Compraron libros, los destruyeron y los usaron para entrenar a la IA Claude

Enfoques24/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Documentos judiciales expusieron cómo Anthropic compró ejemplares de segunda mano, los desarmó para digitalizarlos y quedó envuelta en un juicio.

Cómo Anthropic destruyó millones de libros de papel para que Claude aprendiera a escribir
Cómo Anthropic destruyó millones de libros de papel para que Claude aprendiera a escribir

El entrenamiento de Claude, el modelo de inteligencia artificial de Anthropic, quedó atravesado por una escena más cercana a una línea industrial que a un laboratorio de software. Según documentos judiciales difundidos en el marco de una demanda colectiva, la compañía compró grandes cantidades de libros físicos usados, los cortó, los escaneó y los convirtió en material digital para alimentar su sistema. La operación recibió el nombre de Proyecto Panamá y combinó compras discretas, maquinaria pesada y un objetivo sensible: conseguir textos de calidad para mejorar la escritura de su IA.

La lógica del plan apuntaba a una diferencia central dentro del negocio de la inteligencia artificial. Anthropic buscaba entrenar a Claude con libros impresos porque consideraba que ese material ofrecía una base más sólida que buena parte de los contenidos disponibles en internet. En los documentos aparece la idea de enseñar al modelo “a escribir bien”, en lugar de dejarlo imitar el “lenguaje de baja calidad de internet”.

El mecanismo no consistía en conservar bibliotecas ni en digitalizar ejemplares para consulta pública. Los libros llegaban desde vendedores de usados y pasaban por un proceso físico irreversible. La empresa utilizaba una “máquina de corte hidráulica” para “cortar con precisión” los volúmenes y separar sus páginas antes del escaneo.


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Una vez desarmados, los ejemplares entraban en otra etapa de la cadena. Las hojas se procesaban “con escáneres de alta velocidad y calidad profesional” y luego ese contenido se incorporaba al entrenamiento del modelo. Después, una empresa de reciclaje recuperaba los restos de los libros, con una consigna interna que los documentos resumieron en otra frase: “no había que desperdiciar nada”.

El costado judicial le dio visibilidad a una práctica que la empresa prefirió mantener fuera del foco público. El Washington Post accedió a documentos surgidos de una demanda colectiva contra Anthropic por el uso de obras protegidas por derechos de autor. El caso derivó en un acuerdo cercano a los 1.500 millones de dólares, mientras parte del expediente permitió conocer detalles de una operación que no encajaba con la imagen pulcra de una compañía tecnológica enfocada en investigación.

El Proyecto Panamá, de acuerdo con esos documentos, se apoyó casi por completo en el mercado de segunda mano. La compañía empezó con The Strand, una histórica librería de Nueva York, y luego recurrió sobre todo a Better World Books, en Estados Unidos, y World of Books, en el Reino Unido. El volumen total no quedó establecido con precisión, aunque la estimación publicada ubicó la compra entre 500.000 y 2 millones de libros durante unos seis meses.


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La decisión de comprar ejemplares usados tenía un cálculo económico, pero también legal. Según la acusación, Anthropic intentó moverse dentro de la llamada doctrina de la primera venta, que permite a quien compra un bien disponer de él sin pedir autorización al titular original. Esa interpretación le permitió defender la destrucción de libros físicos, aunque no resolvió el problema mayor: qué ocurría con las obras pirateadas que también integraron el entrenamiento.

Ese punto abrió el capítulo más delicado del expediente. Los documentos mencionan que en 2021 Ben Mann, cofundador de Anthropic, descargó personalmente millones de libros desde LibGen, una biblioteca digital asociada a la circulación ilegal de obras protegidas. Al año siguiente, también elogió a Pirate Library Mirror, un sitio que reconocía su voluntad de infringir leyes de copyright en distintos países.

La diferencia entre comprar libros usados y descargar copias ilegales marcó el límite judicial del caso. La destrucción de ejemplares adquiridos en el mercado de segunda mano no recibió el mismo tratamiento que el uso de libros pirateados. Esa distinción terminó por ordenar el conflicto: el método físico pudo presentarse como una forma de adquisición legal, mientras que la incorporación de material obtenido en sitios ilegales empujó a la compañía hacia el acuerdo millonario.

La historia deja al descubierto una parte poco visible del entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje. Detrás de las respuestas fluidas, los textos generados y las promesas de automatización, también aparecen decisiones materiales concretas: comprar, cortar, escanear y reciclar libros. En el caso de Anthropic, esa operación mostró cómo la carrera por mejorar la escritura de una IA puede pasar por depósitos, máquinas de corte, librerías de usados y tribunales.

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