
El analista sostuvo que la estabilidad macro no alcanza, cuestionó regulaciones atrasadas y propuso mercados de capitales regionales para financiar pymes.

Diego Torres planteó que la economía informal ya no puede leerse solo como evasión o changa. En su análisis de los lunes por la tarde, sostuvo que muchas actividades surgieron como respuesta a un sistema formal que considera lento, costoso y burocrático. Para el analista, esa tensión marca una parte central del debate económico argentino actual.
La conversación partió de un artículo sobre el planteo de Diego Watts, exdirector ejecutivo y economista jefe de la Unión Industrial Argentina, vinculado al debate sobre una economía dividida entre recursos naturales e industria. Torres consideró que esa forma de mirar el problema pertenece al siglo XX. Según explicó, el mundo cambió con la aparición de China como actor productivo global y con la expansión de nuevas tecnologías que transformaron empleos, servicios y negocios.


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El analista aceptó que la estabilidad macroeconómica resulta imprescindible, pero rechazó la idea de que alcance para resolver los problemas de fondo. “La estabilidad macroeconómica es fundamental, pero no alcanza”, afirmó durante la charla. En esa línea, sostuvo que el país necesita definir qué sectores quiere desarrollar y qué lugar les dará a las actividades nuevas dentro de su estructura productiva.
Torres cuestionó la mirada que reduce la informalidad a dos imágenes tradicionales: la changa y la evasión impositiva. Para él, esa lectura deja afuera a trabajadores digitales, profesionales globales y nuevas actividades que no encajan en regulaciones viejas. “La informalidad es una actividad que se desarrolla más allá de las exigencias anacrónicas de un sistema que ya no funciona”, sostuvo.
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El ejemplo más claro, según planteó, aparece en los trabajos vinculados al mundo digital. Torres señaló que muchos profesionales prestan servicios para mercados internacionales y cobran bajo reglas que no siempre encuentran un marco adecuado en Argentina. También recordó que, con una brecha fuerte entre el dólar oficial y el dólar blue, ingresar ingresos al sistema formal podía implicar resignar una parte muy importante de lo cobrado.
La discusión también tocó el concepto de jubilación y la relación de muchos trabajadores con el registro formal. En la entrevista se planteó que algunas personas ya no organizan su carrera laboral alrededor del retiro tradicional. Torres coincidió en que existen trabajadores que prefieren otros esquemas de cobro, ahorro o actividad, no necesariamente porque quieran estar por fuera de toda regla, sino porque el sistema vigente no les ofrece una respuesta útil.
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La tecnología apareció como otro punto de conflicto entre la economía real y la capacidad regulatoria del Estado. Torres mencionó el mundo blockchain y la cadena de valor vinculada a criptoactivos como un espacio que recién empieza a ser reconocido por los organismos regulatorios. También comparó esa lógica con plataformas centralizadas, al recordar casos de empresas que denunciaron fondos congelados en sistemas de pago digitales sin respuestas rápidas.
Ese ejemplo le permitió marcar una diferencia entre herramientas tradicionales y alternativas descentralizadas. Para Torres, cuando una compañía puede bloquear fondos y el Estado no tiene mecanismos eficaces de protección, muchos actores buscan caminos paralelos. “La informalidad pasa a ser una ventaja competitiva”, afirmó al explicar por qué algunas actividades se desplazan hacia circuitos menos regulados.
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El analista también habló de la industria nacional y de la necesidad de reconvertir sectores que perdieron competitividad. Mencionó el caso textil frente a productos importados de China y señaló que no alcanza con pedir protección si no hay incorporación tecnológica. Según su mirada, el dilema no es sostener todo como está, sino distinguir qué actividades deben transformarse y qué nuevas industrias pueden surgir.
Torres sostuvo que Argentina no necesita replicar grandes estructuras industriales tradicionales para desarrollar nuevos sectores. En cambio, habló de compañías más chicas, pymes tecnológicas y proveedores capaces de dar servicios a grandes empresas ya existentes. Esa estrategia, explicó, permitiría producir con menor escala, aprovechar cercanía con el mercado y usar tecnología para bajar costos.
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El financiamiento apareció como una de las trabas más fuertes para esa reconversión. Torres remarcó que en Argentina el ahorro suele terminar en bonos del Estado o en instrumentos de grandes compañías, mientras las pymes quedan sin acceso real al mercado de capitales. “Las pymes no tienen mercado de capitales, no tienen de dónde financiarse”, dijo al señalar una debilidad estructural para invertir, capacitarse, comprar máquinas o expandir mercados.
En ese punto, propuso pensar mercados de capitales regionales para canalizar ahorro local hacia proyectos locales. Puso como ejemplo la posibilidad de un mercado patagónico, donde inversores de la región puedan financiar emprendimientos de la propia Patagonia. Según explicó, esa lógica permitiría que el crecimiento de un territorio también beneficie a quienes apuestan por sus actividades productivas.






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