
EE.UU. dio el portazo en la OMS pero el organismo le exige saldar sus deudas
Actualidad30/04/2026
REDACCIÓNTedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que Washington no cumplió con los requisitos financieros para desvincularse. La seguridad global queda en la cuerda floja.

Washington cree que ya cerró la puerta de la Organización Mundial de la Salud, pero en Ginebra los números siguen en rojo. Tedros Adhanom Ghebreyesus disparó munición gruesa contra la administración norteamericana al asegurar que la desvinculación formal no es automática ni gratuita. Para el organismo internacional, el retiro es una cuenta pendiente que requiere billetes sobre la mesa y un compromiso político que todavía no aparece en el horizonte.
La salida definitiva de un Estado miembro exige cumplir dos condiciones reglamentarias que el país norteamericano parece haber salteado por completo. El proceso administrativo demanda un preaviso de un año, gatillado por Donald Trump en enero de 2025, junto con la cancelación total de las cuotas adeudadas hasta la fecha. Sin ese cheque final firmado y acreditado, el organismo considera que el portazo es, por ahora, una maniobra incompleta y carente de validez administrativa.
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El director general de la entidad fue categórico durante una rueda de prensa ante la Asociación de Corresponsales Acreditados ante la ONU. Su reclamo no apunta a un simple balance contable de fin de año, sino a la fractura de la coordinación internacional frente a nuevas amenazas pandémicas. Tedros fue directo al hueso cuando soltó una frase que define el fondo de esta pulseada: “Para ser sincero, no se trata de dinero”.
Desde el otro lado del Atlántico, la Casa Blanca sostiene que la OMS es una estructura que necesita reformas profundas, transparentes y urgentes para seguir funcionando. Las críticas estadounidenses se centran en el manejo de la pandemia de COVID-19 y en lo que consideran una falta de autocrítica interna del organismo. Además, Washington se queja de haber cargado con una mochila financiera desproporcionada durante décadas en comparación con el resto de los países miembros.
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La tensión sube porque Ginebra no registra movimientos en la tesorería por parte de los norteamericanos en los últimos meses. El titular de la OMS admitió que no recibió “ninguna señal” de que Washington tenga intenciones reales de pagar lo que adeuda por su membresía. Esta mudez financiera refuerza la idea de una salida desordenada que ignora los compromisos previos asumidos ante la comunidad internacional y los tratados de salud.
El vacío que deja el país más poderoso del mundo no es solo económico, sino fundamentalmente técnico y estratégico para el planeta. Durante años, Estados Unidos fue el principal contribuyente y una voz de peso en las discusiones científicas y los programas de vacunación global. Sin su presencia activa, el equilibrio de poder dentro del organismo se desconfigura totalmente y obliga a buscar nuevos aliados que quieran y puedan poner el hombro.
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El argumento de la seguridad sanitaria universal es la carta que juega Tedros para intentar retener al socio fugitivo en la mesa de negociaciones. “Estados Unidos, al retirarse, se expone a riesgos y pone en riesgo al resto del mundo”, advirtió el funcionario en un tono que busca generar conciencia sobre la interconectividad. Nadie puede blindarse solo contra un brote infeccioso si se rompen definitivamente los canales de vigilancia compartida y la información técnica diaria.
La estrategia diplomática de la OMS no es echar nafta al fuego, sino forzar una marcha atrás en la decisión política de la Casa Blanca. El objetivo oficial es ayudar a Estados Unidos a comprender la situación y a reconsiderarla, según las palabras del propio director general en su última aparición. Es una presión suave pero constante que utiliza la deuda de las cuotas como una herramienta de negociación para mantener la puerta abierta.
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El futuro de la cooperación sanitaria queda ahora en un territorio desconocido y con un presupuesto que sufrirá recortes inevitables. La salida formal ordena la política interna de Washington, pero el reclamo internacional deja una consecuencia operativa que será muy difícil de ignorar en el corto plazo. Sin el aporte del socio mayoritario, la capacidad de respuesta ante emergencias climáticas o sanitarias queda debilitada en un planeta que no frena sus amenazas.
Fuente: NA.
















