
Argentina queda lejos en turismo global y arrastra un déficit que no logra revertir
Turismo13/05/2026
Sergio BustosEl turismo argentino muestra una paradoja que atraviesa a toda la economía: tiene impacto, genera empleo y divisas, pero su peso relativo sigue siendo bajo en comparación internacional. Un informe reciente ubica al país en una posición relegada dentro del ranking global, lo que expone limitaciones estructurales del sector.

Según datos de Fundar, el turismo directo representa apenas el 1,7% del Producto Bruto Interno. Ese nivel coloca a la Argentina en el puesto 110 entre 125 países, muy por debajo del promedio global. La medición contempla exclusivamente el consumo de bienes y servicios por parte de visitantes, lo que permite una comparación más precisa entre economías.
Si se amplía la mirada e incluye todas las actividades vinculadas al turismo, la incidencia sube al 4,4% del PBI. Sin embargo, ese indicador no es el que se utiliza para evaluar el peso real del sector en el plano internacional. En ese contexto, el posicionamiento argentino sigue siendo bajo frente a otros mercados.


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La comparación con otros países resulta contundente. Economías como Croacia, Vietnam, Portugal o Uruguay tienen una participación del turismo que supera ampliamente a la argentina, con niveles que van del 8% al 11% del producto. En territorios más pequeños, como Aruba o las Islas Vírgenes, el sector llega a representar más del 20%.
Incluso dentro de América del Sur, el país muestra un desempeño moderado. Se ubica en una franja similar a la de Canadá, Colombia o Australia, donde el turismo tampoco ocupa un lugar central en la estructura económica. En el otro extremo, Paraguay aparece como uno de los países con menor incidencia en la región.
A pesar de este escenario, el turismo tiene un rol relevante en otros indicadores. Representa el 5,5% de las exportaciones totales y se posiciona como el sexto complejo exportador del país. Además, genera empleo para alrededor de 1,2 millones de personas, lo que equivale al 5,5% de la población ocupada.
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Sin embargo, el peso del turismo no es homogéneo dentro del territorio. En destinos consolidados como Puerto Madryn, la actividad tiene una incidencia mucho más fuerte en la economía local. Allí, el turismo se ubica como la tercera actividad económica de la ciudad, con impacto directo en el empleo, el comercio y los servicios vinculados a la temporada.
El principal problema a nivel nacional aparece en la balanza de pagos. Argentina mantiene un déficit estructural en el intercambio turístico, lo que significa que el gasto de los argentinos en el exterior supera al de los visitantes extranjeros dentro del país. Este comportamiento se repite desde hace décadas.
El informe señala que el saldo fue negativo en 42 de los últimos 49 años, una tendencia que se explica en parte por los ciclos económicos. Cuando el tipo de cambio se atrasa y el país se encarece en dólares, crece el incentivo para viajar al exterior, ampliando el desequilibrio.
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Uno de los picos de este fenómeno se registró en 2017, cuando el déficit turístico alcanzó los 6.000 millones de dólares. En los últimos años, el rojo se mantuvo elevado, con un promedio anual cercano a los 3.000 millones entre 2016 y 2024.
A nivel global, la posición argentina también es desfavorable en términos de saldo turístico. El país ocupa el puesto 150 entre 186 naciones, lo que refleja la magnitud del problema. En contraste, economías como Grecia o Croacia logran superávits significativos impulsados por la actividad.
Otro dato relevante es el peso del turismo emisivo. Los viajes al exterior representan cerca del 9% de las importaciones totales de bienes y servicios, un nivel superior al de otros países de la región. Este comportamiento refuerza la presión sobre las cuentas externas.
El panorama muestra que, más allá de su potencial, el turismo argentino enfrenta desafíos estructurales para ganar relevancia global. La baja incidencia en el PBI y el déficit persistente marcan los límites de un sector que, aunque genera actividad, todavía no logra equilibrar su impacto en la economía, incluso cuando en ciudades como Puerto Madryn se consolida como un motor clave del desarrollo local.




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