Garbarino baja la persiana definitiva: cierran sus últimos locales y rematan hasta la marca

Actualidad21/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La histórica cadena de electrodomésticos desaparece tras cinco años de agonía. El Juzgado Comercial N°7 busca detectar bienes para pagarle a empleados y bancos.

Garbarino
Garbarino

Las persianas de la Avenida Cabildo en Belgrano, las de la calle Uruguay frente a Tribunales y las del outlet de Almagro dejaron de levantarse para siempre. Estos tres puntos de venta representaban el último vestigio físico de una estructura que alguna vez dominó el mercado de consumo en todo el país. El Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, bajo la dirección de Fernando D'Alessandro, decretó el desarme total de lo que quedaba de la compañía para intentar cubrir un rojo financiero que parece inalcanzable.

La caída de este gigante deja una huella profunda si se comparan sus épocas de esplendor con el informe final de la sindicatura. En su momento de mayor expansión, la firma que fundaron los hermanos Daniel y Omar Garbarino en 1951 llegó a contar con "más de 200 sucursales y 4.500 empleados" distribuidos por toda la Argentina. Sin embargo, el registro contable de enero pasado fue lapidario: la facturación mensual apenas superó los "$ 1.769.581,45", una cifra insignificante para una estructura de ese porte que hoy apenas conservaba a 20 trabajadores.


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El proceso de liquidación no se limita únicamente a las estanterías vacías de los locales porteños, sino que alcanza a la infraestructura industrial y logística de la empresa. La Justicia ordenó detectar todos los activos a nombre de la firma, lo que incluye las plantas Tecnosur y Digital Fueguina situadas en Tierra del Fuego, establecimientos que hoy se encuentran paralizados. Estas fábricas, que en el pasado fueron motores de producción nacional, entran ahora en la lista de bienes para rematar tras el fracaso de los intentos por conseguir inversores que inyectaran "fondos frescos" para reactivarlas.

Lo más valioso que queda en pie hoy es un intangible que genera una disputa legal silenciosa: el nombre de la compañía. La sindicatura solicitó medidas específicas para preservarla y lanzarla a la venta de forma separada, al considerar que "es hoy el activo más valioso" por su peso histórico en la memoria de los consumidores. Aunque el inventario físico actual se redujo a menos de 1.600 unidades compuestas mayormente por "mercadería obsoleta y deteriorada con poco valor", la marca todavía se percibe como una herramienta que podría interesar a nuevos jugadores del sector.


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El desguace también expone el fracaso de la etapa liderada por el empresario Carlos Rosales, quien adquirió el grupo en junio de 2020. Durante su gestión, se intentaron diversas maniobras de rescate, incluyendo el proceso de "cramdown", donde aparecieron interesados como el fondo Inverlat o la firma Vlinder, pero ninguna propuesta llegó a concretarse. La falta de un plan de reestructuración serio y la imposibilidad de renegociar la deuda con los proveedores comerciales y los bancos terminaron por acelerar el pedido de quiebra que hoy se ejecuta sin excepciones.

Para los afectados por el cierre, el calendario judicial marca una fecha clave en el horizonte cercano. Hasta el "24 de junio", los diversos acreedores tienen el plazo legal para presentar sus reclamos y determinar el pasivo final de la quiebra. Esta lista incluye a bancos, proveedores de electrónica y una gran masa de exempleados que esperan cobrar sus indemnizaciones tras años de conflicto laboral. La "inhibición general de los bienes" dispuesta por D'Alessandro busca evitar cualquier fuga de activos antes de que la sindicatura tome el control total del patrimonio remanente.


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La crisis se llevó puestos también a los negocios satélites que orbitaban alrededor de la nave insignia. El año pasado ya se había decretado la caída de Garbarino Viajes, la filial de turismo, y de la financiera Fiden, mientras que el intento de rematar la cadena de informática Compumundo terminó en el más absoluto silencio. Ni siquiera el 51% del paquete accionario de la firma tecnológica logró despertar el interés de los compradores en un mercado que ya veía venir el colapso sistémico de todo el grupo empresario.

En el aspecto operativo, el centro logístico de La Tablada, donde operaban unos 200 trabajadores, ya es un recuerdo del pasado. Solo quedó un depósito residual en la localidad de Garín, de unos 2.500 metros cuadrados, que sirve como base temporal para la sindicatura mientras se completa la transferencia de los bienes. La "inhabilitación de la explotación del comercio" termina de sepultar cualquier esperanza de una reapertura sorpresa, marcando el fin de una era para el retail de electrodomésticos en la Ciudad de Buenos Aires y el interior.


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La desaparición de Garbarino deja abierta la incógnita sobre quién se quedará finalmente con el sello distintivo de la casa de electrónica. Mientras la Justicia avanza con la venta de los bienes muebles e inmuebles, el destino de la marca dependerá de la voluntad de algún grupo inversor dispuesto a cargar con el peso de una historia que terminó en desastre financiero. Por ahora, el vacío en las esquinas de Cabildo y Juramento funciona como el símbolo más crudo de una quiebra que no dejó margen para el salvataje.

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