El 10% más rico gana 13 veces más que el sector más pobre en la Argentina

Actualidad07/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe del INDEC mostró una leve mejora en la distribución del ingreso al cierre de 2025, aunque persisten fuertes brechas por nivel social, género e informalidad laboral.

Desigualdad
Desigualdad

La desigualdad en la Argentina mostró una mejora leve al cierre de 2025, aunque la distancia entre los sectores de mayores y menores recursos siguió en niveles altos. De acuerdo con un informe del INDEC, el 10% más rico de la población percibió ingresos 13 veces superiores a los del 10% más pobre, una diferencia que se mantuvo sin cambios frente al mismo período del año anterior.

El dato surge del informe “Evolución de la distribución del ingreso”, elaborado sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares. Allí se señaló que el Coeficiente de Gini, utilizado para medir la desigualdad, se ubicó en 0,427 durante el cuarto trimestre de 2025. Se trató de una baja leve respecto del 0,430 registrado en igual trimestre de 2024, lo que marcó una mejora acotada en la distribución del ingreso.

El relevamiento indicó además que la suma total de ingresos del conjunto de la población alcanzó los $19.100.575 millones, con un incremento nominal del 44,9% en comparación con el mismo tramo del año anterior. En ese período, el 62,6% de la población relevada percibió algún ingreso, con un promedio individual de $1.011.863.


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Cuando se analiza la escala de ingreso individual, las diferencias vuelven a quedar expuestas con claridad. El ingreso promedio del estrato bajo, que reúne a los deciles 1 a 4, fue de $351.028. En el estrato medio, integrado por los deciles 5 a 8, el promedio llegó a $940.586, mientras que en el estrato alto, correspondiente a los deciles 9 y 10, trepó a $2.476.247.

El informe también precisó que el ingreso promedio per cápita del total de la población, estimada en 30 millones de personas, fue de $635.996. La mediana del ingreso per cápita, en tanto, se ubicó en $450.000, un dato que vuelve a mostrar el desfasaje entre los valores promedio y la realidad de buena parte de los hogares.

Otro de los puntos que remarcó el reporte fue el peso de la informalidad laboral. Los asalariados con descuento jubilatorio registraron un ingreso promedio de $1.321.353, mientras que entre los trabajadores informales la cifra cayó a $651.484. La diferencia volvió a dejar en evidencia el impacto que tiene la formalidad del empleo sobre el nivel de ingresos.

La brecha también se sostuvo al analizar los ingresos por género. Los varones tuvieron un ingreso promedio de $1.191.364, mientras que las mujeres alcanzaron $838.336. Si se toma la ocupación principal, la distancia entre ambos fue de 29,6% a favor de los hombres, lo que reflejó que la desigualdad no sólo atraviesa a los sectores sociales, sino también al mercado de trabajo.


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En la composición de los ingresos familiares, el estudio mostró que el 79,2% de los recursos de los hogares provino de fuentes laborales, mientras que el 20,8% restante correspondió a ingresos no laborales, como jubilaciones, subsidios o alquileres. Sin embargo, esa relación cambió de manera drástica en los sectores de menores recursos.

En los hogares del decil 1, el de menores ingresos, los recursos no laborales representaron el 67,7% del total, una señal de la fuerte dependencia de ayudas externas para sostener el consumo básico. En el extremo opuesto, en el decil 10, esa proporción fue de apenas 12,3%, lo que marcó otra diferencia estructural entre los distintos sectores.

El informe agregó además un dato sobre la presión económica dentro de los hogares. En el promedio de los 31 aglomerados urbanos relevados, hubo 122 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas. En el segmento más vulnerable, el del decil 1, esa relación subió a 284 personas no ocupadas cada 100 ocupadas, una carga mucho más pesada para los hogares con menos ingresos.

Aunque el cierre de 2025 mostró una mejora moderada en la distribución del ingreso, los datos del INDEC confirmaron que la distancia entre los extremos de la escala social sigue siendo profunda. La persistencia de brechas por ingreso, empleo formal e informal y género volvió a dejar en evidencia que la desigualdad continúa como uno de los problemas estructurales más marcados de la economía argentina.

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