardeo, pero igual de determinante: la magnitud del daño acumulado. La Agencia Internacional de Energía describió esta crisis como más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas, y el FMI agregó que la guerra ya provocó la peor disrupción de oferta energética registrada, con una caída del 13% en el suministro global de crudo y gas. En esa misma línea, el Fondo señaló que parte de la infraestructura golpeada tardaría años en volver a operar con normalidad.

Esa demora no depende sólo de reconstruir pozos o terminales, sino también de desarmar el atasco que dejó la parálisis marítima. El propio mercado naviero viene avisando desde marzo que los costos de transporte se dispararon a máximos históricos por la crisis en Ormuz, y a eso ahora se suma el atraso en descarga, reprogramación de buques y reordenamiento de cargas. Aun con puertos y corredores funcionando al máximo, la reposición de exportaciones y entregas no sería inmediata porque la cadena completa quedó fuera de ritmo.


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Sobre ese cuadro se montan las proyecciones más pesimistas de los especialistas citados en el texto fuente. “Incluso si la guerra terminara mañana, probablemente se tardaría un año o más en restablecer por completo todas las instalaciones de producción y transporte marítimo”, sostuvo Dean Baker. En el mismo sentido, Gary Hufbauer advirtió: “Calculo que los precios no volverán a acercarse a los 60 dólares por barril hasta varios meses después de que termine la guerra”, una estimación que encaja con el nivel actual del Brent y con la idea de una baja mucho más lenta que la desescalada militar.

La propia dinámica política alrededor de Ormuz agrega otra capa de inestabilidad. Reuters informó este lunes que Teherán pretende mantener el derecho a cobrar tarifas de paso a los buques que atraviesen el estrecho, un punto que complica cualquier reapertura limpia y rápida del corredor marítimo. El conflicto, entonces, ya no se limita a la interrupción del tránsito: también abre una pelea por las condiciones bajo las que ese tránsito podría volver.


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La consecuencia más inmediata de este cuadro no se mide sólo en el precio del barril, sino en la inflación y en el crecimiento. La titular del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que aun con una resolución rápida habrá una corrección a la baja en las perspectivas globales de actividad y una revisión al alza de la inflación, con impacto especialmente duro sobre los países importadores de energía y con menos espalda fiscal. Esa advertencia conecta el conflicto de Medio Oriente con algo mucho más concreto para el resto del mundo: combustibles más caros, costos de transporte más altos y más presión sobre alimentos y producción.

También por eso las grandes casas de análisis ya dejaron de pensar el problema como un sobresalto de pocos días. UBS recortó sus previsiones para 2026 bajo la hipótesis de que el frente bélico podría descomprimirse, pero aun así sostuvo que la vuelta a los niveles de producción previos será bastante más lenta por el daño extendido sobre la red energética. Esa diferencia entre una tregua rápida y una recuperación lenta es la que hoy sostiene la idea de un petróleo caro más allá del parte militar cotidiano.


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Lo que queda planteado, entonces, es un límite operativo y económico al mismo tiempo. Un acuerdo podría bajar la temperatura política, pero no borraría de un día para otro los destrozos en la infraestructura, el desorden en el transporte marítimo ni la prima de riesgo que el mercado ya cargó sobre la energía. El fin de la guerra, si llega, puede ser el comienzo de la reconstrucción; por ahora, no aparece como garantía de un petróleo otra vez barato.

Fuente: NA, AP News, Reuters.

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