La aviación regional discute en Santiago su futuro entre tasas, ambiente e infraestructura

Actualidad07/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El foro Wings of Change Americas 2026 empezó en Chile con más de 300 referentes del sector y una agenda centrada en conectividad, infraestructura y combustibles sostenibles.

Wings of Change Americas 2026
Wings of Change Americas 2026

Santiago de Chile empezó a concentrar esta semana una discusión que excede a las aerolíneas y toca de lleno a gobiernos, aeropuertos y reguladores. La capital chilena abrió la edición 2026 del IATA Wings of Change Americas, un encuentro que durante tres jornadas reunirá a más de 300 tomadores de decisión del transporte aéreo regional. La convocatoria gira alrededor de una pregunta de fondo: qué necesita la aviación latinoamericana para crecer sin quedar frenada por costos, trabas operativas y límites de infraestructura.

La reunión no quedó planteada sólo como una cita sectorial, sino como una instancia para discutir el lugar que ocupa el avión dentro de la economía regional. El lema elegido, “Más allá de las fronteras: la aviación como catalizador de la transformación económica”, ordena buena parte de ese enfoque. En ese marco, la IATA busca empujar una hoja de ruta que permita a América Latina y el Caribe corregir cuellos de botella regulatorios y operativos que hoy le restan competitividad frente a otros bloques.

El dato político del encuentro aparece en la necesidad de profundizar la articulación entre el sector público y el privado. Esa idea quedó explicitada antes del inicio formal del foro y atraviesa varias de las mesas previstas para esta edición. Para la organización, el problema ya no pasa sólo por ampliar rutas o sumar frecuencias, sino por ordenar un ecosistema en el que conviven impuestos, combustibles, infraestructura y marcos regulatorios.

En esa línea, Peter Cerdá, vicepresidente regional para las Américas de la IATA, sostuvo que la conectividad aérea funciona como el “sistema circulatorio” de las economías de la región. También advirtió: “América Latina tiene un potencial geográfico único, pero enfrenta costos operativos y cargas fiscales que lastran su crecimiento. El objetivo en Santiago es alinear las políticas de Estado con las necesidades de la industria para que el avión sea una herramienta de inclusión social y prosperidad comercial”. La definición sintetiza el tono del encuentro: menos celebración y más presión sobre los obstáculos que siguen condicionando al sector.


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La agenda de trabajo combina temas de corto plazo con otros que abren discusiones de más largo alcance. Entre los puntos principales aparecen la disparidad de tasas aeroportuarias, el precio del combustible, la necesidad de aeropuertos más eficientes y la transición hacia tecnologías de cero emisiones con horizonte en el Net Zero 2050. A eso se suma el lugar que ocupan los Combustibles de Aviación Sostenibles (SAF), que llegarán a las mesas de trabajo de esta semana después de haber ganado centralidad en la edición 2025.

El antecedente inmediato del foro fue Bogotá 2025, donde la discusión giró alrededor de la digitalización de la experiencia del pasajero y de la urgencia por avanzar en descarbonización. Ese encuentro, según el material oficial, dejó planteados compromisos que ahora vuelven a escena, sobre todo en materia de SAF. La edición chilena toma así debates ya abiertos y los desplaza hacia una fase más ejecutiva, con infraestructura, conectividad y capacidad operativa como ejes de mayor peso.

También aparece una lectura regional sobre quiénes empujan hoy parte de esas conversaciones. El texto menciona que, en infraestructura, empresas como AA2000 (Aeropuertos Argentina) participaron de discusiones sobre modernización de terminales para absorber el aumento de la demanda. Ese punto se conectará con los paneles de conectividad regional previstos para el jueves, donde la capacidad aeroportuaria y la resiliencia frente al cambio climático figuran entre los asuntos más sensibles.

Para Chile, la organización del foro funciona además como vidriera política y técnica en un momento de expansión del mercado doméstico y regional. El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, lo planteó en términos de integración territorial al señalar: “Para Chile, la aviación es una política de Estado que une un territorio fragmentado. Recibir al WOCA 2026 nos permite mostrar nuestros avances en infraestructura y aprender de las mejores prácticas internacionales para asegurar que el transporte aéreo siga siendo el gran integrador de las Américas”. La frase ubica al encuentro como una plataforma de exposición, pero también como una instancia para medir fortalezas y carencias propias.


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Más allá de las ponencias, el foro también fue presentado como un espacio de networking de alto nivel, con presencia de estudios jurídicos, consultoras y proveedores tecnológicos. Esa capa menos visible suele ser la que traduce diagnósticos generales en acuerdos concretos, alianzas y decisiones de inversión. Por eso, el movimiento que se verá en Santiago no pasa sólo por los discursos públicos, sino por las negociaciones paralelas que suelen definir parte del rumbo del negocio aéreo en la región.

Con la mira puesta en 2030, la cumbre arrancó en una región donde el potencial de conectividad convive con costos altos, exigencias ambientales y una infraestructura que todavía corre detrás de la demanda. El foro chileno no resolverá por sí solo esos desequilibrios, pero sí pondrá sobre la mesa hasta qué punto la aviación latinoamericana logra salir de la discusión diagnóstica para entrar en una etapa de decisiones más concretas. En esa frontera entre discurso y ejecución se juega buena parte del peso real de esta edición.

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