Los bancos pisan el freno y la mora empieza a enfriar el crédito en pesos

Política14/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El financiamiento al sector privado dejó de crecer en términos reales, con caídas en casi todas las líneas y un endurecimiento bancario que ya se siente en la calle.

Créditos
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El crédito en pesos al sector privado entró en una etapa de enfriamiento que empieza a mostrar dos señales al mismo tiempo: menos impulso en la colocación de préstamos y más dificultades para sostener el ritmo de pago. El diagnóstico surge de los datos de marzo elaborados sobre la base de información del Banco Central y fue resumido por el socio de First Capital Group, Guillermo Barbero, con una definición que marca el tono del cuadro actual: “estamos ante un estancamiento del préstamo en pesos al sector privado”. La desaceleración alcanza a tarjetas, préstamos personales y líneas comerciales, justo en un momento en que las entidades financieras empezaron a endurecer sus criterios.

Ese freno no se explica por una caída nominal de los montos, sino por algo más relevante para medir la verdadera dinámica del sistema. Barbero advirtió que siguen existiendo subas en términos nominales, pero aclaró que “esas variaciones no superan los valores de la inflación del mes”, por lo que el crecimiento real ya es nulo o directamente negativo. La lectura económica de ese dato es clara: el sistema financiero sigue prestando, pero ya no logra expandirse por encima del ritmo al que suben los precios.


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La foto de marzo refuerza esa impresión con cifras puntuales. El total de préstamos en pesos registró una caída real del 0,6%, con retrocesos del 0,9% en el crédito comercial, del 0,4% en el personal y del 2,9% en el prendario. Las tarjetas de crédito mostraron una mejora de apenas 0,2%, aunque el propio analista relativizó ese dato por cuestiones de contabilización que pueden distorsionar el verdadero comportamiento de esa línea.

Dentro de ese tablero hay una excepción visible, y es la que evita que el panorama sea completamente uniforme. Barbero sostuvo que “el único que salva la ropa, el que lleva el estandarte con variaciones reales positivas, es el crédito hipotecario”, una línea que, según precisó, viene exhibiendo subas reales desde hace “casi 18 o 20 meses”. Ese contraste muestra que el problema no pasa por una sequía absoluta del financiamiento, sino por un mercado en el que casi todos los segmentos dejaron de empujar, salvo el hipotecario.


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El cambio más fuerte, según el especialista, apareció en la conducta reciente de los bancos. Barbero vinculó la desaceleración con un giro en la política crediticia de las entidades y explicó que, cuando se acercan las elecciones y empieza a instalarse cierto ruido político, el sistema responde de manera defensiva. “Cuando se acercan las elecciones y empieza a haber algún ‘rum rum’ político, las entidades reaccionan subiendo el scoring y poniéndose más estrictas las condiciones”, señaló, al describir una reacción que afecta sobre todo a quienes tienen ingresos menos estables o antecedentes crediticios más débiles.

Ese ajuste en las condiciones de acceso termina impactando en un punto especialmente sensible: la refinanciación de deudas. Cuando los bancos cierran un poco más la puerta, muchos perfiles que hasta hace poco podían renovar o reestructurar compromisos empiezan a quedar afuera del sistema. La consecuencia es un deterioro que no solo frena la expansión del crédito, sino que además complica la salud de la cartera ya colocada.

Barbero situó ese quiebre después de un período de crecimiento muy fuerte. Recordó que entre marzo de 2024 y mediados de 2025, los préstamos personales y las tarjetas combinados crecieron “un 130% real”, en un contexto donde las entidades financieras habían flexibilizado requisitos y ampliado el acceso. Ese proceso, sin embargo, empezó a revertirse después, y ahí es donde el analista ubica el origen de otro fenómeno que ya inquieta al sistema.


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La mora, dijo, viene subiendo desde mediados del año pasado, y lo definió como un fenómeno “autoinducido” por el propio ciclo de expansión primero y endurecimiento después. Esa lectura corre el foco de una explicación puramente macroeconómica y lo pone también sobre las decisiones del sistema financiero. El crédito creció con rapidez, amplió base de tomadores y, cuando cambió el contexto y se pusieron requisitos más duros, parte de ese mismo universo quedó más expuesto a incumplimientos.

El especialista también planteó que el problema de fondo del crédito en la Argentina no radica tanto en el nivel de endeudamiento, sino en la estrechez estructural de la capacidad prestable. “La capacidad prestable de los individuos es muy pequeña. Un individuo se puede endeudar dos o tres veces su ingreso, y con eso no se puede comprar una propiedad ni un auto”, explicó. Esa observación conecta el estancamiento coyuntural con un límite mucho más profundo del mercado financiero argentino: tasas altas, fuerte carga impositiva y plazos cortos que impiden transformar el crédito en una herramienta de desarrollo más amplia.


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En ese marco, Barbero también pidió mirar con cautela el crecimiento de los créditos ajustados por inflación. Reconoció que los UVA vienen mostrando una expansión fuerte, pero advirtió que el análisis no puede quedarse en la foto del corto plazo. “Los préstamos UVA vienen creciendo fuerte, pero hay que evaluarlos en un horizonte más largo. En el corto plazo el UVA es un arma de doble filo”, sostuvo, al remarcar que la evolución de las cuotas puede avanzar más rápido que el precio de los activos medidos en dólares.

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