
Detectan casos de “oveja loca” y crece la preocupación por la respuesta sanitaria
Actualidad14/04/2026
Sergio BustosLa confirmación de los primeros casos de scrapie clásico en Argentina encendió señales de alerta dentro del sistema sanitario y el sector ganadero. La enfermedad, conocida como “oveja loca” por su vínculo con patologías similares a la encefalopatía bovina, fue detectada en establecimientos de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos.

El hallazgo no solo sorprendió por tratarse de un cuadro que no tenía antecedentes en el país, sino también por la rapidez con la que aparecieron nuevos focos en distintas regiones. Lo que inicialmente parecía un episodio puntual comenzó a mostrar características que hacen pensar en una posible expansión más amplia.
Según explicaron fuentes vinculadas al control sanitario, los casos detectados ahora reflejan infecciones que se habrían producido varias semanas atrás. Los tiempos propios de la enfermedad, sumados al proceso de diagnóstico, retrasan la confirmación y dificultan una respuesta inmediata. “Cuando aparecen los síntomas nerviosos en los animales, se faenan y se envían las muestras a España... y los resultados pueden tardar entre 20 y 30 días”, indicaron.


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El scrapie afecta el sistema nervioso de los ovinos y provoca alteraciones de conducta, pérdida de coordinación y un deterioro progresivo. Su forma de transmisión, principalmente a través de fluidos o contacto dentro del mismo rodeo, lo convierte en un problema complejo de controlar una vez que ingresa a un establecimiento.
Las primeras hipótesis apuntan a animales importados desde Paraguay hace aproximadamente dos años como posible origen del brote. Sin embargo, las autoridades intentan reconstruir la trazabilidad completa, ya que no se descarta que esos ejemplares hayan tenido un recorrido previo por otros países.
En este escenario, los especialistas advierten que si un rodeo presenta animales infectados, el riesgo de contagio interno es elevado. “Si entraron dos animales infectados en un rodeo, es probable que el resto esté contaminado”, señalaron. Esto abre un dilema sanitario delicado entre sacrificar animales o avanzar con estrategias más complejas como estudios genéticos.
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El impacto económico es otro de los factores que agrava la situación. El sacrificio de rodeos implica pérdidas millonarias para los productores, mientras que una respuesta tardía podría generar consecuencias aún más severas, incluyendo restricciones comerciales internacionales para la producción ovina argentina.
En paralelo, crece la preocupación por la capacidad de respuesta del Senasa. Desde el sector advierten que el organismo enfrenta recortes, pérdida de personal técnico y limitaciones operativas que podrían dificultar los controles necesarios en un escenario de este tipo.
“Hay que analizar animal por animal y tomar decisiones muy finas, pero eso requiere recursos y tiempo”, señalaron desde el ámbito sanitario. La falta de personal y movilidad para realizar inspecciones en campo aparece como uno de los puntos más críticos.
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Otro temor que circula entre los especialistas es la posibilidad de movimientos no controlados de animales ante la incertidumbre. La circulación clandestina de rodeos podría complicar aún más la trazabilidad y favorecer la propagación de la enfermedad.
El antecedente histórico más cercano remite a 1992, cuando un brote de aftosa obligó a aplicar un cordón sanitario y sacrificar miles de animales en la Patagonia. En aquel momento, la intervención rápida permitió contener la situación, algo que hoy genera dudas entre los actores del sector.
Por ahora, el foco permanece bajo análisis y las próximas semanas serán determinantes. La evolución del brote y la capacidad de respuesta marcarán si se trata de un episodio controlable o del inicio de un problema de mayor escala para la ganadería argentina.















