Fue a la guardia por un dolor abdominal y descubrió que estaba por dar a luz

Actualidad28/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Jimena Aquino llegó a una clínica de Ramos Mejía en plena pandemia y una ecografía reveló que cursaba un embarazo de 38 semanas.

Jimena Aquino acudió a la guardia de una clínica de Ramos Mejía por dolores abdominales y descubrió un embarazo de 38 semanas
Jimena Aquino acudió a la guardia de una clínica de Ramos Mejía por dolores abdominales y descubrió un embarazo de 38 semanas

Jimena Aquino llegó a una guardia médica por un fuerte dolor abdominal y terminó descubriendo una noticia inesperada: estaba embarazada de 38 semanas. El episodio ocurrió el 4 de junio de 2020, en plena pandemia de COVID-19, cuando acudió a una clínica de Ramos Mejía sin saber que estaba a punto de dar a luz. Una hora y media después nació su hijo, a quien llama “Juanchi”.

El caso corresponde a lo que se conoce como embarazo críptico, una situación en la que la persona gestante no reconoce el embarazo hasta una etapa muy avanzada o incluso hasta el momento del parto. Según contó Aquino en una entrevista, durante esos meses tuvo una vida cotidiana sin señales evidentes y con controles médicos alterados por las restricciones sanitarias de aquel momento.

La noche del episodio comenzó con un malestar intenso. Jimena recordó que empezó a sentir dolores fuertes en la panza y en la espalda. En ese momento no interpretó esos síntomas como contracciones, sino como un cuadro abdominal grave. “Me dolía la panza, me dolía la espalda”, relató. La falta de información y el contexto de pandemia hicieron que el miedo creciera rápidamente.

Ante el dolor, llamó a un servicio de emergencias, pero según su testimonio el móvil tardó varias horas en llegar. En medio de la incertidumbre, llegó a pensar que estaba atravesando una situación crítica. “Me estoy muriendo”, recordó que dijo en ese momento, sin imaginar que el cuerpo ya estaba iniciando el trabajo de parto.


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En la primera atención, explicó que le administraron medicación y que, por los protocolos estrictos de COVID-19, percibió cierta distancia física por parte del personal médico. También pensó que podía tratarse de una intoxicación alimentaria, porque había comido unos bizcochitos vencidos junto a compañeros de trabajo. Esa hipótesis le parecía más probable que un embarazo avanzado.

Cuando llegó a la clínica, el médico de guardia le planteó dos posibilidades: un problema de vejiga o un embarazo. Luego la trasladaron para realizarle una ecografía de urgencia. Allí llegó la respuesta que cambió todo. “Estás embarazada”, recordó que le dijeron. Cuando preguntó de cuánto tiempo, la respuesta fue todavía más impactante: “38 semanas”.

Jimena contó que en ese instante entendió la dimensión de lo que estaba ocurriendo. “Se me vino la película y dije: ‘Lo estoy teniendo’”, afirmó. Desde el ingreso a la clínica hasta el nacimiento pasó aproximadamente una hora y media. No había controles previos, estudios prenatales ni preparación material para recibir al bebé.


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Después del parto supo que lo ocurrido tenía un nombre médico. Aquino contó que profesionales de la salud le escribieron luego para explicarle que se trataba de un embarazo críptico y que podía ser más frecuente de lo que muchas personas imaginan. En su caso, varios factores habrían contribuido a que no advirtiera el embarazo.

Entre esos elementos mencionó su irregularidad menstrual y un sangrado que había tenido en marzo, tres meses antes del parto. También contó que tenía antecedentes de cirugías vinculadas al descenso de peso. Según relató, el abdomen había sido sometido a una tensión importante y eso pudo haber influido en la ausencia de una panza visible.

Además, se había realizado un test de embarazo que dio resultado negativo. Más tarde le explicaron que el momento en que se hizo la prueba podía haber condicionado ese resultado. A eso se sumó que, por las restricciones del primer tramo de la pandemia, no pudo realizar los controles ginecológicos que tenía previstos para abril de 2020.

El parto se desarrolló sin información prenatal previa. Jimena recordó que la obstetra de guardia le comentó tiempo después que el equipo médico no sabía con qué podía encontrarse. Por eso, durante el nacimiento hubo varios neonatólogos atentos a la evolución del bebé. Según su testimonio, Juanchi nació sin complicaciones.

El contexto sanitario también condicionó el acompañamiento familiar. Su madre no pudo ingresar porque era mayor de 65 años y pertenecía a un grupo de riesgo. En su lugar la acompañó una amiga, que luego se convirtió en la madrina de su hijo. Ese sostén inicial fue clave en una situación completamente inesperada.


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Jimena no estaba en pareja al momento del parto y describió la relación con el padre como ocasional. Tampoco tenía ropa, pañales ni elementos preparados para un recién nacido. Las primeras prendas llegaron gracias a la ayuda de amigas, familiares y personas cercanas, muchas de ellas con ropa que tenían disponible de sus propias hijas.

Días después, organizó una videollamada para contarle la noticia a su familia. “Familia, tengo que contar algo”, recordó que dijo antes de mostrar al bebé. La sorpresa fue enorme para todos, pero también marcó el comienzo de una red de apoyo que resultó fundamental durante los primeros días.

Al volver de la clínica, decidió no continuar viviendo sola en Hurlingham y se mudó con su madre. Aquino destacó que el acompañamiento de amigos, compañeros de trabajo y padrinos fue indispensable para atravesar el impacto emocional y organizar su nueva vida. “Sin toda esta red hubiera sido bastante imposible”, afirmó.

La historia de Jimena expone una situación poco conocida y atravesada por el contexto excepcional de la pandemia. Lo que comenzó como una consulta de urgencia por dolor abdominal terminó en un nacimiento inesperado. En apenas unas horas, pasó de pensar que tenía una dolencia grave a convertirse en madre de un bebé que llegó sin aviso, pero rodeado rápidamente por una red de contención.

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