
La cotización mayorista subió después de cinco bajas, aunque la distancia con la banda superior mantuvo acotada la presión cambiaria sobre el mercado.

Comprar dólares volvió a exigir más pesos en las referencias minoristas, pero el movimiento no rompió la zona de calma que siguió al feriado. El Banco Nación cerró la venta en $1.455, mientras el dólar tarjeta quedó en $1.885. El promedio de entidades financieras relevado por el Banco Central ubicó la divisa en $1.453,61 para la venta, una señal de suba moderada dentro de un mercado que todavía no muestra un salto generalizado.
El mayorista, que concentra la atención de bancos, empresas y operadores, terminó en $1.436,5 para la venta después de una mejora diaria de $8,5. La suba cortó una racha de cinco jornadas en baja, pero no alcanzó para modificar la lectura principal del mercado. La cotización permaneció lejos del techo de la banda cambiaria, que se ubicó en $1.785,41, con una distancia del 24,3%.


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El volumen operado en contado superó los u$s723,8 millones, un dato que acompañó el rebote sin mostrar una presión desbordada sobre la plaza. La semana previa, el mayorista perdió $12, equivalente a una baja del 0,8%, en la primera caída semanal desde mediados de mayo. Esa corrección previa dejó margen para el rebote, aunque el precio siguió contenido en términos relativos.
Las expectativas de corto plazo también quedaron dentro de una trayectoria gradual. Los contratos de futuros operaron con mayoría de subas de hasta 0,4% en los tramos de 2026, con negocios por alrededor de u$s696 millones. En ese mercado, los operadores "pricea" un dólar mayorista de $1.446 para fines de junio y de $1.613 para el cierre de diciembre.
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La lectura de los analistas apunta a un equilibrio todavía sostenido por varias fuentes de oferta. La mayor disponibilidad de dólares comerciales y financieros ayudó a moderar las presiones que aparecieron semanas atrás. Esa oferta, combinada con una demanda privada que por ahora no desbordó, permitió que las cotizaciones corrigieran sin acercarse al límite superior del esquema cambiario.
El Banco Central continúa con compras de reservas, aunque parte de esa mejora responde a un factor menos visible para los consumidores. La autoridad monetaria sumó compras recientes por u$s121 millones y u$s73 millones, con un saldo positivo acumulado en junio de u$s823 millones. Al mismo tiempo, un informe de Estudios Económicos del Banco Provincia señaló que la menor actividad industrial funcionó como "socio silencioso" en la acumulación de divisas.
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La contracción fabril redujo la necesidad de dólares para importaciones industriales. Según ese informe, la demanda de divisas de la industria pasó de un promedio cercano a u$s4.000 millones anuales entre 2012 y 2023 a unos u$s2.000 millones durante 2026. El Índice de Producción Industrial mostró una caída del 11,5% frente a la primera mitad de 2023, con bajas más marcadas en textil, maquinaria y equipo, automotriz, caucho y plástico.
Ese menor requerimiento de importaciones achicó a la mitad el déficit comercial de dólares de la industria. La mejora, de acuerdo con el diagnóstico citado, no surgió de un salto exportador sino de una economía manufacturera con menor demanda de insumos externos. El dato ordena parte de la estabilidad cambiaria actual, porque muestra que la oferta no explica sola la calma del mercado.
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Otros sectores compensaron parte de esa fragilidad industrial con mayor aporte de divisas. Entre enero y abril, el complejo energético y minero acumuló un superávit de u$s8.200 millones, equivalente a cerca del 85% de lo generado por el sector agropecuario en el mismo período. A la vez, la flexibilización para la compra de dólares por parte de personas físicas permitió adquisiciones por unos u$s12.000 millones en el arranque de 2026.
Los dólares paralelos acompañaron el rebote oficial con subas moderadas, aunque mantuvieron diferencias acotadas frente al mayorista. El contado con liquidación avanzó 0,4% hasta $1.497,16, mientras el MEP subió 0,2% hasta $1.453,91. El blue aumentó $10 y llegó a $1.470, según el relevamiento citado en cuevas de la city porteña.
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La brecha entre el contado con liquidación y el mayorista quedó en 4,2%, un nivel que por ahora evita una señal de estrés cambiario fuerte. Esa distancia convive con una demanda que puede crecer por gastos vinculados al Mundial y por la dolarización de carteras privadas. El dato central es que el rebote existió, pero no desplazó al tipo de cambio fuera del rango de relativa contención.
Las próximas semanas concentrarán una prueba más exigente para ese equilibrio. El mercado seguirá la liquidación de exportaciones agrícolas, el comportamiento de la demanda privada y el margen de intervención oficial en la acumulación de reservas. El límite operativo aparece en la segunda mitad del año, cuando el aporte del campo puede perder intensidad y la demanda de dólares puede ocupar un lugar más pesado en la dinámica cambiaria.


















